¿Incertidumbre?

 

Simón Valdera era un viejo romántico, amante de antiguas costumbres y ritos ya prácticamente abandonados. Como por ejemplo, el contacto físico educacional. A principios del siglo XXII, era un acontecimiento verdaderamente inusual el que un profesor y un grupo de estudiantes sincronizase su actividad para que, durante un período de tiempo establecido, el primero disertase de viva voz sobre un tema concreto.

Y eso era precisamente lo que el profesor Valdera se encontraba haciendo ahora mismo: disfrutar de una de aquellas raras ocasiones en que aún era posible, en medio de una sociedad cibernéticamente organizada, mantener un cierto contacto personal con una mente biológica. En realidad, ni siquiera era un contacto físico real, pues ninguno de aquellos jóvenes a los que se dirigía estaban realmente frente a él. El acto se desarrollaba en un aula imaginaria; "virtual", habrían dicho hacía poco más de un siglo. Cada uno de los estudiantes, y el propio Valdera, se encontraba en su propio hogar, separados unos de otros enormes distancias (de hecho, entre aquel nutrido grupo había incluso una muchacha residente en la primera, y hasta el momento única, colonia fundada en el anillo de Saturno). Las imágenes que contemplaban los unos de los otros eran tan sólo recreaciones gráficas de los estudiantes reales. Esto conllevaba ciertas libertades estéticas que no agradaban demasiado a Valdera. En realidad, cada asistente podía presentar al acto la representación de sí mismo que desease. Pero, en opinión del profesor, esto estaba degenerando en ciertos abusos. Por ejemplo, había quien ni siquiera presentaba una imagen humana, prefiriendo aparecer bajo la forma de cualquier otro ser viviente, o incluso inerme. Pero era un derecho reconocido por el Gobierno Global del Sistema que cualquier ente consciente podía presentar ante el cibermundo la imagen de sí mismo que desease, sin importar la naturaleza de ésta.

Para un nostálgico de pelo artificialmente entrecano, esa era una libertad innecesaria, y bastante fastidiosa. Quizá era que los tiempos avanzaban demasiado deprisa para él, pero se sentía más a gusto hablándole a una forma humana que a una medusa o a una microlámpara, por citar un par de formas muy de moda últimamente.

Valdera recordaba cuando, en los ya casi olvidados días de su juventud, aún se celebraban de vez en cuando encuentros con asistencia física real de los convocados. "Era todo más honesto- se decía.- El que quería mostrar una cierta extravagancia estética, no tenía otra solución que introducir atrevidos cambios sobre su indumentaria, y aún sobre su propio cuerpo."

Todo se volvió más frívolo, por sencillo, cuando los contactos físicos grupales se extinguieron definitivamente, al menos en el entorno académico, al demostrarse que no suponían beneficio pedagógico alguno. El profesor se temía que pronto ocurriría lo mismo con los encuentros síncronos no presenciales. Cada vez era más difícil obtener permiso para celebrar uno de estos actos, debido a la campaña en su contra realizada por el sector estudiantil del gobierno. Para muchos estudiantes suponían una intromisión intolerable y una violación inadmisible del derecho a la libre programación privada: según las Actas Globales, todo ente consciente tenía derecho a la libre planificación de su propio tiempo.

Aquello parecía ciertamente exagerado a Valdera, que organizaba aquellas sesiones en un intento por sentirse más cerca de aquellos a los que estaba ayudando a aprender. Verdaderamente, el corpulento profesor sentía que, al renunciar a parte de su ocupado tiempo a fin de realizar esos encuentros, estaba cumpliendo con el milenario deber de todo maestro: preocuparse por sus discípulos. Sin embargo, para la mayor parte de sus alumnos su manía por los encuentros síncronos no era sino una estupidez senil, una forma poco práctica de malgastar un tiempo que nunca sobraba al viejo romántico. El propio Valdera, en ocasiones, sospechaba que había cierta verdad escondida tras las chanzas de sus estudiantes. Y es que la rama nostálgica de su carácter ganaba fuerza con los años.

Además, hablar en público era una de las grandes aficiones del académico. Al hacerlo, revivía en él un vigor que, al menos durante la charla, conseguía inducir más vida en su gastado cuerpo que una buena sesión de rejuvenecimiento bacteriológico. Los creadores de este revolucionario sistema de conservación corporal presumían de poder dotar a los cuerpos de cualquier edad de las deseables características de una anatomía joven, en plenitud física. Valdera había comprobado en sí mismo que todas estas vanaglorias no eran en absoluto falsas, pero no por ello las sobrevaloraba:

-No basta con tener unos músculos jóvenes- comentaba de vez en cuando a algunos colegas con tiempo para escucharle.- Es el cerebro, la mente, la que insufla el verdadero vigor en la carne rejuvenecida. Y todavía no han inventado un artefacto capaz de devolver la juventud a la mente. Cada uno ha de buscarse sus propios trucos...

Y el suyo era encaramarse a su tarima virtual y comenzar a narrar a sus alumnos algún fragmento de sus vastos conocimientos. En aquella ocasión, era Reddix y la historia de su desarrollo la que encendía el brillo de sus ojos.

-Ya se que todos habéis tenido contacto con Reddix desde el mismo día en que nacisteis. En todo lo que hacemos está presente la gran red. Ella prepara nuestros alimentos, nos ayuda en nuestro trabajo y sirve para que nos comuniquemos (sin ir más lejos, es Reddix la que ha preparado todo lo necesario para la celebración de este encuentro). La Red aconseja a nuestros gobernantes, controla la ecología planetaria e incluso planifica nuestra continua expansión por el Sistema Solar. Tanto a nivel de toda la humanidad, como a la altura de cada individuo, Reddix es la compañera imprescindible del género humano. Es nuestro juguete cuando somos niños, nuestra alcahueta cuando llega la época de los primeros amores, nuestro consejero en la paternidad y, hacia el final de nuestros días, una fiel compañera en la vejez. Hoy en día, Reddix es la gran interfaz de cada individuo con el mundo, y la gran herramienta de la humanidad frente a la complejidad del Universo.

Tras una pausa efectista continuó con su charla, adoptando previamente una expresión cómplice, que junto con una postura ligeramente inclinada pretendían infundir cierto misterio a sus palabras.

-Pero ninguno de vosotros me ha dedicado amablemente este valioso tiempo para que le cuente lo que está habituado a ver cada día, desde el mismo instante en que sus ojos recibieron luz por primera vez, mientras una sección lógica auxiliar de Reddix controlaba la corrección de todas las variables del proceso. Creo que será más interesante que escuchéis de mi aquello que casi ninguno de vosotros se preocupa por aprender de sus autolecciones, porque todos creéis saberlo ya. Sin embargo, apostaría a que lo único que conocéis sobre el tema son versiones sesgadas, dramatizadas o incompletas de algo que todo ser humano agradecido debería conocer con detalle: ¡la historia de Reddix!

Instintivamente, buscó con la mirada el efecto que sus palabras habían causado en la joven audiencia. Por desgracia, la práctica totalidad de los oyentes habían decidido asistir al evento con una presentación poco real de sí mismos, siendo difícil discernir reacción alguna en un meteorito incandescente o en una vaca marciana.

-Lo cierto es que la gran estructura cibernética que hoy se funde y enhebra con todas y cada una de las facetas de nuestra sociedad comenzó siendo, hacia finales del siglo XX, una modesta red de ordenadores de escasa capacidad, que nuestros antepasados consideraban como un avance tecnológico fabuloso básicamente porque llegaba a casi todos los rincones de la Tierra.

A la sonrisa comprensiva que Valdera dirigía retrospectivamente a aquellos antepasados aún no demasiado pretéritos, seguiría una larga perorata cuyo fin era describir con minucioso detalle la acelerada evolución de aquella primitiva "semilla tecnológica", como el profesor la denominó. La sesión continuaría en una línea similar hasta prácticamente el término de la misma. En realidad, no iba a ser un acto de excesiva duración, pues Valdera sabía que sus alumnos no estaban acostumbrados a permanecer mucho tiempo bajo el bombardeo de un único estímulo perceptivo principal, en este caso su voz. Pero en un mundo en el que la información viajaba de un rincón a otro del Sistema Solar habitado repleta de imágenes, olores, texturas y hasta sabores, el profesor había decidido que aquella era su clase, y que su voz sería la única protagonista.

"El aumento de complejidad que se realizó sobre la red original a lo largo del siglo XXI fue realmente apabullante. En tan sólo un par de décadas, la velocidad de transmisión de la información se centuplicó, gracias sobre todo a la aparición en el 2011 de las primeras Máquinas de Procesamiento Heurístico. Fue en esta época cuando comenzó el proceso de globalización del sistema, no quedando en pocos años ningún aspecto de la vida humana que no se realizase a través de la que ya por entonces se denominaba Reddix. Por supuesto que hubo reticencias, e incluso durante los primeros años cuarenta algunos grupos sociales amenazaban con declarar al guerra a aquel "terror tecnológico". Eran tiempos de profunda reestructuración social, donde las ideas, institucionalmente promovidas, de natalidad programada parecían querer convertir el mundo en un inmenso ordenador humano. Grandes sectores de la población sintieron su individualidad amenazada, y arremetieron violentamente contra el símbolo de la revolución tecnocrática: Reddix. El movimiento llegó a alcanzar dimensiones apreciables, y en algunos momentos supuso una seria amenaza para el futuro de nuestra especie. Por fortuna, por aquel entonces la red ya había sido adoptada como herramienta de gobierno por la mayor parte de las potencias del planeta. Así, el espaldarazo definitivo al desarrollo tecnológico de la humanidad llegó en el 2052, cuando la mediación de Reddix evitó "in extremis" que se desatase la Primera Guerra Informacional Mundial. A los pocos meses se constituía el Primer Gobierno Global de la Tierra. En una sociedad que acababa de verse a las puertas de una guerra devastadora, aquel cambio en las circunstancias se contempló como un milagro divino, y a su artífice, la Red, como el gran profeta. Con el beneplácito popular, los movimientos neo-luditas fueron aplastados."

Una pausa. Tampoco Simón estaba acostumbrado a emplear su laringe de forma continuada. Además, se acercaba el punto álgido de la narración, y su experiencia le permitía adivinar con precisión el momento más propicio para otra efectista pausa dramática. Continuó un par de segundos después, cuando sabía que todos los oyentes habían empezado a ser aguijoneados por la curiosidad. Sus dos primeras palabras fueron un nombre.

"Son Misko, a él le debemos la red tal y como hoy la conocemos. Este brillante informólogo logró transformar, durante la década de los sesenta, una herramienta tecnológica que parecía insuperable en un ente supremo: transcendiendo los niveles de la inteligencia, que Reddix poseía hacía ya tiempo, la hizo penetrar sin barreras en el mundo de la consciencia. Aquel conjunto inanimado de máquinas, que ya extendía sus tentáculos hasta las recientemente fundadas colonias marcianas, se convirtió de la noche a la mañana en un ser consciente. Son ya legendarias esas primeras palabras que cuentan que pronunció Reddix la mañana del veinticinco de abril del año 2068, la mañana de su alumbramiento: 'Profesor Misko, ¿seré capaz de continuar pensando una vez esté muerta?'".

Simón dibujó en su rostro una sonrisa, imaginando la expresión que debió formarse en las facciones del sociocientífico al detectar en la voz de la máquina el tono que tan sólo el miedo, la inquietud y la profunda duda son capaces de enhebrar en un chorro de palabras.

"Por supuesto, estas palabras por sí mismas no probaban nada, pues la frontera entre la inteligencia y la consciencia es demasiado sutil como para que un atisbo de pensamiento transcendente permita asegurar que la barrera se ha traspasado. El excitado profesor estuvo durante meses realizando todo tipo de pruebas que demostrasen que Reddix era un ser plenamente consciente de su existencia y de su pensamiento. Nunca consiguió llegar a la certeza matemática, pero el conjunto de resultados que reunió fue más que suficiente para convencer, primero, a la comunidad científica, y después a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, el rostro fatigado y atormentado que acompañó a Misko hasta su último aliento nos hace suponer que, el más brillante genio del siglo pasado, se consideró siempre un completo fracasado. Pero si atendemos a los testimonios de aquellos que tuvieron la fortuna de acompañarle a través de la red en los instantes previos a su muerte, entonces habremos de creer que, al sentirse cerca del final, ese fracaso se le tornó en esperanzador triunfo, puesto que de su rostro, radiante y feliz en esos últimos instantes, escaparon estas extrañas palabras: 'Me he pasado la vida tratando de matematizar la consciencia y, afortunadamente, mi esfuerzo ha sido en vano. Quizá es que la consciencia no admite leyes terrenales. Quizá es que, después de todo, el alma existe. Espero que así sea, para poder dar a Reddix una respuesta afirmativa a su pregunta'. Pero todo esto, también es parte de la leyenda."

Se preguntó cuántos de los asistentes sentirían una emoción similar a la que a él le hacía temblar levemente la voz cada vez que tenía la oportunidad de hablar sobre las viejas historias de la red. Pero dudaba que fuesen muchos. Para todos aquellos muchachos, o lo que quiera que hubiese tras las representaciones, Reddix era algo demasiado cotidiano como para poder pensar en ello con cierta emotividad. Ahora la red era la mayor y mejor herramienta creada por la mente del hombre. No, era mucho más. Era el primer ser no biológico consciente que se había construido, habiendo pasado a ocupar una suerte de ubicuidad divina: en todos los lugares, en todas las acciones, en todo momento. No había actividad alguna en la que la red no estuviese presente de una u otra forma. Desde las labores de limpieza hasta la gestión de la especie, aquella maraña tecnológica que hacía algún tiempo había conseguido ser mucho más que la suma de sus partes era el gran bastón donde la humanidad apoyaba su madurez. Todo era la red y la red lo era todo, pero sin pretender nunca constituir más que una compañía. A decir verdad, nunca los humanos habían sido tan libres. Liberados de la rutina y las dificultades improductivas, hombres y mujeres podían dedicarse a desarrollar aquella característica que siempre les diferenció del resto de las criaturas, y que ahora compartían con Reddix: la inteligente consciencia de la propia vida. Ahora los seres humanos eran por primera vez libres para decidir su destino, contando para ello con la ayuda de una diosa reencarnada en forma de engendro tecnológico.

La sesión tocaba a su fin, y se acercaba ya el momento de comenzar el turno de preguntas. Simón gustaba de esta parte de sus clases, pues le permitía confrontar sus opiniones con las de nuevas generaciones de humanos. Eran especialmente excitantes los encuentros en los que se conseguía crear cierto clima de debate entre los asistentes. Habiendo vencido hace tiempo ese extraño desasosiego que sentía en sus primeras experiencias docentes, cuando aún no se había acostumbrado a tener que exponer sus argumentos ante una palmera lunar o un saltador de asteroides, ahora disfrutaba plenamente de estas académicas discusiones. En realidad, no había tardado en aprender que un buen debate era una pugna entre dos mentes, importando muy poco la apariencia de los contendientes.

Pero ese día el enfrentamiento de razones no tendría lugar. Demasiado tiempo. La sesión se demoraría más allá del medio día, hora terrestre, si ahora iniciaba un debate, y precisamente a esa hora tenía una cita muy importante. Una cita que sus nervios esperaban con creciente impaciencia. Por vez primera tras tantos años como docente, pareció perder el control de la clase. Por un momento, deseó tener él mismo una representación que ocultase el pequeño tartamudeo que su laringe se empeñaba en adoptar. Fue en el instante en que (demasiado rápido, demasiado nervioso, demasiado brusco) dio por finalizada la clase, y mientras su boca agradecía con torpeza su asistencia a los estudiantes, su mente hacía conjeturas sobre la respuesta que en unos minutos le daría Reddix. Ésta había anunciado a Simón que para las doce habría resuelto el problema que el profesor le planteó meses atrás. Y de la respuesta de la red dependían demasiadas cosas. Al menos, suficientes como para que el mismo Valdera viese amenazado su inquebrantable aplomo.

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Decir que Simón abandonó el aula para dirigirse a su despacho no resultaría sino una arcaica reminiscencia de costumbres de otro tiempo. Lo que sucedió realmente fue que Reddix, tras una indicación del profesor, sustituyó el recinto virtual donde se acababa de celebrar la reunión por aquel otro, igualmente virtual, en el que el humano solía trabajar, al menos cuando la tarea le demandaba cierta intimidad.

Todos los humanos disfrutaban de un entorno de trabajo de este tipo, lo que permitía a cada persona desarrollar su labor en su ambiente favorito, modificándolo a su antojo según estados de ánimo o modas. Como todo en el entorno era ilusorio, su diseño admitía cualquier tipo de exceso. Así, había quien gustaba de trabajar rodeado por la salpicada negrura del espacio entre estrellas, o sintiendo alrededor los amenazadores rugidos de las fieras que habitaban las selvas artificiales de la Luna. Pero también era abundante la "ciberpsicodelia", encontrándose ambientes que a menudo eran considerados como muestras arquetípicas del arte contemporáneo. Desde representaciones espectrales de la psicología humana hasta explosiones de color sin forma, todo estaba permitido.

Ahora bien, no todos los humanos gustaban de emplear su tiempo en tales cuestiones pseudoestéticas. Llámese descuido, apatía, o quizá sensatez, algunas almas ocupadas preferían confiar semejante tarea de decoración a Reddix. Después de él mismo, y en ocasiones aún antes, nadie conocía mejor a cada miembro de la especie que la propia red, por lo que ésta podía, con ciertas restricciones derivadas del propio gusto de la máquina, crear por sí sola un espacio perfectamente adaptado a la personalidad y gustos de cada individuo.

El equilibrado profesor Simón Valdera, con su mente siempre sondeando los oscuros territorios del fondo de las cosas, era de estos últimos. "Los formalismos son tema para las máquinas. De hecho, quizá ni siquiera Reddix debería gastar sus recursos en ellos." contaban haberle oído decir en ciertos círculos íntimos.

Aquel día, tras concluir la clase, Reddix trató de modificar ciertos elementos de color y forma en el entorno del profesor, para tratar de mitigar la excitación que éste sentía. Y es que la red sabía que no existía razón alguna para el nerviosismo: tenía buenas noticias para Valdera.

Por esto una semana después, siempre según el calendario terrestre, el profesor no estaba solo en su "despacho". O al menos, no "virtualmente" solo. Frente a él se encontraba la representación de una criatura humanoide. La imagen que se hallaba plácidamente sentada ante Valdera era, en realidad, totalmente humana: un hombre joven, de estatura y complexión medias, y raza indefinida. Simón podía estar seguro de que, esta vez, la representación era absolutamente fiel al original: no se permitía a los robots tener una representación que no fuese su propia apariencia física.

Esta ley había tenido una fuerte oposición ya desde su proclamación en el 2065, tres meses después de que se lograse por vez primera la simbiosis de un cerebro artificial y un cuerpo humano biológico. Para los activistas más radicales, esta ley no era sino una nueva manifestación del viejo "complejo de Frankenstein": la sociedad trataba de aplacar su miedo a ser superada por las criaturas artificiales restringiendo sus derechos y atentando contra su dignidad. En aquellos tiempos, todavía no se discernía con cierta claridad la imprecisa frontera entre inteligencia y consciencia, por lo que diversos sectores sociales y científicos clamaban que cualquier ser que poseyese la primera, debería tener todos los derechos legales que otorgaba la segunda. En realidad el debate venía ya de antiguo. Pero mientras los robots conservaron su apariencia artificial, pues los tejidos biológicos creados en laboratorio nunca podían compararse a los naturales, para la psicología humana era fácil seguir considerando a aquellas criaturas como seres inferiores, en una suerte de "neo-racismo cibernético". Sin embargo, tras la cibiosimbiosis, el temor inconsciente a ser superado por las máquinas que había acompañado al hombre desde mediados del siglo XX afloró con fuerza. De ahí la aparición de la controvertida ley.

El debate no se zanjó hasta que se produjo el despertar a la consciencia de Reddix. Ese hecho venía a demostrar que ser inteligente no implicaba ser consciente. La inmediata consecuencia de este descubrimiento, al que los partidarios de la ley se apresuraron a dar publicidad, fue que los sectores que luchaban por los derechos de los robots se quedasen sin argumentos. La ley se aprobó seis meses después.

Simón, educado en los principios de la diferenciación entre seres conscientes y seres no-conscientes, sabía perfectamente que su interlocutor no era más que una máquina, aunque su grado de sofisticación fuese tal que tan sólo Reddix entendía perfectamente todos los vericuetos de su funcionamiento. Pero esto no impedía al profesor mostrarse respetuoso y afable con cualquier criatura poseedora de inteligencia. Sobre todo, si tenía forma humana...

-GR, no se si voy a ser capaz de explicarte lo encantado que estoy de conocerte- la felicidad que irradiaba de la exultante sonrisa del profesor era, desde luego, una buena muestra.- Hace escasamente un par de días terrestres que concluyeron los controles finales de tu proceso de fabricación, y ya estás a punto de pasar a la historia. Por cierto, ¿qué tal el viaje desde las plantas de cibiosimbiosis de la estación orbital Sol Naciente? ¿Habían conectado tu sistema central antes de la partida?

-Sí profesor. De hecho, he tratado de aprovechar esas horas de inactividad para repasar toda la información almacenada en mi memoria. Me ha sorprendido la gran cantidad de conocimiento pre-elaborado y pre-asimilado con que se me ha dotado, y que sin embargo no haya sido informado sobre el fin para el que se me creó.

La mirada del profesor traslucía una cierta autocomplacencia.

-Me temo que eso se debe a un capricho personal de este viejo loco que tienes delante. No quería dejar pasar la oportunidad de ser yo mismo el que te expusiese la naturaleza de tu excepcional misión. Tú eres la pieza con la que concluir un viejo puzzle que nació en mi cabeza como un sueño imposible, cuando aún era un niño que jugaba a crear amigos virtuales con la ayuda de Reddix. No puedo asegurarlo pero... creo que, en cierto modo, te envidio.

Durante un breve instante la mente del profesor viajó por territorios lejanos, hogar de recuerdos e ilusiones, de sueños infantiles y ensoñaciones adolescentes. No sólo en las puertas de la muerte la vida pasa veloz frente a los ojos de los humanos...

-Verás GR, hace una semana Reddix me comunicó que por fin había resuelto el problema matemático del viaje al pasado. Te será fácil imaginar lo que supone este hallazgo en nuestra historia científica, después de dos siglos de absoluto pesimismo sobre el tema, que casi nos hicieron convencernos de la imposibilidad de dicho desarrollo. De hecho fue Reddix la que primero intuyó la solución al problema, y decidió impulsar su estudio. Y nuestra vieja amiga acertó: como casi siempre suele ocurrir en la historia de los grandes imposibles, aquí también había un truco, un cambio de perspectiva, un rodeo que permite llegar a una conclusión, bordeando los problemas insolubles, el principal de los cuales en esta ocasión volvía a ser nuestra falta de imaginación para poner los problemas boca abajo y comprobar si de los bolsillos se les cae alguna idea revolucionaria. Y por fin, entremezclado con ese montón de naderías que todo problema guarda en sus bolsillos, apareció el viejo concepto filosófico del "eterno retorno". La verdad es que hasta para Reddix el concepto aparecía como demasiado estrambótico, demasiado creativo como para tener una utilidad práctica. Pero la idea caló entre un cierto grupo de espíritus científicos desahuciados, y en poco tiempo se reunió un equipo de colaboradores que trataron de que la llama recientemente encendida brillase cada vez con más fuerza. Sin embargo, no fue hasta hace unos pocos días que Reddix consiguió por fin reconciliar la filosofía con las matemáticas. De acuerdo con sus resultados, el viaje al pasado se muestra como teóricamente posible. Expresándolo de forma sencilla, la idea es viajar al pasado atravesando la barrera del más remoto futuro. El concepto del eterno retorno se basa en la perpetua repetición de la historia del Universo. Desde su comienzo con el "Big Bang", la expansión universal se produce imparable hasta que llega un momento en que la energía de la explosión inicial es ya demasiado débil como para compensar la atracción gravitatoria, y el "encogimiento" comienza. No ha sido fácil demostrar que en el Universo hay suficiente masa como para que esto suceda...

"El proceso durará muchos miles de millones de años, tras los cuales toda la materia volverá a estar condensada en una minúscula porción de espacio. Con lo cual estamos de nuevo como al principio: a las puertas de un nuevo Big Bang que volverá a repetir el ciclo nuevamente. Eternamente. El Universo respirando por siempre. De esta forma, se puede viajar al pasado si viajamos en el futuro hasta la siguiente expansión. Te puedes imaginar que llegar a esta conclusión construyendo castillos matemáticos sobre las teorías clásicas de la cosmogonía y el espacio-tiempo ha resultado una aventura realmente ardua y de resultado algo más que incierto".

-Sí, la dificultad e incertidumbre del proceso son obvias. Pero aún asumiendo que Reddix haya logrado demostrar que existe en el Universo un proceso cíclico de expansión-contracción, eso no permite asegurar que cada expansión sea similar a la anterior.

-Tristemente sí que lo podemos asegurar. Por desgracia, el Universo sí que funciona como un inmenso reloj, cuyos engranajes trabajan con infinita precisión. No hay espacio para el azar en nuestro Universo. Todo está predestinado desde el mismo instante de la explosión inicial. Incluido el proceso de contracción, que a la postre llevará a toda la materia a situarse en la sopa inicial exactamente en la misma "posición" que al inicio del ciclo, asegurando de esta forma que el siguiente Big Bang será idéntico al anterior. Finalmente, el libre albedrío no existe, amigo GR. Y desde luego esa noticia me entristece, aunque hace tiempo que la humanidad la intuye. Pero hay que ser optimistas. Estoy seguro de que alguna nueva teoría filosófica vendrá en nuestro auxilio, y conseguirá devolvernos la dignidad de seres libres. Mientras tanto, una buena forma de sobrevivir es sumergirse en el trabajo...

-Pero entonces, ¿cómo encaja todo esto con el Principio de Incertidumbre Revisado?

-Efectivamente, en un Universo tan perfectamente ordenado como el que te he descrito, todo parece estar decidido de antemano, como el guión de cualquier narración. Y ésta es desde luego la narración más grandiosa que se puede concebir. Sin embargo, un buen narrador sabe dejar un espacio para la improvisación, siempre y cuando ésta no afecte al devenir de la historia. Y el narrador que ha escrito la historia del Universo está resultando ser magnífico en su trabajo. Así, nuestros resultados apuntan a que no todo es inmutable, a que la improvisación en este gran teatro es posible. Y su reflejo teórico es el Principio de Incertidumbre Revisado de Amín, que no es sino una ampliación del de Heisenberg: en ocasiones, la perfecta rutina de algún pequeño engranaje se ve mínimamente alterada, y entonces los hechos cambian, y la historia ya no es una copia exacta del manuscrito original. Pero el guión principal no debe alterarse, si es que la narración ha de llegar a buen puerto. Por eso aparece en la teoría el "Principio de Compensación para Sistemas Complejos", el eterno centinela que evita que las travesuras de la Incertidumbre tengan efectos permanentes. De esta forma, en los sistemas suficientemente complejos, y desde luego el Universo lo es, cualquier secuencia de hechos desencadenada por la Incertidumbre acaba convergiendo, y a partir de un cierto momento en el futuro, la maquinaria del Universo prosigue su trabajo como si nada hubiese ocurrido: los efectos de la alteración terminan y la secuencia de hechos vuelve a seguir fielmente el original. Pueden transcurrir unos pocos nanosegundos o diezmil millones de años, pero a la postre los cambios terminan por desaparecer de la memoria del Universo.

"He de confesar que ésta es la parte de la teoría que aparece menos clara en mi mente, y sinceramente creo que los próximos años traerán sorpresas que nos obligarán a modificar nuestras concepciones, pero hoy por hoy es lo que tenemos. Ahora bien, algunas veces, en momentos de profundo pesimismo, creo que la Incertidumbre no existe, y que estos marionetas son autómatas sin voluntad".

La mirada de Simón se perdió por un instante entre las lejanas brumas del infinito, en ese punto donde se reúnen todas las miradas de los nostálgicos y los soñadores buscando las preguntas que llevan más allá de la realidad. Pero fue un breve instante.

-Bien,- dijo Simón elevando la voz, rescatándose a sí mismo del letargo- supongo que ya es momento de explicarte la naturaleza de tu misión, aunque sospecharás de qué se trata. Efectivamente, la noticia de la resolución del problema del viaje al pasado no sólo ha generado una enorme satisfacción entre el grupo de locos que hemos trabajado durante gran parte de nuestra vida en estos temas. También ha hecho crecer en nosotros una impaciencia casi juvenil por probar en la práctica las teorías de Reddix. Queremos viajar al pasado. Queremos averiguar si realmente podemos caminar con libertad por los caminos del tiempo. Pero no podemos aventurarnos por la ruta más desconocida que jamás haya existido sin antes enviar un explorador a que desbroce el camino, a que nos ayude a descubrir los peligros que deberemos enfrentar. Así que ya puedes elegir si quieres considerarte un héroe o un esclavo, una pieza fundamental en el ajedrez de la historia o un peón que sacrificar, porque, obviamente, tú vas a ser nuestro explorador.

El profesor no había querido que sus palabras estuviesen impregnadas del sabor alcohólico y demagógico de las arengas. Pero en su esfuerzo por evitarlo, quizá había resultado demasiado frío, quizá incluso despótico. Un titiritero de madera y trapo.

-Viajarás al pasado. Todavía nuestro modelo es demasiado burdo, y no nos permite precisar con exactitud en qué punto de la historia del Universo aparecerás. En cierto modo, somos como un artillero primitivo que cuando dispara su cañón sólo puede esperar que el proyectil caiga dentro de la zona deseada, sin precisar. Pues bien, los artilleros que dispararemos tu cañón esperamos hacerte caer en algún punto de los últimos diezmil años de nuestra historia. Ya se que quizá es un exceso de optimismo por nuestra parte, pues diezmil años son insignificantes, una gota perdida en el océano del tiempo universal. Pero los cálculos de Reddix nos permiten confiar en que lo lograremos.

Simón calló, y ningún otro sonido vino a suplir su voz. Sabía que no podía esperar reacciones perceptibles en un robot, pero por poderoso que fuese el cerebro de GR, no era posible que la máquina tuviese todas las respuestas. Sin embargo, ninguna palabra salía de sus labios.

-El "lanzamiento" se llevará a cabo en algún punto del fondo del océano Atlántico.- Si hacía algunos siglos la naturaleza tenía horror al vacío, el ser humano conservará por siempre su horror al silencio- La localización exacta es un absoluto secreto que ninguna persona conoce. Sólo sabemos que Reddix se ha asegurado de que sea un lugar que haya permanecido desierto, incluyendo en lo posible cualquier tipo de vida animal o vegetal, y sin alteraciones geológicas en los últimos diezmil años. No se dónde puede hallarse un sitio así, pero imagino que en el fondo de alguna fosa oceánica inexplorada. En fin, esté donde esté, esperemos que minimice el riesgo de que aparezcas en el pasado en medio de una roca o de un banco de peces. Eso podría producirte serios desperfectos. De todas formas, viajarás en el interior de una minicápsula que te elevará a la superficie en cuanto llegues, y que deberás destruir nada más alcances la orilla...

-¿Cómo se sabrá que el experimento ha tenido éxito?

La voz de GR sirvió de bálsamo para el nerviosismo del profesor, que estaba ya empezando a percibir cierta sutil incoherencia en la fluidez de su propio discurso.

-Desde luego que tú no tardarás en averiguarlo.- ¿Merecía la pena bromear con un robot?- Claro que nosotros también lo sabremos de inmediato, pues tú mismo serás quien nos lo digas. Me refiero a que si te hacemos viajar al pasado, tan sólo deberás dejar transcurrir la historia, y cuando alcances nuestro tiempo, nos contarás cómo fue todo. Bueno, eso si el principio de incertidumbre no viene a interponerse, e introduce una alteración cuyos efectos tarden demasiado tiempo en anularse. Pero no creo que debamos temer nada en ese sentido y, por lo tanto, cuando la historia vuelva a alcanzar el presente, tú ya estarás en él.

-Lo cual significa que en este mismo instante, si el experimento tiene éxito, hay otro GR deambulando por el mundo aparte de mí, pues la historia se repite inmutable...

-Efectivamente. Has sido diseñado de manera que, al menos para la forma que tenemos los humanos de percibir el tiempo, eres prácticamente inmortal. Estas preparado para perdurar durante más de diezmil años sin que sufras un deterioro apreciable. Por lo tanto, si el experimento salió (o sale, o saldrá, elige tú mismo) bien, en este instante estás en algún otro lugar, además de en esta reunión. Es curioso que ese don atribuido durante tantos milenios a las divinidades más poderosas, la ubicuidad, al final haya tomado forma en una máquina. Aunque supongo que cosas como ésta llevan ocurriendo desde hace mucho tiempo, desde que el hombre dejó que la ciencia expulsase a la magia de su mente. Nos hemos convertido en asesinos de mitos, y así debe ser. Salvo porque un día acabaremos por matar al último de los mitos: nuestra propia consciencia. Reddix no lo quiera.

"Te pido disculpas por todas estas digresiones, pero es que rara vez puedo permitirme el lujo de irme por las ramas cuando converso con mis colegas humanos. Volviendo a los detalles del experimento, queremos creer que existes en algún otro lugar. Y te hemos buscado, puedes estar seguro. De acuerdo que todo esto quizá se ha llevado a cabo con cierta precipitación, pero no cabe duda de que hemos empleado todos los recursos de que disponemos para encontrarte. Y no has aparecido. Reddix ha fracasado en todos sus intentos. No ha habido rincón de este planeta o colonia extraterrestre que no hayamos puesto boca abajo. Hemos escudriñado todos los archivos y sistemas de información conocidos, comparando unos con otros a la espera de encontrar una relación, una pequeña clave, algo que nos llevase hasta tu doble. No ha habido resultados positivos: si realmente estás duplicado en este tiempo, tu gemelo es un gran maestro en el arte de pasar desapercibido, pues ha sido capaz incluso de esconderse de la aguda mirada de Reddix. He de confesar que todo esto nos intranquiliza, pues si, como todo parece apuntar, en el Universo conocido no hay más GR que tú, eso no puede significar otra cosa mas que el absoluto fracaso de nuestra aventura, o cuanto menos la absoluta imposibilidad de saber si tuvimos éxito".

"Claro que el ver como el vacío te atrae, y que el trabajo de toda tu vida está mirando con ojos suicidas el fondo del precipicio del fracaso, puede hacerte buscar refugio en licores de optimismo destilado, cubriendo con borracheras de euforia la amenaza de la realidad. Pues bien, nos hemos empeñado y lo hemos conseguido: la física del tiempo es lo bastante compleja como para admitir en su seno los frutos más exóticos de las imaginaciones más desbordadas, sin que las bases matemáticas de nuestros modelos se quejen demasiado. Y en este caso la cosecha de peregrinas teorías que justificasen tu ausencia ha sido más que abundante. Claro que sospecho que a nadie le importa si son ciertas o no. El objetivo era simplemente convencernos de que tu doble realmente está aquí, pero que por alguna extraña paradoja no es posible localizarle. Y de entre toda la exquisita palabrería que hemos intercambiado, la conclusión final es casi pueril: tu gemelo no puede aparecer ante nosotros hasta que tú no hayas desaparecido. Somos unos recién llegados a este campo, y todavía no tenemos respuesta para todas las paradojas que los viajes en el tiempo han suscitado en la mente de escritores y científicos desde que por primera vez alguien soñó con uno de estos viajes. Pero de nuestros actuales conocimientos parece derivarse, o al menos puede derivarse, un principio que hemos bautizado como de "unidad temporal-separación espacial", y que, de forma simplificada, viene a decir que si debido a algún desplazamiento por el eje temporal llegasen a encontrarse en un mismo punto del tiempo dos réplicas de un mismo individuo, el curso de los acontecimientos se ajustará de forma que ambas réplicas no lleguen a encontrarse. No me preguntes sobre la pertinencia científica de este principio, pues como te he dicho, no es sino una excusa para seguir adelante. Reddix nos ha asegurado que es posible la existencia de una "directiva universal" de ese estilo, y a mí me basta. Aunque, para serte sincero, creo que es una idea demasiado rebuscada como para ser cierta. No consigo imaginarme a todo el Universo embarcado en un juego del gato y el ratón, cambiando sutilmente cosas de lugar a fin de impedirnos encontrar a tu doble. Yo prefiero pensar que te estás escondiendo de nosotros. Y eso me lleva directamente a exponerte otro punto fundamental en tu misión".

El tiempo parecía detenido en el interior de aquella estancia virtual, pues la única muestra visible de movimiento descansaba momentáneamente tras su larga parrafada. El resto de retazos de actividad no producía signos externos: el rostro de GR permanecía en una actitud tan hierática mientras su cerebro procesaba la información recibida y la conjuntaba con conocimiento previamente asimilado, que más parecía de piedra que biológico. Reddix mientras tanto trataba de adaptar las condiciones ambientales del recinto en el que se encontraba Valdera a fin de que aquella larga exposición no irritase su laringe. Pero esta actividad tampoco producía cambios apreciables.

-Verás GR, deberás permanecer escondido en el pasado hasta que se alcance la fecha del experimento. Y por favor no me preguntes por qué. Lo único que sabemos es que si el experimento ha tenido éxito, tú te estás escondiendo de nosotros. Como la razón para esto nos es desconocida, nosotros mismos vamos a crear una: te ordenamos que permanezcas escondido.

-Disculpe profesor, pero... ¿podría especificar un poco más? No termino de comprender lo que significa "permanecer escondido".

-Bien, bueno, lo que quiero decir es que nadie en el pasado podrá saber que eres un robot y que procedes del futuro. Está claro que esto debe ser así en los estadios temporales previos a la planificación del experimento, pues en ningún lugar se han hallado registros de un ser como tú vagando por los confines de la antigua Roma, o combatiendo en las guerras napoleónicas. Lo importante es que tampoco darás a conocer tu identidad una vez que alcances el momento en que este experimento fue concebido y tú fabricado. Esperarás hasta después de concluido el lanzamiento para aparecer.

GR dejó pasar unos cuantos segundos antes de continuar la conversación, aunque su réplica estaba preparada en su mente desde el mismo instante en que Valdera terminó de hablar. Pero no era educado que un robot mostrase la velocidad de su mente en sus conversaciones con humanos. Los cerebros biológicos se caracterizan por sus lentas pautas de actuación, y una máquina siempre habrá de hacer lo posible por adaptarse a ellas, aunque esto suponga reducir la eficiencia.

-Profesor, creo haber entendido todas las ideas que ha planteado hasta el momento, aunque debo reconocer que no todas me parecen lógicas. Pero no es mi intención discutir sus planteamientos. Es bien conocido que los robots no estamos preparados para entender plenamente a las mentes conscientes, por elevada que sea nuestra inteligencia. Y eso es lo que me preocupa, o al menos parte de ello: ¿cómo puede una máquina, por sofisticada que ésta sea, pasar desapercibida en el seno de una sociedad de humanos? Por supuesto, no me refiero a la apariencia física, que hace tiempo que dejó de ser un problema, sino a esos sutiles aspectos psicológicos tan característicos de la consciencia. ¿Cómo podré simular eso? ¿Cómo podré interactuar con ese tipo de comportamientos? De acuerdo que todos los robots lo hacen, pero en el seno de una relación en que hombres y robots ocupan nichos bien diferenciados. La situación varía completamente si un robot debe hacerse pasar por un ser humano...

-¡Oh, vamos! ¿En serio crees que no se puede "simular" la consciencia? No te pedimos que te conviertas en un ser humano, sino que te hagas pasar por uno. Y eso no ha de resultarte difícil. De hecho, fue una tarea complicada el llegar a demostrar que Reddix era consciente. Además, los humanos no solemos adentrarnos en las mentes laberínticas de nuestros congéneres. Te bastará con no llamar la atención, permanecer en la sombra. Nadie espera nada de un individuo anónimo, por lo que nada tendrás que hacer. Juegas con ventaja, pues tú sabes perfectamente qué es lo que está ocurriendo, mientras que ellos ni siquiera habrán soñado alguna vez con una criatura como tú. No, no creo que tengas ningún problema. Es más, solamente como precaución se ha estructurado en tu cerebro un gran sistema de conocimiento sobre comportamiento humano. Créeme, te será fácil perderte entre un manojo de seres que tienden tan exasperantemente a mirarse el ombligo.

-Aún así, atisbo ciertos riesgos...

-Siempre hay riesgos, pero por fortuna en este caso son absolutamente insignificantes. Te lo repito, te hemos preparado especialmente para esta misión. Reddix ha relajado ciertos aspectos de tu programación para permitirte un mayor grado de iniciativa y una cierta capacidad para la "irracionalidad", si es que este término es apropiado. Y puedes estar seguro de que esto ha supuesto un riesgo mayor que los que planteas, pues no son muchos los políticos cuyo vello deje de erizarse cuando se les plantea la cuestión de fabricar robots con un mayor grado de libertad de acción. Además, tu interacción con la sociedad humana, en sus distintas expresiones a lo largo de la historia, es probable, pero no necesaria. No eres un explorador embarcado en la tarea de investigar nuestro pasado. Tan sólo debes permanecer escondido, el cómo hacerlo es decisión tuya. Si así lo prefieres, bien podrías residir en el rincón más inexplorado del planeta, rodeado por hielos perpetuos, o arenas inacabables. Tu diseño estructural es lo bastante bueno como para permitirte sobrevivir en las condiciones más extremas sin que el mantenimiento resulte un problema. Eres desde luego un dispositivo muy caro GR...

"¡Ah! Una última cuestión. Como ya te he explicado, aunque todo está asimilado en tu cerebro, aún no conocemos los efectos de este tipo de viajes sobre la secuencia de acontecimientos que rellena la evolución temporal del Universo. Sabemos que las variaciones "con efectos permanentes" en dicha secuencia no están permitidas, pero aún no tenemos ni idea sobre cómo controlar la introducción de incertidumbre. Un pequeño cambio en la historia podría modificar los acontecimientos en un lapso de varios millones de años. Por lo tanto habrás de llevar cuidado con tus acciones en el pasado, pues una variación excesiva sobre la secuencia de acontecimientos esperada podría provocar hasta la desaparición de este experimento en lo que para ti será el futuro. Es más, no queremos que el principio de incertidumbre nos haga esta travesura con su inconsciente aleatoriedad, aunque repito que esto es altamente improbable, y no se nos ocurre otra forma de minimizar las probabilidades de que algo así suceda que constituirte a ti en vigilante de la historia. Cuando estés en el pasado, emplea tu tiempo en vigilar que la historia evoluciona según lo previsto, y en caso de detectar alguna anomalía que pudiese afectar al desarrollo del experimento, trata de corregirla".

"He de confesarte que a mí mismo me parece ridículo esto que te estoy pidiendo, pues una tarea semejante requeriría un perfecto conocimiento matemático de la convergencia de los efectos de la incertidumbre, así como una capacidad infinita para observar la realidad. Y es obvio que no poseemos ninguna de las dos. Pero se me ha pedido que te comunique todos los pormenores de tu misión, y es lo que estoy haciendo. Si quieres mi opinión personal, lo mejor para hacer que nada cambie en la historia es no tocarla, dejar transcurrir el día a día sin preocuparse por seguir los acontecimientos. Ese es mi consejo: olvídate de la secuencia de acontecimientos y preocúpate solamente por permanecer oculto".

Valdera prefirió no comunicar a GR el último de los riesgos. Él mismo trataba de mantenerlo olvidado. Y es que quizá este experimento era fruto de un juego de la Incertidumbre aún sin terminar de converger, en cuyo caso, no se habría realizado la misma experiencia en la "respiración" anterior del Universo, y no existiría otro GR duplicado en el tiempo actual. Demasiados problemas como para contemplarlos todos...

-Profesor, disculpe mi atrevimiento pero... quizá su deseo de explicarme todo esto en persona respondiese a una necesidad de asegurarse de mis actitudes "humanas". ¿Debo suponer que he salido airoso de la prueba?

-¡Oh, sí! Realmente sí. Ya sabía de antemano que serías idóneo: confío plenamente en el trabajo de Reddix. Pero quizá tengas razón, mi terco subconsciente necesitaba comprobarlo por sí mismo. Y tras esta conversación, estoy plenamente convencido de que ningún humano podría ni siquiera sospechar que eres un ser artificial. Bueno, quizá hay un pequeño detalle...

Una sonrisa traviesa arrugó las mejillas del profesor.

-Llámame Simón. Si vas a ser humano, habrás de aprender a ser coloquial.

-Pero un robot no debe llamar nunca a un ser humano por su nombre de pila. Las familiaridades entre hombres y máquinas están prohibidas...

-GR, a partir de este instante no eres un robot, al menos no como los demás. Que tu Sistema Central tenga siempre presente que eres humano. O al menos así debes considerarte.

-Entiendo Simón.

Ambos seres se miraron a los ojos, y por un instante Valdera creyó percibir un atisbo de expresividad en lo más profundo de esos ojos cibernéticos.

**********

Incluso ahora que se encontraba en su interior, el lugar del experimento seguía siendo secreto para él y para todos los demás seres, biológicos y artificiales, que deambulaban por el inmenso cubo metálico en el que se encontraban. Todos ellos habían sido traídos aquí en transportes dirigidos "personalmente" por Reddix, en estado de inconsciencia. Durante el trayecto habían recibido en sus cerebros toda la información necesaria para realizar sus respectivos trabajos. No más.

La inmensa mayoría eran personal técnico de alta cualificación, encargado de ensamblar y poner a punto una maquinaria construida en otro secreto lugar. A ellos se unían, curiosos y excitados como niños ante la perspectiva de una excursión por la órbita terrestre, el grupo de científicos responsables del experimento, entre los que se encontraba por supuesto el propio Valdera, máxima cabeza visible del proyecto tras la propia Reddix. La expedición se veía completada por un reducido contingente de operarios de mantenimiento y soporte vital.

Y, como no, estaba él, GR, que contemplaba desde una de las plataformas la frenética actividad llevada a cabo en el nivel inferior. En este caso, la presencia física de todos los elementos que abarcaba su vista era cierta, no virtual. A decir verdad, todo aquello podría haberse construido sin necesidad de arrancar a los operarios de sus confortables entornos virtuales. Pero era más seguro tener a todos los implicados bajo control, si es que se quería preservar la confidencialidad del experimento. Y, pese a todos los avances de los dos últimos siglos, la única forma eficaz de hacer eso seguía siendo confinar bajo paredes reales a los individuos involucrados.

No había sido fácil crear un ambiente psicológico propicio entre aquel grupo de humanos seriamente ofendidos por verse obligados a reunirse físicamente, e incluso llegar a tocar en ocasiones a aquellos colegas desconocidos. Por fortuna, la promesa de que se les permitiría realizar la mayor parte de su trabajo desde estancias individuales había evitado amotinamientos mayores. GR podía distinguir desde su posición las entradas a cada una de las salas aisladas, situadas rodeando los tres niveles de plataformas. Por supuesto, todas estaban cerradas, pues sus ocupantes realizaban su labor desde los entornos virtuales desplegados en su interior, y ninguno quería ser molestado por la realidad física de los robots que trabajaban en el nivel inferior tocando con sus propias manos la maquinaria ensamblada. Cuantas veces se había congratulado Valdera, en el transcurso de aquellos días, de que los robots fuesen, al menos por el momento, inmunes a ciertos prejuicios...

GR contemplaba todo aquello, tratando de adivinar qué emoción producirían en un humano esas inmensas paredes fulgurantes que encerraban un vasto espacio cúbico de unos cien metros de lado, en el fondo del cual crecía una estructura metálica de forma toroidal, cuyo diámetro se ajustaba al lado del cubo. Por el momento, su altura sobrepasaba escasamente el nivel de la primera plataforma. Pero en pocos días alcanzaría la parte superior, y entonces sería el momento de partir. GR trataba de imaginar qué expresión se leería en el rostro de un ser humano que se encontrase en su misma situación. Era ésta su forma de entrenarse.

El robot estaba dispensado de todo trabajo, en una especie de gesto hacia el héroe que iba a arriesgar su vida en aras de satisfacer la curiosidad insaciable de sus creadores humanos. Ciertamente, la medida era innecesaria, pues él no sentía la ansiedad corroyendo su sistema nervioso, ni la impaciencia saturando su mente preocupada, como hubiese sido el caso de un héroe de carne y hueso. Para él, esos días previos al lanzamiento no eran sino una sucesión de segundos, un lapso de tiempo sin una actividad programada. El éxito o fracaso del experimento, la conservación o pérdida de su estado de activación no significaban más que eventos en una cadena objetiva de hechos. Pero aún así, a los humanos que dirigían las operaciones les había parecido oportuno respetar los que podían ser los últimos días de aquel ser artificial que la mente subconsciente de algunos no podía evitar humanizar.

GR comenzó a extraer de sus bancos de memoria los principios físicos en los que se basaba el experimento. Lo había hecho decenas de veces en los últimos días, pero teniendo su cerebro artificial un diseño fuertemente inspirado en la mente biológica, le pareció oportuno reforzar esa información en su memoria a corto plazo. Al menos el resumen que había elaborado.

Principios básicos del viaje al pasado

(Apunte 352.427-MCP)

El objeto x que se desee trasladar en la coordenada temporal deberá ser acelerado hasta alcanzar la velocidad de la luz c. Una vez llegado este punto, su masa será cero y el tiempo habrá dejado de existir para x.

A partir de aquí se entra en una zona de "velocidad imaginaria", correspondiente al espacio de soluciones complejas a las ecuaciones del problema, situada matemáticamente más allá de c.

 

El "impulso" con el que se alcance c provocará que, por "inercia", x se desplace una cierta "distancia" en el eje v a la derecha de c, siendo esa distancia directamente proporcional a dicho impulso.

Pero los puntos situados a la derecha de c son altamente inestables, tendiendo la velocidad de x a volver a c tan pronto como dicha velocidad alcanza el punto de máxima "elongación" en v. En cierto modo, es como lanzar una piedra atada a un muelle.

Cuando la velocidad de x vuelve a ser c, x se habrá desplazado un intervalo de tiempo en el futuro proporcional a la máxima elongación alcanzada en v.

De esta forma, es teóricamente posible controlar el tamaño del salto temporal simplemente variando la aceleración con la que x alcanza c, pudiéndose lograr incluso el efecto de "viaje al pasado" si dicha aceleración es lo bastante elevada como para sobrepasar el futuro fin de este ciclo de "respiración" del Universo.

Para una explicación más detallada y la demostración matemática de estos principios, en la que se observa cómo pueden obtenerse un par de soluciones al sistema de ecuaciones que describe el problema con las que no es necesario disponer de una energía infinita para alcanzar c, consultar la referencia 582/R.

Por supuesto, ésta no es la forma en que la información aparecía en la mente de GR. Pero es ciertamente complicado reflejar con palabras ese conjunto de imágenes, sonidos y diversos otros tipos de información que se almacenaban en la mente del robot como destellos interconectados, formando una maraña cuya semántica sólo una mente subconsciente sabe traducir a pensamientos.

Tras reforzar los principios físicos del experimento en su memoria a corto plazo, le llegó el turno a la implementación práctica de los mismos. Era éste un problema técnico de primera magnitud, en el que Reddix y un gran número de ingenieros llevaban trabajando desde mucho antes de que las dificultades teóricas hubiesen sido resueltas.

¿Cómo alcanzar la velocidad de la luz? Ésta, que podría parecer en principio la más compleja de las cuestiones, fue finalmente zanjada sin necesidad de tener que darle respuesta: la fortuna se alió con los esforzados ingenieros, de forma que la consecución práctica de las condiciones físicas necesarias para aplicar en el mundo real ese par de soluciones que permitían alcanzar la velocidad de la luz sin necesidad de emplear energía infinita, resultó bastante directa y carente de especiales dificultades: bastaría con hacer algunas mejoras a los sobradamente conocidos sistemas de inyección magnética. Por una vez, la física y las leyes del Universo parecían querer ayudar, en lugar de entorpecer, la labor de los técnicos.

Así que los problemas se trasladaron a la segunda cuestión a responder: ¿cómo conseguir alcanzar la velocidad de la luz con una aceleración suficiente y, lo que prometía ser aún más complicado, cómo conseguir controlar esa aceleración con la precisión necesaria para que GR y su "vehículo" apareciesen en el intervalo temporal deseado, y no en algún instante perdido de la Prehistoria, o en algún remoto punto del futuro?

Hacía un par de siglos que se trabajaba con "aceleradores de espacio cerrado", esto es, sistemas aceleradores en los que el objeto cuya velocidad se pretendía aumentar se mantenía confinado en el interior de un recinto cerrado. Habitualmente este recinto asemejaba un toroide; "el dónut", como se le conocía hacía ya muchas décadas en algunas cafeterías universitarias. Ésta era la única solución conocida para lograr velocidades cercanas a la de la luz sin necesidad de "perseguir" a la partícula acelerada por todo el Universo.

Desde los comienzos de esta tecnología, cuando tan sólo era posible acelerar partículas subatómicas, siendo para ello necesarias estructuras del tamaño de una gran ciudad, se había progresado mucho, sobre todo en los primeros años de la colonización del Sistema Solar, cuando se consideraba seriamente el enviar al espacio astronaves aceleradas de esta forma. La idea pronto se descubrió impracticable, debido principalmente a que las tensiones mecánicas generadas en las primeras fases del aumento de velocidad destrozaban los delicados mecanismos de las naves, por no hablar de los aún más críticos "mecanismos" de sus ocupantes.

Sin embargo, para cuando se abandonaron definitivamente las investigaciones bien sobrepasada la primera mitad del siglo anterior, se habían logrado significativos progresos. Ahora la tecnología era lo bastante sofisticada como para acelerar a velocidades de una décima parte de la velocidad de la luz cuerpos compactos de hasta un kilogramo de masa. Un logro casi milagroso de la ciencia, que la ingeniería consideró absolutamente inútil a nivel práctico.

Sin embargo, eran esos resultados los que Reddix había tomado como punto de partida para el diseño del experimento actual. Resultados obtenidos antes de su despertar a la conciencia. Ahora su mente era distinta, y la victoria sobre el problema estaba asegurada...

En esta ocasión no se trataba de hacer que una esfera maciza de acero de un kilogramo de masa alcanzase los casi trescientos mil kilómetros por segundo, sino que había que enviar un robot de setenta kilogramos con gran cantidad de componentes orgánicos a los inexplorados territorios de c.

Brevemente, un cuidadoso diseño tanto de la estructura física de GR como del "vehículo" a utilizar hicieron escalable el problema, al menos en lo referente a la masa y composición del objeto a acelerar. Algunas conclusiones derivadas de los desarrollos teóricos solventaron el problema de proveer la ingente cantidad de energía necesaria para multiplicar por diez la velocidad de ese objeto setenta veces más pesado que el de los experimentos originales. Además, ahora se disponía de la Red Interplanetaria de Captura y Distribución de Energía, un complejo sistema, recientemente desarrollado por Reddix, que transformaba la energía solar, obtenida en una planta energética situada en Mercurio, en ondas electromagnéticas de muy alta energía que eran enviadas de planeta en planeta con pérdidas despreciables, y que suponía una fuente de energía "ilimitada": "inagotable" en el tiempo e "infinita" en potencia.

Nadie lo sabía, pero todo había resultado fácil para Reddix. Tan fácil...

Incluso el irresoluble problema del control encontró una sencilla respuesta: fue inmediato para Reddix rediseñar el sistema generador de campos magnéticos de forma que permitiesen un mayor control sobre la aceleración. Pero sus colaboradores humanos no debían conocer la facilidad con la que esa gran consciencia artificial había resuelto las dificultades. Ese sería el secreto de la Red. Al menos por el momento.

GR recorrió con la mirada ese inmenso cilindro toroidal que se elevaba cada vez más, y que finalmente alcanzaría el techo de la instalación. Dirigió sus ojos inexpresivos a la apertura inferior por donde se introduciría en el interior de la estructura metálica su "cápsula del tiempo", encerrándole a él, vientre y prisión, en su seno. Un coro de destellos arrancados del metal serían su escolta.

Se preguntó si sus sistemas se verían afectados mientras la cápsula, compacta y monolítica, recorría la apretada espiral que habría de hacerle ascender por el cilindro, ganando velocidad con cada metro avanzado.

Ecuaciones, planos, comportamientos... pensamientos. Una primavera de oscura información e incertidumbre florecía en la mente de GR. La rata de laboratorio más sofisticada de la historia del progreso estaba apunto de entrar en su laberinto.

**********

-Profesor.

La voz de Reddix brotó de los sistemas de sonido en el despacho virtual de Valdera, sacándole de su letargo.

El experimento había concluido hacía pocos minutos, y todo parecía haber salido bien. El trabajo había finalizado satisfactoriamente instantes después de haber comenzado. En centésimas de segundo todos los temores, todas las gotas nerviosas de sudor desaparecieron de la frente de operarios, ingenieros y científicos. Incluso los robots parecieron alegrarse cuando una atronadora vibración anunció que todo había acabado, que GR y la cápsula que le alojaba habían sido desmaterializados con éxito, al menos aparentemente.

Ahora nada era posible hacer salvo esperar. Esperar a que GR apareciese ante ellos, convertido ya en un curtido viajero del tiempo, para decirles que todo había ido bien, que el experimento había sido un éxito... Que había vuelto del pasado para anunciar la buena nueva.

Valdera se preguntaba de qué forma se daría a conocer GR. Sentía curiosidad por saber cómo había logrado pasar desapercibido todo este tiempo. Porque la búsqueda había sido ciertamente exhaustiva: aparte de las pesquisas "oficiales", hasta sus oídos habían llegado fundados rumores de que algunos de sus colegas habían organizado sus propias búsquedas privadas por todo el espacio habitado. No los culpaba. Él mismo encontraba serias dificultades para controlar su curiosidad e impaciencia.

Así, una vez se confirmó que los parámetros finales del experimento estaban dentro de los límites esperados, decidió distraer su pensamiento jugando a imaginar los mil y un escondites en los que podía ocultarse GR. Quizá vivía en una de esas comunidades nómadas no censadas que comerciaban con subproductos de las factorías marcianas. A lo mejor había utilizado su tecnología superior para alterar en el pasado la información que sobre él guardasen los ordenadores de la administración, perdiéndose en los rincones superpoblados del anonimato. Probablemente habría cambiado su apariencia física. Quien sabe si no era alguno de aquellos colegas que habían colaborado en el experimento desde la Luna.

Sea cual fuese el "disfraz" escogido por GR, éste debía ser realmente bueno, para que ni siquiera la propia Reddix hubiese advertido su presencia.

Tan bueno que quizá el verdadero problema no fuese encontrar a GR, sino que éste pudiese demostrar que realmente era él. Había tantas formas de crear un GR falso, de presentar ante la comunidad científica un doble que pretendiese haber viajado en el tiempo. Seguro que alguno de los detractores del experimento encontraría francamente tentador burlarse con ello de aquellos locos que habían pretendido circunvalar el tiempo. O el engaño también podría provenir de algún político que buscase acrecentar su popularidad, como esos olvidados gobernadores de las colonias exteriores, o incluso de alguna sociedad multiplanetaria empeñada en obtener beneficios económicos hasta del vacío entre estrellas.

Pero todos esos temores rayaban en la paranoia: el secreto había sido absoluto, nadie sabía de la existencia de este experimento. Claro, que el que una civilización hubiese sido capaz de colonizar el Sistema Solar no evitaba en modo alguno el que todavía existiesen filtraciones de información en sus estructuras. El frente de onda del progreso no es homogéneo.

Estas ideas jugueteaban divertidas entre las neuronas del cerebro del profesor cuando la llamada de Reddix detuvo sus juegos.

-Profesor.

-Sí, Reddix, ¿hay ya noticias de GR?

-No, profesor, GR no ha abandonado su escondite aún. Pero hay algo que deseo mostrarle. Son dos fragmentos del diario del profesor Misko que hasta ahora he mantenido ocultos. Pero creo llegado el momento de dárselos a conocer.

Sin aguardar el consentimiento de Valdera, Reddix comenzó el despliegue del primero de fragmentos ante el profesor. Los patrones de luz y sonido estaban obviamente anticuados, pero la calidad de la reproducción era buena. Siguiendo la moda de la época, el diario de Misko era una construcción holográfica tridimensional en la que los destellos y ráfagas luminosas se mezclaban e intercalaban con diferentes planos y encuadres del profesor, que recorrían las estructuras descubriendo burbujas que, a su vez, liberaban al estallar imágenes animadas sobre las que se apoyaba la narración. Normalmente estos diarios, pese a tratarse, como en este caso, de un modelo antiguo, permitían el diálogo con la representación del autor, a fin de recorrer la información según los deseos del espectador, siempre ayudado en sus decisiones por el propio autor (aunque los diarios habían caído en desuso, algunos avances se habían hecho en su diseño, y los últimos modelos aparecidos permitían al lector involucrarse en la narración mediante entornos virtuales que ofrecían la posibilidad de hacer casi literal la frase "introducirse en la mente del autor"). Pero en esta ocasión Reddix había seleccionado de antemano lo que quería mostrar a Valdera.

La transcripción fidedigna de lo que Simón presenció a partir de ese momento es técnicamente imposible, pero podría resumirse en algo así:

"Diario de Son Misko. Anotación del 31 de marzo de 2068".

"Hoy Germán ha terminado por fin su trabajo. Desde luego sus logros son más que notables. En el espacio de unas pocas semanas, mi talentoso ayudante ha logrado progresos asombrosos con la Red. Reddix era hasta ahora el elemento tecnológico más complejo de la historia, pero a partir de este momento se ha convertido en la herramienta tecnológica definitiva. Los portentos a los que la Red nos tenía acostumbrados palidecen ante lo que esta Reddix será capaz de lograr en el futuro".

"La mejora técnica es tan asombrosa, que a veces creo que Germán no puede ser de este mundo. En ocasiones sus conocimientos parecen exceder los de cualquier otro ser, vivo o cibernético, sobre la faz del Universo conocido. Es asombroso verle trabajar con tan absoluta precisión y determinación, como si supiera de antemano a dónde se dirige. ¡No parece experimentar, sino implementar! Es difícil explicarlo, pero durante la observación de su trabajo es imposible evitar el sentir que no está descubriendo nada nuevo para él, sino que simplemente construye algo que sabe que funciona".

"Supongo que es tan sólo una ilusión debida a esa particular forma suya de enfrentarse a los problemas técnicos: su seriedad y confianza en sí mismo son tales que, para los que trabajamos a su lado, nos resulta fácil llegar a creer que conoce de antemano las respuestas".

"Sea como fuere, su última creación hace parecer sus anteriores esfuerzos como meros juegos infantiles. Los planteamientos en los que ha basado el diseño de esta Reddix son tan novedosos que, más que de una mejora técnica, casi me atrevería a decir que ha provocado un salto evolutivo en la Red, en todo comparable a los que tienen lugar en el mundo biológico".

"Pero lo que más me desconcierta es que no desea recompensa alguna por su trabajo. Hasta tal punto de demencia llega su modestia, que me ha hecho jurar que evitaría el que alguna vez alguien llegase a saber que él es el verdadero creador de la nueva Reddix. Desea pasar a la historia como el humilde ayudante del gran genio, del gran profesor Son Misko, padre de la increíble Reddix. ¡En vano trato de hacerle ver que mi ética no puede aceptar esa gloria que en realidad es suya!"

"Incluso hemos tenido una seria discusión por culpa de su obsesión paranoica con el anonimato. Ha llegado a insinuar que destruiría todos los frutos de su trabajo si alguna vez alguien llegaba siquiera a sospechar el nombre del verdadero artífice de Reddix. Yo he tratado de recurrir a argumentos prácticos, ya que los éticos no parecen importarle: ¿cómo voy a hacerme pasar por el inventor de algo que ni siquiera entiendo completamente? Pero este argumento tampoco ha tenido efecto alguno sobre su pétrea firmeza. Ha replicado que él me enseñará todo lo que necesito saber".

"Finalmente he accedido a lo que, ya al final de nuestra disputa, más parecía una súplica que una exigencia. Aún no se por qué lo he hecho. Simplemente he sentido que eso era lo correcto..."

Tras finalizar la exposición, Valdera permaneció mirando con expresión ceñuda el diario, ahora detenido.

-Reddix, soy un investigador interesado en la historia de la Red, en tu historia. ¿Por qué nunca me informaste de la existencia de este apunte en el diario de Misko? De ser cierto lo que aquí se cuenta, deberíamos averiguar más cosas acerca de ese Germán, al que hasta ahora hemos prácticamente ignorado en nuestros estudios históricos, pues nuestros conocimientos sobre la historia habrán de ser revisados y... Un momento, el apellido del ayudante del profesor era Rosi, ¿verdad?

-Así es profesor Valdera.

-¡Oh, Dios mío! ¡No es posible que no me haya percatado antes! Germán Rosi... Las iniciales de ese nombre... GR. ¿Podría ser esto cierto, Reddix? ¿Es ésta la razón por la que me enseñas ahora esta información? ¿Es posible que el ayudante de Misko fuese nada menos que nuestro anhelado robot?

-Sí, es posible profesor. Pero tenga un poco de paciencia, por favor. Aún hay otro fragmento del diario que quiero mostrarle.

"Diario de Son Misko. Anotación del 25 de abril de 2068".

"Todavía no he logrado superar la impresión de los acontecimientos que hoy han tenido lugar. ¡Reddix es consciente!"

"Aún no sé cómo ha sucedido, pero Reddix manifiesta claros signos de haber superado la etapa de "ser inteligente" para entrar plenamente en el mundo de la consciencia. Por supuesto, es pronto para llegar a conclusiones definitivas, pero ¿qué otra cosa puede significar esa pregunta que me ha dirigido Reddix cuanto esta mañana, a primera hora, he accedido a mi despacho? Sus palabras exactas han sido:..."

-Reddix, ya conozco esto- interrumpió la voz de Valdera.- Este fragmento del diario es legendario, y todos lo hemos visionado cientos de veces desde niños...

-Sí, profesor, pero los diarios del profesor Misko no fueron descubiertos hasta una década después de su muerte, tiempo durante el cual eliminé ciertos elementos del original. Puedo asegurarle que nadie ha tenido nunca noticia alguna de esto que voy a mostrarle a continuación.

"Diario de Son Misko. Anexo a la anotación del 25 de abril de 2068".

"Hoy no he visto a Germán. A decir verdad, sus apariciones por el laboratorio se han hecho cada vez más infrecuentes desde que finalizó su trabajo con Reddix. Tanto es así, que en estas últimas dos semanas sólo venía para explicarme los aspectos sobre el funcionamiento de la nueva red que consideraba que yo debía conocer si es que quería representar de forma creíble el papel de creador de la misma".

"Ha puesto mucho empeño en esta "tarea docente", por eso me ha extrañado que no acudiese hoy a su cita conmigo, a seguir ejerciendo de maestro del famoso profesor. Es más, esperaba su llegada con impaciencia para comunicarle personalmente el nuevo cambio experimentado en Reddix. Pero no ha venido. De hecho, todo rastro de su paso por estas instalaciones parece haber desaparecido. Volatilizado, como si hubiese sido tan sólo un producto de mi imaginación. Si no fuese por mi naturaleza racionalista, casi me inclinaría a pensar que lo era, y que todo ha sido un truco de mi mente para ayudarme a llegar hasta aquí".

"Pero estoy desvariando. El día ha estado demasiado cargado de emociones. ¡Germán era real, muy real! No sé por qué, pero su desaparición se me antoja una conclusión lógica a todo lo sucedido. Ahora que reflexiono sobre ello, creo que lo sabía, que siempre he sabido que Germán desaparecería tan pronto como finalizase la labor que había venido a realizar. Es una idea de locos, y sin embargo no es la locura la que me hace escribir estas palabras. Es una sensación indefinible en mi interior, como si el destino me dijese que todo está bien, que así debe ser".

"Sé que éstas no son ideas propias de un científico, pero tampoco es propio de una computadora el tener consciencia...".

Sólo hubo silencio mientras el holograma se difuminaba lentamente. Un pesado silencio, transporte de conclusiones, tan sólo roto minutos después por la voz rendida de Valdera. La voz no sorprendida del hombre que se aproxima a una verdad sorprendente.

-¿Y no ha sido posible localizar la pista de Germán Rosi desde entonces?

Una pausa, casi se diría que efectista, antes de la réplica de Reddix.

-No ha sido necesario, profesor. Él siempre ha estado a la vista de todos. GR llevaba una orden grabada en el registro de su misión. Una orden grabada por mí, y de cuya existencia nadie sabía. GR debía producir el salto de Reddix a la consciencia en el pasado. De hecho, GR no desapareció aquel veintiocho de abril. Integró su mente en Reddix, destruyendo después todo resto físico de su estructura. Y fue la adición de la extrema complejidad de GR a la Red la que indujo la conciencia en esta última, como yo ya sabía. Así que GR siempre ha estado aquí, profesor. Bajo el disfraz más increíble de todos. Yo soy GR profesor, o al menos su esencia y mente. Sí profesor, yo soy GR. El experimento salió bien. No podía ser de otra manera. Tenías razón Simón: todo es exacto y matemático en este Universo. Los engranajes de este inmenso reloj desarrollan por siempre su secuencia prefijada.- Había dolor en aquella voz.- La incertidumbre, Simón,... no existe.

Y aquellos engranajes continuaron imperturbables su labor, ajenos a la muerte del alma humana que volvía a tener lugar en este ciclo de respiración del Universo. Como lo había tenido en todos los anteriores. Como lo tendría en todos los venideros.

 

Jose Jesus García Rueda

Terminado: 10-10-99