El autobús
No estar enamorado, sino enamorarse. Puede tener sentido. Puede no ser lo mismo. Bonita nube. La única en todo el cielo. Y pequeña. Se respira bien aquí. Estar enamorado no es suficiente. Ummm... qué aire más fresco. Las nueve y media. ¡Lo que tarda este autobús! Las nueve, las nueve... las nueve, decía el horario. ¡Bah! Será normal el retraso. ¡Hey! No, si al final alguna de estas olas enanas me acabará mojando el maletín. ¿Cuánto medirá esto? Un metro cuadrado, todo lo más. Es pequeña, la isla. ¡Ojo, el agua! Y treinta y cinco. ¡Vamos, ese autobús! Qué maravilla el horizonte. No se ve más que horizonte, desde aquí; por todas partes. La nube de antes. No se parece a nada. Sí, es bonita. ¡Uff! Todo este tiempo de pie. Mejor me siento. Ni una palmerita para apoyar la espalda. Porque marquesina no hay, claro. ¡A ver quién mete una marquesina en esto tan pequeño! Toca seguir de pie. ¡Qué de mar! Mira que es diminuta la isla ésta. ¡Ese autobús! Tenía que haberme puesto el traje viejo. ¡Al final voy a pringar éste de arena! Tranquilo. Las emergencias son las emergencias, y un traje nuevo más o menos no va a ninguna parte. ¿Desgastará el sol la tela? Lo que sí va a ser una faena son los zapatos, como al final se mojen. Va a tener razón Lucía: hoy la jornada era propensa a complicarse, mejor ir cómodo. Venga, ese autobús... Qué cosas más curiosas hace la luz al dar en el agua. Anda que no es aburrido esto. ¡Ay! ¡Quiero mi coche! ¡Echo de menos mi coche! ¿A quién se le ocurre dar marcha atrás sin mirar? Será imbécil el… Seguro que aquí hay peces. ¡Con tanta agua! Esa vibración… ¡El móvil! Dime, Jacinto. No, ya… Bueno, un poco de calma, que en un rato estoy allí. El autobús ya tiene que estar apunto de caer. ¡Nah! Al final lo tuve que dejar en el mecánico. Una putada. Oye, ¿cómo va lo de la firma? No, ni de coña. Que dé todos los gritos que quiera, pero ahí no vamos a ceder. ¡Coño! ¡Pues tú verás! Mira, Jacinto, que no somos nuevos en esto. Ese señor Infante tiene mucho cuento. ¡Que no, joder! ¡Que no va a venir ese ahora a aprovecharse de nuestro trabajo! A ese idiota me le doras la píldora como sea, pero las condiciones las ponemos nosotros. ¡Te creía un poquito más vivo! Mira, déjalo. Ahora cuando yo llegue ya me encargo. ¿Y yo qué se? ¡Llevo dos horas esperando el condenado autobús! Oye, llámame si ocurre algo. Bueno, venga, hasta ahora. ¡Mierda, el maletín! ¿Cómo seco esto ahora? Con la corbata… No, con la corbata de seda mejor que no. ¡Mira! ¿Es eso una caracola? Nah, arena apelmazada. El maletín… bueno, no parece grave. Qué graciosa la arena húmeda. Se rompe entre los dedos como por piezas. ¡Joder! ¡Es que ni sitio para arrodillarse hay aquí! Jacinto, vamos, aguántalo un rato, que llego enseguida. ¡De ésta damos el gran salto, chavalote! Si lo hacemos bien, ¡hoy nos cambia la vida! ¡Aguántalo, Jacinto! ¿Dónde se habrá metido el autobús?
-----
Enamorarse es otro rollo, sí. Estás enamorado y todo es genial. Todo va bien. Se siente uno bien. Maravilloso. Pero en el fondo estás enamorado y ya. Estás. Estás y estás. Estás y ya. ¡Las doce ya! ¡Así pega el sol de fuerte! A ver si las nubes esas del horizonte vienen para acá y dan algo de sombra. Se me está quedando el culo cuadrado. ¡Mira que es incómodo este maletín! Es que ni la chaqueta sirve para mullirlo un poco, oye. Enamorarse es otra historia. Hay movimiento, no tienes ni idea de nada… Bueno, ese autobús ya no va a venir, por lo que parece. ¡Desde luego que es inadmisible! En la Administración son todos unos impresentables. ¿Cómo se puede dejar a la gente así, tirada? Señores míos, que yo tengo cosas que hacer, que no dispongo de todo el tiempo del mundo para estarme quieto, mirando las nubes. ¡Qué calor, por Dios! ¿Cómo le irá a éste? ¡Oh, oh! Me estoy quedando sin batería… ¿Jacinto? Oye, agilidad, que no tengo batería y estoy a ver si me llaman del taller. Nada, del autobús ni rastro. Pero déjate de gaitas, ¿cómo va el tema? ¿Infante sigue queriendo jugar con nosotros? Ya. ¡Pedazo de cabrón! Ofrécele un diez por ciento más, pero ni se te ocurra pasar de ahí. Vamos a ver, ¿quién tuvo la idea de todo esto? Pues entonces no quiero paracaidistas de última hora. ¡Que no se va, coño! ¡Ponte firme, hostias, que tú también pareces tonto! Luego te llamo. ¡Uy! Casi me seco el sudor con la corbata de seda. Si es que me pone de los nervios, todo esto. Qué bonita está Lucía cuando abre los ojos por la mañana. ¡Eso era un pez! Así que pueden saltar fuera del agua… ¡Qué hambre, Dios mío! Y de encontrar algo de comer por aquí ni hablamos, claro. Esas onditas también deben de ser peces. Me duele el culo. Al final la cosa va a ser descalzarse y estirar las piernas. Parece apetecible, el agua. ¡Tengo hambre! Los zapatos deberían caber en el maletín. Mira que es difícil hacer cualquier cosa en esta mierda de isla. Si aparece el autobús ahora, perdono a todos los ineptos de la Administración. ¡Ya no me queda ni saliva para tragar! Llevo monedas. ¡Otro pez! Qué pena que no haya una máquina expendedora por aquí. Me vendría de perlas una lata de cualquier cosa. ¡Agobia, la sed! Se me ha vuelto a pegar arena a los talones. Es que no paro de sudar. Ni un poquito de brisa. Dan calor, esos reflejos de la luz en el agua. Va a ser cuestión de ponerse en marcha y hacer algo. No me voy a quedar aquí para siempre. ¿Qué le habrá pasado al autobús?
----------
Quiero enamorarme. Es definitivo: voy a enamorarme. Está tan nublado que parece que ya fuese de noche. ¡No, si al final me mojaré, y no por el mar, precisamente! Ya les vale a los del taller, sin dar señales de vida. ¿Qué hora es? Las seis pasadas. Pues ya no van a llamar… Tengo frío. Primero me desnudo, harto ya de sudar, y ahora se levanta frío. Hace frío. Creo que ya chispea. Yo quiero enamorarme. ¡Quiero enamorarme! Si me abrazo las rodillas quizá tendré menos frío. No se ven los peces, está demasiado oscuro. ¡No hay manera de dejar de temblar, mierda! Quiero… Voy a… Tengo mucho frío. ¡El móvil! ¡No se me puede despistar el móvil! Se está agotando. Agotando… Hola, Lucía. Qué va, aún estoy esperando el autobús. Ya sabes, el mundo, que funciona siempre igual de bien. No, si a la Administración ya he llamado, y me han dicho que a quién se le ocurre pensar que los autobuses pueden circular por encima del agua. No lo entiendo. No lo entiendo. Yo sólo estaba esperando el autobús… No, de la firma no sé nada. Jacinto la habrá cagado, supongo, si no ya hubiese tenido noticias suyas. Lucía, necesito salir de aquí. ¿Puedes venir a sacarme, por favor? Te he estado llamando, pero no cogías el teléfono. También te he llamado a casa. ¿Estabas recogiendo al niño? Te prometo que mañana me encargo yo. Lucía… ¿vas a venir a sacarme? ¡Lucía! ¡Lucía, por favor, ven! ¡Lucía! No. No. No. ¿Llorando? ¡Lucía! Entiendo. Entiendo. Adiós. Es horrible este lugar de noche. No se ve el mar, y cada vez tengo más frío. ¿Dónde estarán los peces que saltaban fuera del agua? Al final la corbata se ha llenado de tierra. Ya llueve. Lucía se está enamorando. Lucía se está enamorando.
Jose Jesus García Rueda 28-4-2005 Madrid |