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Lancelote
Agosto de 2001
Te veo venir
Entre las brumas de un sol que ciega, en tu extraña
montura, te veo venir. Tu figura avanza renqueante, insegura. No eres
más que una mota de polvo en el desierto de multicolores cenizas. Pero
avanzas. Y quema tu piel el fuego de la tierra, y tus ojos de olivino
azul inundan el océano.
Te veo venir. El viento ladrón
te hace tambalear. No temas. Mil paredes de volcán construiré para protegerte.
Mis manos encallecidas te cuidarán. Retendrán con tierras negras la humedad
de tu mirada. Cavarán el gris eterno en busca del espíritu que te alimenta.
Y todo por ver cómo el viento se rinde a ti. Todo por poder yo mismo inclinarme
a acariciar la vid dulce de tu pelo.
Te veo venir. Te espero. Destilaré
el licor de tu sonrisa, para apagar con él las feroces montañas. Ya tardas
en llegar, y la tierra entera ruge desesperada. La impaciencia se refleja
en sus rojas mejillas. Con montes de espuma te llama. Te busca en salinas
abandonadas, en pueblos de sombras. Pero tu montura es lenta, y viene
de muy lejos.
Te veo venir. No te oigo. No te
siento. Sólo eres un reflejo esmeralda que flota en el aire. ¿Existes?
¿De verdad existes? Yo no lo creo. Eres un fantasma más, vagando silencioso
por mares de roca ígnea. Creo que nunca podré arrancarte de mi mente,
darte cuerpo. Estoy ciego y sordo. Mis manos buscan calor en las profundidades.
Se equivocan. Tu voz está en el rumor de las aguas perennes, no en las
cenizas del infierno.
Te veo venir. ¿De veras eres tú?
¿Al fin podré tocarte? Abriré la tierra de nuevo, para regalarte tu isla.
Para recrearla contigo. Ríos de lava fundirán nuestras manos, que se enfriarán
inseparables. Y entonces soñaré. Y tus ojos ya no serán mares. Ni tu pelo
viña ni tu sonrisa licor. Serás tú. Imagen eterna en mi retina y escalofrío
en mis labios. Tú.
Dulce calor en un mar solitario.
Dulce calor. Alargo mi mano, capturando el viento que te trae. Estás en
camino. ¡Demonios de los océanos y del fuego! ¿Me escucháis? ¡La veo venir!
En Lanzarote
7-08-01
El idiota
Se bambolea gris en el viento que le arrastra. Gira
y gira con prisa infundada. Rompe la noche en mil mezquinos jirones. Tiene
miedo.
El idiota tiene miedo de la belleza. Contempla
cielos sin estrellas buscando cegarse. Ríe ebrio el idiota de mirada perdida.
Le asusta la noche. Y las luces. Cínica carcajada de autista sociable.
El idiota piensa demasiado. Escribe historias
en cada giro, para que la arena las entierre. Juega al ajedrez con volcanes
que quedaron fríos. Lavas negras aferran sus manos. Y gira. Sigue girando.
Todo lo abarca en sus giros. Aquí gira la ignorancia. Allí, la inexperiencia.
¡Piensa, idiota! ¡Piensa! Mientras contemplas tu espiral caída.
El idiota se equivocó. Hadas negras jugaban
a aturdirle. Estrellas fugaces le engañaron. Y confundió la vida con su
sombra. Algo se rompió. Sólo podía ver su confusión reflejada en otros
ojos. “¿Qué te ocurre mi hermoso idiota?” Pero el idiota sólo sabe girar
en remolinos de polvo.
El idiota es mudo. Al viento sólo grita sus
sonidos metálicos. No a esos ojos que le miran. No al mar esmeralda ni
a sus reflejos celestes. No a la mano que le acaricia temerosa. No. El
idiota está confuso. La soledad del desierto ha ahogado sus canciones.
Estéril como la negra ceniza. Como una cueva sin sombras. Observa temeroso.
Observa. Espectador milenario de elementos incomprensibles.
¡Grita idiota! ¡Deja de girar! ¡Rebélate
contra la esclavitud de tu viento! Grita su nombre, grita tu alma. Rompe
el flujo traicionero de noches sin destino. Sal de tu armazón de metal.
Unas manos te buscan. Una boca te llama. ¿Qué temes? ¿Tus errores de niño?
¿Tus carcajadas de loco? Eres fruto y fuente de amores, mi pobre idiota.
¿Qué esperas para contarlo?
Pero seguirá girando el idiota, en su pedestal
de barro. Corazón de metal chirriando al viento.
En Madrid
13-08-01
Estrella fugaz
Surgiste veloz de la profunda noche marina. Yo caminaba
con prisa, rompiendo realidades, tejiendo sueños. Y no te vi. ¡No te vi!
Luces ruidosas me escondieron
tu brillante estela. Voces imprudentes confundieron mis sentidos. Y no
hubo encuentro. No supe acunar tu caída en mis brazos. Mis labios no buscaron
aplacar tu fuego. Te perdí. Continuaste tu viaje a la deriva. Decepcionada,
tu luz se deshacía despacio en la sangre que se me escapaba.
Te pedí un deseo. Anhelaba aprender
a acariciarte, a mirarte. A abrazar con mil sonidos tu belleza. Me equivoqué.
Confundí mi deseo con el tuyo, y esperé me concedieras lo que yo debía
conceder. Y cuando me di cuenta ya era tarde: yo no era yo, y el cielo
se abría en cataclismo.
Miles de estrellas te rodeaban.
Las habría borrado todas. El Universo entero sacrificado por romper el
sortilegio de mi locura. Porque sólo tú existieses para llenar mis sentidos,
para despertar mi alma. Contemplar tu llama fría en un firmamento propio.
Ser tu amanecer en la tierra del sol.
Yo te invoqué. Te busqué. Hasta
que por fin la noche me concedió tu presencia. Pero sabía que eras sólo
un espejismo, un breve suspiro de distancia. Debía moverme deprisa, atarme
a tu estela antes de que murieses en el océano. Y así, pensando rápido
y viviendo despacio, te escurriste entre los dedos de mi mano extendida
hacia el cielo. ¿Quién miró antes una estrella fugaz a través de un cristal
ahumado?
El tiempo se agotaba. Las nubes
se burlaban de mí, ocultándote. Ruido. Demasiado ruido. ¿Cómo quebrar
la maraña que me encierra? No sé capturar estrellas. Los sueños de carne
pesan demasiado en mis brazos. La noche se hace eterna y tú tan breve.
¿Volverás mañana, mi estrella? ¿Me dejarás encontrarte en mi memoria?
Es de noche. Una estrella fugaz
avanza entre algarabías sonrientes y necedades mundanas. Ya su vida termina.
Su ausencia ya casi despierta mis ojos dormidos. ¡No te vayas! ¡No dejes
que tu luz se difumine en el nuevo horizonte!
Madrid
15-8-01
El sol y la tierra
Tierras cobrizas bañadas por el sol. Arenas suaves
que el mar roba. Soñadoras de caricias. Soñadoras de besos y abrazos que
sólo del sol reciben. Descansan tranquilas: el viento las protege. Tendidas.
Pies húmedos y piel ardiente. Belleza en mil sueños añorada.
Tierras esmeraldas bañadas por
el sol. Algas vivas que morirán en sus rayos. Contemplad moribundas las
cenizas que os rodean. Soñáis confusas. ¿Aún soñáis? ¿Todavía la realidad
no ha matado vuestros sueños? El sol lo hará. Raptará vuestro brillo,
y su rescate será la distancia.
Tierras ardientes bañadas por
el sol. El fuego de mil volcanes. Calor de raza. Retáis confiadas al astro
rey. Y la victoria será vuestra. Nada podrá su luz contra el destello
de mil sueños de pasión. Despertaréis en rugiente agonía y gritaréis un
nombre. Bramaréis amor, o tal vez odio, mientras un aprendiz de brujo
os busca por los caminos de baldosas amarillas.
Tierras azules bañadas por el
sol. Tierras de agua, llegáis furtivas como signo de alabanza. Os rendís
sumisas al puño que os somete. ¿Creéis que vuestro disfraz de cielo os
concederá la mano del ardiente señor? Soñáis desposarlo para siempre,
ser invitadas a morar en sus dominios. Sueños. Sueños en miradas líquidas.
Tierras negras, que el sol no
baña. Tierras en la noche. No soñáis: sois soñadas. Una mente extranjera
os adivina. Sus torpes manos tejen vuestro ser con retazos de misterios.
¿Cómo conocer a la amante del sol bajo la luz de estrellas artificiales?
¿Cómo acariciar la tierra cobriza? ¿Cómo consolar a la esmeralda? Mil
“cómos” sin sentido. ¿Sabré hallar el camino de baldosas en las tinieblas?
Otros también lo buscan...
Tierras. Arenas, lagunas, volcanes,
mares,... ¡Sólo pido tener valor para trazar en esas tierras mi propio
camino!
Madrid
16-8-01
Mares negros
Negras son las aguas por las que navegamos.
Profundas y negras. Duras y negras. Espumas congeladas, vapores secos.
Coraza fría que nos engaña. Duerme la eternidad entre sus rizos oscuros.
Historias detenidas que aguas más azules enfriaron. El sol nada arranca
a nuestro mar de roca. Nada. Mil “te quiero” permanecerán enterrados,
aguardando. Vivos. ¡Siempre vivos! Nuestro amigo de lava vigila ese tesoro.
Calor aprisionado que la eternidad ha de entregarnos.
Mágicas son las aguas por las
que navegamos. Libro abierto de conjuros mitológicos. Horizontes de magia
nos rodean. Allá donde el sol te llama yo te invoco. Invoco al pasado
etéreo y al futuro traidor. Invoco al fuego y a la calma. Cenizas al viento.
¡Marchad! Buscad las palabras que pronunciamos un día, traedlas de nuevo
a nuestros labios. Brujerías milenarias que el diablo vertió sobre esta
tierra, ¿sabréis servir a un esclavo?
Llenas de fantasmas están las
aguas por las que navegamos. Se retuercen sus figuras como gritos anhelantes.
¿Fantasmas del futuro o sueños del pasado? Sólo espíritus. Les oigo reír
mientras juguetean entre las rocas. Se esconden, se burlan. Me llaman,
ofreciéndome su incertidumbre sin cuerpo. Pero no. Esta vez no. Basta
ya de vivir entre fantasmas.
Solitarias son las aguas por las
que navegamos. Tú en tu barco, yo en el mío. Siempre a la deriva. Navegación
azarosa que no quiere vernos juntos. Golondrinas de viento me cuentan
de ti, de cómo me piensas, de cómo me buscas. Nadie. Ni una sombra en
este reino pétreo. ¿En qué rincón de mi soledad te ocultas? Una palabra
tuya, y pondré rumbo hacia ti mi navío. Un simple gesto, y rodearé tu
alma con mis brazos. ¡Concédeme acompañar tu soledad!
Mares negros. Crisol ardiente
que escribe nuestra historia. Es tu negrura brillante. Duermes. No temas:
pronto te despertaremos. Será tu dureza terciopelo de caricias. Negro
como la más hermosa noche. Negro, como la eternidad de los sueños. ¡Mágico
lienzo sobre el que pintar nuestro paisaje!
En Madrid,
17-8-01
El viento
El viento roba. Es ladrón furtivo de los glaciares
y de los desiertos. Roba las almas de las gentes y las sonrisas de los
rostros. Esclaviza y aturde. Cruel titiritero de estúpidos maniquíes.
El viento roba la paz a los volcanes.
Aviva inclemente su fuego, mientras les amordaza con cenizas muertas.
Mercader de pasiones ocultas. Usurero de calores y humedades. ¿Qué me
pedirás a cambio de la llama que enciendes?
El viento roba la arena de la
playa. Borra risas y descubre piedras. Con mil látigos golpea la piel
de los durmientes. Los entierra bajo olvidos de bellos colores y apariencias.
Nada dejará para que tú lo reconozcas.
El viento roba... No, el viento
no roba. Soy yo el que le arroja las migajas de mi vida, alimentando así
parodias de metafísicos quejidos. Lanzo una piedra contra el viento. Por
favor, ¡que llegue hasta la orilla! ¡Que viva para siempre acariciada
por las olas! Que me demuestre que no estoy indefenso ante tu fuerza.
El viento entra por las playas
del norte y sale por los puertos del sur.
El viento limpia. Libra de rencores
los valles del interior, e hincha de sueños las velas marineras. Refresca,
alegra, conmueve. Susurran las palmeras canciones de amor bajo su influjo.
El viento limpia de brumas el
río. Dibuja un paisaje que nace entre algodones. Perfila contornos, conjura
islas. Quita el polvo a mis ojos huidizos. Me devuelve quien soy ante
los tuyos. El viento te llevará mis caricias sin tacto.
El viento limpia de agua las salinas.
Descubre tesoros que el pirata Cronos escondió hace eternidades. Albos
lienzos sobre los que escribir historias nuevas. Chispas inocentes y traviesas
que excitarán un paladar aletargado.
El viento limpia de calma los
océanos. La espuma baila para mí. Me grita su arenga guerrera. Oigo mi
nombre entre los truenos, y abro los brazos en respuesta. Acéptame, viento,
entre tus filas. Acéptame en tu ejército de soldados de bella fortuna.
¡Dame alas que me lleven a donde yo no sé llegar!
En el mar o en la tierra. Donde
el cielo quema o donde el agua arde. Lo mismo da: tu espíritu se me presenta
siempre indómito. ¡Nunca sabré controlar el viento que me lleva!
En Madrid,
20-8-01
(Revisado 20-11-2002)
Vuelo hacia tu ausencia
Ya estas alas de artificio me alejan de ti. Tus misterios,
poco a poco, se hacen indistinguibles a mi vista. Primero desaparecen
tus playas cobrizas. Después, tus aguas esmeraldas. Incluso los destellos
de tus volcanes van quedando atrás.
Ya no siento tu fuego secreto,
que mis manos, ahora frías, asieron en una postrera caricia. Te miré a
los ojos, sonreí, y mis últimas palabras prometieron un pronto reencuentro.
Me marché. Y sin embargo...
Ya me traicioné a mí mismo entre
tus grietas. Quedé perdido, enredado en cien jameos de agua solar. No
soy yo el que se aleja. Yo me quedé gritando tu nombre desde las alturas,
buscando torpe lo que no se me mostraba. Un nuevo fantasma vaga por tus
infiernos pétreos.
Ya intenté regalarte la humedad
de mis ojos. Pero la montura que me lleva es rápida: en otros suelos caerá
mi lluvia. Suelos que nunca te han visto, y que se preguntarán por la
razón de mi regalo.
Sobrevuelo desiertos extranjeros,
costas de tierras desconocidas. Borro el camino que trazaste hacia mí.
Ya en el horizonte me saludan
mis viejas paredes. Os traigo nuevas incertidumbres con las que torturarme.
¿Qué quedó en la isla? ¿Rompió mi presencia su rutina milenaria? ¿Se grabó
mi nombre en su piel quemada?
Ya se ven los campos de oro y
las montañas de nieve. Mi vida me espera. Me sonríe irónica, a modo de
bienvenida. Pero no me encuentra. Escarba en escalofríos y tristezas,
buscándome. No reconoce al viajero que regresa incompleto.
Ya se acerca el momento de deshacer
mi pobre equipaje. Traigo un frasquito de arena que robé con permiso,
un trago de agua con que ahogarme en privado, y una sonrisa indescifrable
que me miró una vez. Traigo el peso de las palabras no pronunciadas, y
la promesa de que algún día renacerán en mi garganta. También traigo frío
y soledad, pero eso aún no lo sé.
Comienza el descenso. Ya mi tierra
me envuelve. ¡Oh, Dios! ¡Devuélveme allá donde los sueños son reales!
No me veo capaz de vivir de nuevo en mundos imaginarios.
En Madrid
21-08-01
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