LA VENTANA Se sentó mirando hacia la ventana. ¿Por qué no podía tener él también una buena ventana? Una grande y con las mejores calidades, sólo faltaba. Como la que tenían todos sus conocidos. ¡Mejor, qué coño!
Miraba al exterior sonriente, sin importarle que fuera estuviese a oscuras. ¡Lo que le había costado aquel triunfo! Todo el mundo tachándolo de loco. Pues ahí tenían: su ventana. Al final se la había construido él solito, en secreto y ¡a la mierda con todos!
Al poco comenzó a escucharse un fuerte traquetear, y un tren completo desfiló frente a él. El hombre seguía sonriendo mientras miraba el túnel del metro a través de su nuevo ventanal. Nunca se había sentido inferior por vivir en un sótano.
Jose Jesus García Rueda 28-3-2007 Alcorcón |