El módem de Gutenberg

El papel... Quizá el medio ideal para presentar información escrita. Aunque también perfecto para ser olvidado en una estantería, amarilleando sin ser leído. Es por esto que me he decidido a crear esta página, porque estoy harto de ver ese montón de papeles que genero permanecer ocultos en el fondo de un armario. Dicen que la literatura no es completa hasta que el lector, accediendo a la obra, cierra el círculo. Pues bien, quizá el transformar los átomos que componen mis modestas creaciones en bytes, quizá convirtiendo el venerado papel en carne de módem, consiga al menos cerrar algún círculo. Y si no es así... Quizá estando en Internet me ahorre el espectáculo de ver cómo mis cuentos desaparecen, devorados por sus propios ácidos.

Si has llegado a esta página... Que sepas que eres bienvenido, y que estás invitado a quedarte todo el tiempo que desees (si es que realmente deseas emplear tu tiempo aquí, claro). Y si eres de la clase de persona capaz de permanecer en este lugar más de cinco minutos, entonces probablemente me interesará cualquier cosa que tengas a bien decirme. Para ello, simplemente escríbeme esta dirección:

josejrueda@gmail.com

Este año, y esta vez va en serio, cambiamos de milenio. ¿Qué mejor ocasión para llevarme de paseo al venerable Gutenberg por las autopistas de la información?

 

Jose Jesus García Rueda

21-12-00

 

  • La soledad del Tábano (Madrid, noviembre de 1994): Este relato nunca pretendió ser ciencia-ficción, y aún hoy creo que no lo es, pese a que toda la narración esté poblada de elementos tecnológicos. Pero es sólo decorado. La historia es otra. Una historia que igual puede ocurrir en una nave espacial que en un autobús. Además de el contenido, otro aspecto merece ser comentado: recuerdo muy especialmente la forma en que compuse la narración. Fue una expecie de experimento. Se trataba de lograr coherencia partiendo de un conjunto dispar de ideas básicas. Y el resultado no es del todo malo, a mi entender.

    Este resultado que flota en el vacío del espacio, y que cuenta la historia de una llama capaz de iluminar la soledad. Pero ésta última es una traidora enemiga, y sabe que la llama no puede mantenerse encendida mucho tiempo en aislamiento...

  • Corriendo (Madrid, abril de 1996): Releyendo ahora este relato, y contemplándolo con ojos nostálgicos, no me parece tan extremadamente malo como cuando lo escribí. ¿Qué más se podía pedir a un par de horas de escritura alocada y presurosa? Ahora, su exceso de moralina mal disimulada me hace hasta gracia. Será que me trae recuerdos. Será que las ideas expuestas no han perdido vigencia en mi cabeza. No sé.

    Lo cierto es que la prisa sigue siendo la eterna amenaza. Que nos gastamos en un movimiento perpetuo y acelerado. Últimamente me pregunto dónde está el pensamiento que perdemos en la acción.

RELATO LEÍDO EL SÁBADO 7 DE MARZO DE 2008 EN EL PROGRAMA DE RADIO "BREUS", DE LA RKB (RADIO KANAL BARCELONA, 106.9 FM. PULSAR AQUÍ PARA ESCUCHAR EL RELATO.

 

  • Otoño (Madrid, abril de 1996): Este relato supuso un punto de inflexión importante en mi aprendizaje como escritor (aunque esta palabra me viene un poco grande): fue el primero que realicé tras leer un par de libros que me influyeron muy especialmente. Uno de ellos "La sonrisa etrusca", de José Luis Sanpedro, en cuyas páginas aprendí que se podía desnudar un alma en la simplicidad de lo cotidiano. El otro, y quizá más importante para mí, fue "El cuento de nunca acabar", de Carmen Martín Gaite. Este libro me ensenó lo que significa la literatura, la belleza intrínseca que tiene el hecho de narrar una historia.

    Una historia... La historia de una persona capaz de catalizar las almas. La historia que de nuevo nos advierte de que el otoño hará caer las hojas.

 

  • Adiós (Gijón, agosto de 1996): Muchas cosas cambiaban aquel año para mí. Era el final de mi etapa universitaria, el final de mi vida dentro del camino marcado por los usos educativos de este país. Era un momento en el que estaba diciendo adiós a a todo un mundo y, como suele ocurrir en estos casos, todo sucedió demasiado deprisa, atropellado por la llegada del futuro. Así que ese verano, estando de vacaciones en Gijón, mientras mis amigos dormían la siesta, comencé a escribir este relato.

    Un inmenso adiós. Porque cuando sabes que nunca volverás a ver a alguien, nada puede evitar una despedida.

 

  • El viejo y la muerte (septiembre de 1996): Un pequeño homenaje y a la vez un pequeño experimento. Un intento por escribir algo que me era ajeno, pero que a la vez, en cierta manera, conocía muy bien. Perdonad que no sea más explícito, pero no me apetece contar más. Me basta con que refleje parte de mis recuerdos, a la vez que inventa pensamientos que nunca tuve. Un pequeño retazo de recuerdo, para que todo quede grabado en mi memoria.

    Mirar atrás en el lento escenario de un pueblo. Mirar y ver que la desembocadura está cerca, pero que el camino fue animoso y fuerte. Y aún lo es.

RELATO LEÍDO EL SÁBADO 23 DE FEBRERO DE 2008 EN EL PROGRAMA DE RADIO "BREUS", DE LA RKB (RADIO KANAL BARCELONA, 106.9 FM. PULSAR AQUÍ PARA ESCUCHAR EL RELATO.

 

  • La despedida (octubre y noviembre de 1998): Hace unos meses alguien me dijo que esto que yo hacía en textos como el presente era algo así como "prosa poética". Lo cierto es que me quitó un peso de encima, pues hasta el momento yo lo catalogaba de rareza, sin más: algo demasiado soso para ser poesía pero también demasiado floreado como para considerarse prosa. Lo que no ha cambiado es el gusto que siento haciendo textos como éste. Son los que saco de más adentro.

    Y llegó el momento de marcharse. Aquel verano maravilloso terminaba, y tenía que dejar la ciudad. Esa urbe magnífica de la que me enamoré. Imposible olvidarla.

 

  • ¿Incertidumbre? (Madrid, octubre de 1999): Mi primer, y hasta el momento único relato de ciencia-ficción. Un modesto homenaje a Isaac Asimov y a todos aquellos genios del género que no lo conciben como simples aventuras en el espacio, y que saben que la verdadera protagonista aquí es la ciencia (incluyendo, ¿por qué no?, las ciencias humanas), y no las naves espaciales y las pistolas de rayos.

    Educación, tecnología, física, y, presidiéndolo todo, el Tiempo, ese gran enigma que mueve las manecillas del inmenso reloj en el que vivimos. ¿Libertad o destino?

 

  • Te esperaré (Madrid, septiembre de 2000): Estoy convencido de que este relato marcará un antes y un después en mi forma de escribir. Por primera vez (aunque esto ya empezaba a ocurrir en "Incertidumbre") escribo plenamente consciente de lo que hago. Cada frase, cada palabra, el relato en su conjunto está cuidadosamente planificado y desarrollado. Nada es casual. La historia busca la lectura múltiple, la complejidad narrativa, mientras que el estilo trata de cuidarse al máximo. Por primera vez he mimado una obra, la he acunado buscando realmente algo que mereciese la pena. Tanto es así, que tengo miedo de no volver a lograr lo mismo.

    Hay ocasiones en que nuestro destino parece estar escrito, por aparcérsenos el pasado eternizado en el futuro. Y quizá sea cierto. Quizá se escribió cuando éramos niños. Quizá fue entonces cuando comenzamos la espera...

 

  • Lancelote (Lanzarote-Madrid, agosto de 2001. Revisado en noviembre de 2002): He aquí otro texto que no sabría muy bien cómo definir. Ni relato ni poesía, tendremos que volver a apuntarnos a aquello de la "prosa poética". Ahora bien, eso no quita para que sea uno de los textos que han salido de más dentro de mí. Tanto es así, que con toda probabilidad resultará ininteligible a casi todos. Quizá debería hacer como los pintores, y reservar esta obra para mi colección personal. Pero creo que es mejor que esté aquí, donde pueda adquirir una vida propia, una objetividad a la que, sometiéndola a encierro, nunca podría acceder...

Si hay un lugar donde se realice el contrabando entre el cielo y el infierno, ese es sin duda la isla de Lanzarote. El rincón donde ángeles y demonios parecen darse la mano, aprisionando almas en el embite.

 

  • Tartán (Madrid, abril de 2002): Este es el primer relato serio, esto es, no un pequeño ejercicio, que escribí desde que empecé a trabajar con la gente de la Casa del Reloj, y muy en especial con los amigos que al final formamos el grupo de escritores "Hilaro Tejedor". En el seno de ese grupo, trabajando conjuntamente en nuestra obra "Entretelas", a la cual pertenece el presente relato, corrigiéndonos unos a otros, releyendo, reescribiendo... he aprendido muchísimo. Y mucho más que aún espero seguir aprendiendo con ellos. Porque además, con escritura o sin ella, ¿quién podría rechazar echarse unas risas delante de sendas copas y tapas, con gente como esa? Pues lo dicho, que aquí queda este cuento, cuya condición inicial era bien sencilla: tenía que girar en torno a una tela o tejido.

    Los sueños son aquel lugar eterno donde nos refugiamos de la realidad. Aunque en ocasiones es la realidad la que viene a rescatarnos de nuestros propios sueños...

 

  • El idilio inquebrantable de mi amigo Antonio (Madrid, primavera de 2002): Es éste un relato ligero, escrito con cierta ironía, quizá, o mejor, con una sonrisa medio pícara, de burla condescendiente ante la ingenuidad... Qué sé yo. El caso es que encaja muy bien en ese tono "fermoso y florido" que suele suponérsele a la primavera. En fin, supongo que, recién terminada mi tesis doctoral, yo mismo me sentía ligero, o más bien "aligerado", y no estaba para tormentos ni desgarros de ropa demasiado serios ;-)

    ¡Qué hermoso es el amor profundo, verdadero y, sobre todo, a distancia! ¡Qué indestructible la fantasía del ser amado y del enamoramiento sin átomos! Qué... fantasía.

 

  • Recursión (Madrid, agosto de 2002): Este relato es el resultado de un experimento que probablemente me vino grande. La idea me surgió mientras discutíamos temas de metanarrativa y metalenguaje. Entonces aquello se me juntó con mi labor como profesor de programación de ordenadores, y pensé que sería interesante escribir un texto en el que se reflejase de alguna manera el concepto de "recursión" (entendida desde el punto de vista informático) Esto es, un texto que de alguna manera se fuese llamando a sí mismo a fin de poder desarrollarse, hasta llegar a una conclusión que produjese la vuelta atrás, con la consiguiente resolución del problema inicial. Y lo que salió fue esto...

    La vida va pasando, y parece comportarse a veces como una fórmula matématica, donde dándole valores a la variable edad podemos descubrir tantas cosas...

  • Caudal oscuro (retrato de un cuadro) (Madrid, septiembre de 2002): El nueve de septiembre de 2002 fue domingo. Lo recuerdo bien porque el día antes, sábado, descubrí por casualidad un museo del que hasta el momento no había tenido noticia: el Museo Municipal de Arte Contemporáneo. Lo cierto es que me encantó. No sólo por la calidad de las obras expuestas, sino porque algunas, sólo con verlas, sugerían mil historias que llevar a otros tantos relatos. Por ejemplo la pintura "Caudal oscuro". Me quedé clavado delante de ella. Lástima no recordar ahora el nombre del pintor, pues me gustaría citarlo aquí. La fuerza del cuadro era tal, que en pocos segundos mi cabeza había imaginado, sin ningún esfuerzo, un cuento sobre él. Como si el mismo cuadro me lo estuviese contando. Tanto es así, que pasé toda la mañana del domingo siguiente dándole vueltas a este pequeño relato.

    Hay momentos en la vida de las personas tan especialmente dramáticos, que sólo podemos verlos en nuestra memoria con los colores de los sentimientos que nos inspiraron.

  • Bichitos (Madrid, principios de octubre de 2002): Este es uno de los relatos que más he dudado en incluir aquí. Y no será el último. Lo cierto es que no es casi ni relato, sino tan sólo un pequeño ejercicio. Un "bueno, venga, vamos a llenar unas líneas, por hacer algo". De ahí mi reticencias: puestos a mostrar "mi obra", que sea obra de verdad, y no pequeños entrenamientos. Pero al final ha decidido que aquí hay sitio también para apuntes como éste. Total, han sido escritos por mi mano tanto como los otros. En ese sentido, voy a aceptar los principios de Isaac Asimov, que no gustaba de guardarse nada de lo que escribía, independientemente de su calidad. ¿Un planteamiento discutible? Ciertamente. Pero quién sabe, a lo mejor no es tirarme piedras contra mi propio tejado, al menos no tanto como pueda parecer. A alguien aprovechará... ;-)

    ¿Quién no se ha pasado tardes enteras buscando culpable cualquier cosa que le distrajese de una labor poco apetecible, tediosa? Llámese falta de concentración. Llámese buscar...

  • La persiana (Madrid, octubre de 2002): Al igual que el anterior, éste es uno de esos relatos que uno no sabe bien si llegan a serlo o se quedan por el camino, en algún punto difuso entre la narración completa y el simple ejercicio por capricho. Aunque sospecho que en esta ocasión se trata de un texto más cercano a lo primero que a lo segundo. Al menos más cercano que el anterior. Releyéndolo, me parece incluso ver un pequeño fondo detrás de la apariencia sencilla e inocente. Como si la historia se sintiese incómoda aceptando una condición de simple ejercicio, y se forzase por demostrarme que tiene entidad propia. Sea como sea, me ha gustado releerlo. Así las cosas... ¿para qué seguir elucubrando? :-)

    Qué mala cosa que te invadan la intimidad. Peor, qué mala cosa que exista la posibilidad de que alguien pueda invadirla. Qué desconcertante. Debería poder cerrar esa persiana...

  • Ácrono sin destino (una tragedia casi griega) (Madrid, finales de octubre de 2002): La intención inicial al escribir este relato (con forma de pequeña obra teatral) era imitar la temática y el estilo de las obras griegas clásicas, como por ejemplo Edipo Rey, de Sófocles. Supongo que el estilo está más o menos logrado, pero la temática... en las obras griegas el destino (por definición) es algo inmutable, mientras que aquí... De ahí lo de "una tragedia CASI griega". En otro orden de cosas, me resulta muy curioso releer este relato, porque una y otra vez me doy cuenta de que no estoy deacuerdo con la idea que transmite. Lo curioso es que cuando lo escribí... menos aún. Supongo, de todas maneras, que era difícil para mí escribir algo en esta línea con lo que no disentir: el mero hecho del destino inmutable ya me rechina bastante.

    ¿Qué les ocurre a los hombres que intentan cambiar su destino, a los que no se conforman? ¿Le gustará al Destino que alguien intente desafiar su infalibilidad?

  • Mariposa nocturna (Madrid, noviembre de 2002): Lo cierto es que cuando escribí este relato pensé que me había salido un "miniculebrón" de lo más televisivo. Una especie de "tragedia-genera-lágrimas-fáciles" de lo más trivial. De hecho, es que la historia está de lo más trillada. Sin embargo, la gente que lo leyó en un principio pareció opinar de un modo diferente. Cierto que la historia no destacaba por ser precisamente original, pero me decían que la forma de contarla, que el enfoque adoptado, que el juego narrativo con la mariposa en el relato le hacían ser mucho mejor de lo que el argumento hubiese podido indicar en un principio. Quién sabe. A lo mejor tenían razón. Yo, que aún sigo pensando (aunque ahora con más reticencias) que esto no es más que un culebroncito mono, me he inclinado al final por pensar que, quizá, las cosas de las letras casi nunca son tan triviales como parecen...

    RELATO GANADOR DEL SEGUNDO PREMIO EN EL CONCURSO DE RELATO DEL CLUB IBERIA 2004

    Un insecto entra por una ventana una noche. Un simple insecto. Con obsesiones, anhelos, tristezas, recuerdos... Un insecto, en definitiva. Un simple insecto.

  • ¡Don Sixto se muere! (Madrid, noviembre de 2002): Este relato me trajo de cabeza durante algunos días. Un relato de humor. Debía ser un relato en tono de humor. Aquello escapaba a mis posibilidades. ¿Qué mejor motivación? Empecé a darle vueltas, lo reescribí cien veces en mi cabeza, decidí cambiar mi estilo habitual... Algún testigo tengo por ahí de la pequeña "obsesión" que yo mismo me cree. ¿Y al final? Bueno, digamos que de humor no salió, como era de esperar, pero sí que creo que al menos provoca una pequeña sonrisa, aunque sea acompañada de una lágrima. Lo que más recuerdo del tiempo que pasé escribiendo este relato, es que cuando me sentaba delante de las hojas en blanco, las frases salían solas. En definitiva: lo ideé a trompicones, pero lo escribí de un tirón. Y creo que no quedó mal del todo...

    RELATO GANADOR DE LA VII EDICIÓN DEL CERTAMEN "LA PLUMA EXACTA", AÑO 2003.

Cosa curiosa es la razón, que cuando nos empeñamos en usarla a ultranza, en llevarla hasta sus últimas consecuencias, suele desembocar en los mayores absurdos.

  • Cristales (Madrid, diciembre de 2002): Parece complicado. O un absurdo, quizá. ¿Qué estará contando este relato tan extraño? Y sin embargo su lógica, la historia que se hay por debajo de las palabras no es tan extraña, si se mira desde un punto de vista adecuado. Aunque quizá, pensándolo bien, pueda no resultar sencillo localizar ese lugar, esa perspectiva que permita que todo cobre sentido. Conocer el tema de la narración sería una pista definitiva, pero ese se quedará entre bastidores. Porque si te explican un relato... ¿qué gracia tendrá entonces leerlo?
  • RELATO PUBLICADO EN LA RECOPILACIÓN "PRIMADUROVERALES.CUENTOS", DE VARIOS AUTORES; AÑO 2008.

¿Quién o qué es la imagen que nos espera tras el cristal, que nos observa y a su vez se pregunta sobre nuestra identidad de observadores?

  • Las preguntas (Madrid, diciembre de 2002): Hacía mucho tiempo que andaba detrás de escribir un relato que hablase de lo sencillo que puede resultar matar cuando se anula la razón, cuando se eliminan las dudas. De hecho, tenía medio escrito algo al respecto, aparcado en una carpeta desde muchos meses atrás. Estaba atascadísimo. La historia se empantanaba sin llegar a ninguna parte. Entonces leí el reportaje sobre Andaleeh Takatka, una muchacha palestina kamikaze. Esa era la historia que necesitaba para contar lo que mi relato hasta entonces no había podido.

    Matar es fácil. Terriblemente fácil. Un gesto. Un pequeño movimiento. Pura mecánica. Pero para conseguirlo hay que negar la propia mente. Algo muy difícil. Afortunadamente.

  • No hay trenes (Madrid, invierno de 2003): Lo cierto es que las ideas expresadas en este relato las tenía rondando por la cabeza desde tiempo atrás. La pena es que al final me saliesen tan "claras". Me explico: no creo que sea bueno escribir un relato que no se molesta en disimular ni lo más mínimo las ideas que pretende transmitir. Se corre el riesgo de transformar el relato en un panfleto, y que por lo tanto deje, incluso, de ser "literatura". Pero lo doy por bueno, ya que resultó casi una terapia y, cuanto menos, un desahogo. Eso sí, a partir de ahora procuraré no ser tan explícito...

    Es curioso ver a la gente correr detrás de los trenes. ¿Tanto se pierde si se pierde un tren? Claro, que aún más curioso resulta si se corre detrás de trenes en un país donde no existe el ferrocarril...

  • La gallina y el Empire State (Madrid, febrero de 2003): Un día, caminando por Madrid, escuché cacarear una gallina. No me encontraba cerca de una granja, ni en un suburbio de las afueras (si es que aún quedán de esos) Estaba en medio del casco urbano de una capital de más de tres millones de habitantes, y había escuchado cacarear a una gallina. El sonido venía de una azotea cercana. Quizá soy demasiado urbanita, pero la verdad, me resultó de lo más chocante. Tanto es así, que a mi cabeza le dio por llevar esa anécdota un poco más lejos, darle una pequeña vuelta de tuerca y...

    En la capital del mundo moderno, en el corazón de todas las ciudades, un hombre persigue a una gallina. Un hombre sin nada persigue una gallina. Pero ésta no es fácil de atrapar...

  • Me quedo con tus ojos (Varsovia, marzo 2003): Siempre pensé que había un único inconveniente en el viajar: tener que hacer el equipaje. Hasta que me descubrí en una ocasión con una carga de melancolía mayor de lo habitual a todo fin de viaje. Y después, cada vez que regresaba de algún lugar, esa carga iba aumentando, poco a poco, pero sin parecer con intención ninguna de detenerse. Eso sí que es un inconveniente. Supongo que en el fondo de esto va este pequeño texto, que no llega ni a relato, de la sensación de dejar atrás un mundo entero, aunque sólo hayas estado unos días en él. Y de la encarnación de ese mundo en una mujer.

    Los ojos de una mujer, y sobre todo la mirada que ellos materializan, es la entrada a un abismo que recoge el universo entero. Y siempre es difícil dejar atrás un universo.

  • Destinos (Madrid, marzo de 2003): Se me hace complicado comentar este cuento, porque lo que me gustaría decir sobre él haría desvelarse parte del juego que contiene. También podría indicar que no se lea este comentario hasta finalizada la lectura del relato, lo que, dicho sea de paso, debería aplicarse al resto de cuentos, pero no está en nuestra naturaleza, al menos no en la de la mayoría, ese tipo de espera. Así que me limitaré a comentar que el pequeño "juego de coordinación" realizado fue cuanto menos interesante, y hasta divertido quizá. Sólo espero no haber sacrificado nada por él...

    Había una vez un hombre que murió por casualidad. Él sufría, gozaba, odiaba, sentía... Pero al final murió por casualidad. O quizá porque la casualidad no lo evitó. O quizá porque la Casualidad quisó jugar a ser Destino...

  • El sueño de Ania (Madrid, primavera de 2003): Este es el segundo relato (si es que "Me quedo con tus ojos" puede considerarse como tal) que escribí a raíz de mi viaje a Varsovia. Relato incomprendido y poco apreciado por la mayor parte de aquellos que han llegado a leerlo, es uno de mis favoritos. Quizá por como llegó a "obsesinarme suavemente" durante su concepción. Llevaba algunas semanas dándole vueltas la historia de la mujer de la piscina, pero aquello no terminaba de aterrizar. Entonces, tras salir de un restaurante de la capital polaca, Ania se introdujo en el relato y todo se arregló. Ambas mujeres empezaron a dibujarse la una a la otra, como las dos manos de Archer...

    El tedio de una tarde de verano en la piscina. En la pesadez del calor y el olor a cloro, quedarse dormido mientras se escribe. Soñar. Ania también sueña en su casa de Varsovia, y todo son reflejos...

  • Anoche (Madrid, primavera de 2003): Este poema es el fruto de una apuesta, o mejor, de un reto: un amigo me propuso escribir una poesía erótica, pero indudablemente erótica, esto es, nada de veladas alusiones, aunque tampoco obscenidad grosera. A decir verdad, no sé si me lo planteó como un reto verdaderamente, o fui yo el que transformó la sugerencia hasta convertirlo en tal. Al fin y al cabo, no es que me prodigue mucho en la poesía, casi no recuerdo cuántos años pasaron desde la última que escribí antes de ésta, y menos aún en el género erótico. No me atrevería a decir que salí bien del lance, pero lo cierto es que quedé bastante satisfecho con el resultado. (Nota: dada la naturaleza de este texto, no me ha parecido oportuno colgarlo aquí directamente. Por aquellos de los niños y las sensibilidades y tal. Si alguien quiere leerlo, no tiene más que pedírmelo directamente al correo electrónico: rueda@it.uc3m.es)

    Qué hermoso perderme anoche en tu cuerpo, y encontrarme con tu alma en el camino, cuando ya no sabía si tus temblores eran tuyos o míos. Qué hermoso anoche, cuando te amé. Qué hermoso.

  • El autista y las nubes (Madrid, junio de 2003): Éste es un relato extraño, alegórico... raro, quizá sea la palabra. Es una metáfora a la que probablemente habría que haber recubierto con una capa más gruesa de historia. Aunque bien pensado, el personaje principal tiene poca historia que ser contada, y en eso radica precisamente su esencia y la de todo el relato. Al menos, poca historia visible que ser contada... Es el observador impasible del mundo, enternamente mirando el agua sin meter nunca un pie en ella. Me atrae ese tipo de personajes, que nunca hacen que suceda nada, y para los que todo sucede... fuera.

    El autista contempla el mar en una playa desierta. Por siempre contempla el mar sin moverse, sin hacer un sólo gesto. Y sin embargo, una nube se aproxima...

  • Las marcas (Madrid, junio de 2003): Mi lectora favorita, una vez hubo leído este relato, me dijo que yo no tenía remedio, que hasta cuando intentaba hablar de perversiones, me salía algo romántico. A mí me gusta pensar que no es ni una cosa ni la otra, aunque tenga dosis de ambas. La perversión, aparente protagonista, no es en realidad más que un escenario, un entorno en el que situar todo lo demás. Por lo tanto, a la postre, no se trata, como pretendí al comenzar a escribirlo, de un relato de perversiones, eso es absolutamente cierto, sino un relato que utiliza la perversión como excusa. Aunque, eso sí, espero haberle sacado buen partido a las enormes posibilidades narrativas que ofrece, en potencia, tan escabroso tema... (Nota: de nuevo, y ahora con más razón si cabe, conviene abstenerse de colgar aquí el relato, por los mismos motivos que en el poema anterior. Como en aquel caso, el que quiera leerlo no tiene más que pedírmelo a mi dirección de correo electrónico: rueda@it.uc3m.es)

Para unos el pasado es el instante que acabó con todo lo demás. Para otros el presente es un orden inmutable. Para todos... para todos los días son tan difíciles...

  • ROOMS (Playa de Langre, Cantabria, agosto de 2003): Camino de Santander con unas amigas, donde íbamos a asistir a un curso impartido por Lobo Antùnez, pasamos con el coche por decenas de pueblecitos y aldeas de montaña. En una de ellas, en el cartel de un hostal, aparecía la palabra "ROOMS" en letras rojas, junto a los más típicos "Productos de la tierra", "Comida casera", etc. Me pareció llamativo, no sé. Supuse que detrás de aquello había una historia. Una historia que podía inventarme, quiero decir. Así que una semana después, cuando, en la playa al atardecer, una de mis amigas me propuso escribir cada uno un relato en una hora, a ver qué salía, como colofón a una semana tan literaria, yo jugaba con ventaja: la historia que escribí llevaba ya días dando vueltas por mi cabeza...

    ¿Y si el sueño finalmente se presenta? ¿Y si lo que anhelamos, nuestro deseo, se materializa ante nosotros, y sólo tenemos que alargar la mano para cogerlo? ¿Qué haremos entonces?

  • El hombre de las fotografías (Madrid, octubre de 2003): Éste es, como tantos otros, un relato extraño, que incluye, bien mezclados y casi revueltos, un anciano violinista, unos versos de Juan Ramón Jiménez, una mención a la paradoja del gato en la caja y un narrador poco hábil. En lo del narrador está la clave de todo lo demás, supongo: yo le di voz, le dejé hablar, y ésta es la rara historia que le dio por contarme, así, de tirón. Por cierto, lo de ir al Auditorio Nacional y quedarme sin poder entrar... es absolutamente verídico. ¡Ah! Y también había por los alrededores un violinista... ;-)

¿Cómo saber qué aspecto tendrá el mundo cuando ya no estemos en él? ¿Cómo será el bar, el parque, la calle por la que pasamos cada día? ¿Cómo saber qué cambiará con mi marcha?

  • Los amores torpes (Madrid, octubre de 2003): Aunque escrito algunos meses después, este relato es todavía resultado del viaje a Santander, a los cursos de verano. De nuevo iba yo en el coche, cuando en un descanso de la conversación surgieron a nuestro lado, en la carretera, varias grúas. Dos de ellas parecían haber sido congeladas en mitad de un abrazo, como si su propia rigidez metálica no les dejase completar el gesto. No había violencia o rabia en aquellos amantes resignados, tan sólo tristeza. ¿Qué mejor excusa para escribir sobre las torpezas que, de vez en cuando, comete el Amor?

Dos grúas no pueden abrazarse en mi memoria, mientras ese hombre del autobús se desespera en el móvil, y una loca grita. Algo no está bien. Algo se equivocó.

  • Aurora innoble (Madrid, octubre de 2003): Este pequeño cuento lo inspiró una fotografía. No se trataba de una fotografía relacionada conmigo, siquiera. Era tan sólo un recorte de periódico, una pequeña imagen en blanco y negro, que igual podía ser un fragmento de un cuadro o una reproducción de una fotografía antigua. Probablemente era esto último. Era el retrato de una mujer, una mujer de expresión dulce rodeada por la neblina típica que pone en tiempo en las fotos antiguas. Me parecío que sus ojos y su cabeza ladada se despedían .

Hay cosas que sólo son presente. Que nunca comenzaron y nunca terminarán, y aún así duran sólo un instante. Para ellas no existe el orden natural de las cosas.

  • Sin número (Madrid, noviembre de 2003): Lo mejor de este relato, sin duda, o al menos de su historia como tal relato, es que lo concebimos entre dos, durante una cena maravillosa en un restaurante favorito. Yo andaba buscando una idea, y entre plato y plato planteé la búsqueda a mi acompañante. El resto, por supuesto, fue tan sólo jugar. Un juego más :-) Luego, en los días posteriores, me encargué de escribirlo, desarrollando la idea original en una trama algo más elaborada. Así que de todos los achaques que presenta este relato, tal y como aquí se muestra, hay que culpar a mi falta de habilidad para sacar buen partido de la mejor de las inspiraciones.

Leonor, buscando orden, llegó al convento. ¿Cuándo fue que el orden se volvió demasiado? ¿Cúando despertó la loca entre los números perfectamente ordenados?

  • La navaja (Madrid, febrero de 2004): Dicen los que saben del cerebro y la mente, o al menos me dijeron una vez que dicen, que la consciencia, ese fenómeno que nos permite darnos cuenta de nuestra propio vivir, se da en un punto de equilibro delicado, justo entre la locura caótica y el automatismo maquinista. Esa idea fue la que inspiró este relato, una tarde de invierno aparcado en un parque. Supongo que la tarde era gris, e incluso lluviosa, aunque feliz sin duda, y todo ello ayudó a describir lo que no tiene colores, ni formas ni sonidos. Por cierto, gracias a "I never promised you a rose garden", por haberse dejado leer una vez.

La batalla eterna entre Locura y Razón se lucha en los espacios infinitesimales de cada mente. Todos los Sardnevs del mundo viven en la ausencia de vencedor.

  • Hay días que invitan a viajar (Madrid, mayo de 2004): ¿No os ha pasado nunca tener la sensación de que haces enormes esfuerzos, vences mil dificultades, batallas con lo que haga falta, para seguir caminando hacia algo que no deseas? Bueno, quizá sería más adecuado preguntar si ha habido muchas veces en que no haya sido así... En fin, que este relato nació de esa enojosa y cabreante idea, junto con un viaje en tren, y de la unión de ambas cosas, al final surgió una terapia de lo más mona...

RELATO FINALISTA DE LA 22ª EDICIÓN DEL PREMIO DE CUENTOS "CIUDAD DE ELDA" (2006)

Hay días que amanecen invitando al cambio, al movimiento. Días en los que de repente la conciencia parece aún más consciente, y nos pone en el aprieto de la decisión...

  • Haz el amor conmigo (Madrid, junio de 2004): Este texto, que casi ni a relato llega, amenaza con ser tan solo un pequeño ejercicio de estilo, en la frontera con el microcuento, pero faltándole quizá la rotundidad necesaria para llegar a serlo. Es la congelación de un instante, tanto en el relato como en la mente de su autor: un momento, unas pocas palabras, y queda a medio desvelar una historia en la que el lector no tiene más remedio que tomarse la licencia de imaginar. La pregunta "Pero entonces, ¿qué había pasado finalmente?", no ha demasiado lugar: pasó que los personajes estaban allí y hablaban. Y como traían las alforjas bien cargadas, fue más que suficiente.

No querer y no saber por qué. No necesitar razones y temer buscarlas. No saber qué pasa y desear que pase rápido para dejarlo atrás. ¿Por qué no quisiste hacer el amor conmigo?

  • Mirarse dentro (Madrid, agosto de 2004): Desde el verano anterior llevaba dándole vueltas al germen de este relato, inspirado en un grabado de Dalí. En él se ve a un hombre desnudo y abierto en canal, que merced a un extraordinario cuello, parece aprovechar las circunstancias para echarle un ojo a sus interioridades. Allí no encuentra vísceras y fluidos corporales, que esto no es una historia de casquería, sino otro tipo de estructuras, menos biológicas pero con más carga de significado. Bien, pues entre unas cosas y otras, al final un año entero aguardó su turno esta idea, hasta que llegó un nuevo verano en el que nació la irónica mirada de este relato.

    Aquella mañana, el carpintero se había despertado con ojos de resolución. Estaba excitado y no era para menos: hoy, por primera vez en su vida, iba a mirarse dentro.

  • ¡Qué lástima, Madre! (Madrid, octubre de 2004): Conocí hace tiempo a alguien perfeccionista en extremo, y lo que es más grave, aún demasiado joven como para haber aprendido a sacar partido de su particular manía sin desquiciarse. Y un día pensé: "Anda que, el día que esta persona se enamore...". Entonces me detuve un momento, porque claro, ¡que bueno sería tratar de imaginar lo que un perfeccionista extremo podría hacer con una relación amorosa! Así que me puse a ello, y sí, resultó tan entretenido como imaginé.

RELATO FINALISTA DE LA 22ª EDICIÓN DEL PREMIO DE CUENTOS "CIUDAD DE ELDA" (2006)

Qué lástima Madre que no haya venido a ese espectáculo de entierro, que ni un detalle le faltaba. ¡Qué amante tan perfecto era este chico... !

  • El saco (Madrid, octubre de 2004): Hay veces en que estás relajado, perezoso, convencido de que no vas a escribir nada porque ni te apetece coger el lápiz. Entonces entre el aletargamiento se enciende una pequeña chispa de idea. Y la observas claro, que por algo estás ocioso. Y cuanto más la observas más crece, y se llena de más ideas. Entonces, de repente, tienes un relato, y la necesidad de ponerlo en un papel se vuelve prioritaria y única. Así nació este pequeño cuento, escrito en el trayecto en tren que me devolvía a casa tras la jornada de trabajo, el día de mi cumpleaños. Me encanta.

RELATO SEMIFINALISTA DEL XXV CONCURSO LITERARIO DE CUENTOS "NUEVA ACRÓPOLIS"

¿Cuánto tiempo tarda en llenarse un saco? Toda una vida, si es que el saco es aquel que nos encontramos un día, cuando jóvenes, y ya no podemos soltar. Aunque alguien nos pida hacerlo.

  • Una historia de peces (sin colores) (Madrid, noviembre de 2004): Este relato nació en mitad de una ducha compartida, o casi compartida, pues quizá uno entraba cuando el otro ya estaba acabando. El caso es que nos tirábamos, entre bromas, puyitas sobre la naturaleza de féminas y masculinidades, cuando se me ocurrió pensar, y casi al mismo tiempo decir, que los hombres y las mujeres eramos como... bueno, como lo que se describe en el relato, más o menos. Yo por esos días andaba buscando una historia en la que dos caminos se cruzasen, y mira tu por donde, la historia se presentó entre champús y jabones. Bueno, no me parece mal sitio, la verdad :-)

Podemos concluir que los peces de este río se dividen en dos subespecies, provenientes ambas de un tronco común, que conviven en sus aguas en armonía las más de las veces, en abierta disputa otras, pero nunca, repito, nunca, en indiferencia...

  • Amadi sentado (Madrid, febrero de 2005): Esta historia tiene saborcillo a misterios africanos, a leyenda con leones y tambores tribales de fondo, aun cuando el tema tratado pretende ser de lo más universal. Como en toda historia con tintes exóticos que se precie, abundan los símbolos por todas partes. Sin embargo, tuve bastante cuidado de que no convirtiesen la historia en un relato simbólico sin más. Así, el relato mezcla todo tipo de emociones, placidez, dolor, deseo, tratando de envolver al lector en los sudores mágicos de Amadi, en esos esfuerzos que concluyen con la felicidad de los retos bien acabados ;-)

Amadi era un hombre feliz. Miró el silencio de la sabana, los reflejos de su arena bañando los juegos de los hijos menores. Miró el retrato que de su esposa hacía el sol en el aire...

  • El autobús (Madrid, abril de 2005): Tiene su miga esto del fluir de la conciencia. A la hora de utilizarlo como técnica literaria, me refiero. No sé si el intento me quedó más o menos logrado, pero más allá de este relato en concreto, no termino de ver clara esa pretensión de imitar el deambular descontrolado y azaroso del pensamiento. La verdad, no creo que sea posible capturarlo de veras en palabras, y aunque se pudiera, ¿sería inteligible, salvo quizá para la persona que lo "pensó"? No en vano para comunicarnos primero tratamos de dotar de estructura a nuestro discurso, modelando un poco el relampagueo del pensamiento... En fin, reflexiones aparte, aquí queda este relatito, al que, por si las moscas, traté de añadirle algo más, además del experimento con el fluir de la conciencia.

No estar enamorado, sino enamorarse. Puede tener sentido. Puede no ser lo mismo. Bonita nube. La única en todo el cielo. Y pequeña. Se respira bien aquí. Estar enamorado no es suficiente. Ummm... qué aire más fresco. Las nueve y media. ¡Lo que tarda este autobús!

  • El mal tiempo (Madrid, mayo de 2005): De vez en cuando apetece desmelenarse un poco, supongo, y así escribir historias sin más fondo ni doblez que buscar la emoción, el enganche, y quizá provocar cierto pequeño miedo... Éste es el caso del presente relato, que no es más que una historia a caballo entre el terror a la antigua usanza y las ambientaciones góticas. Un historia de fantasmas, ni más ni menos. Y además escrita con pasión, casi diría que con arrebato, pidiendo bolígrafos a mis compañeros de biblioteca porque mi portaminas se había gastado y no quería dejar de escribir, buscando rincones en los que poder seguir con la tarea, una vez que tuve que dejar mi puesto en la biblioteca, aprovechando cualquier hoja en sucio cuando hasta los folios se me acabaron... ¡Ójala a algún lector le enganche tanto leer este relato como a mí me enganchó escribirlo!

Me había incorporado en el lecho como en mitad de una pesadilla, sin haber estado soñando. Recuerdo la angustia, la falta de la respiración. Mis ojos dolían de tan abiertos, y sin embargo me moví como ciego, sin ver, sin mirar la lluvia cayendo como una ola...

  • Migas en la luz (Madrid, octubre de 2005): Ahora que compruebo las fechas, no me puedo creer que me pasase todo el verano de 2005 sin escribir nada. Y lo peor es que la única causa que se me ocurre para este parón es mi propia pereza, porque no consigo recordar ningún otro motivo. En fin, que cuando finalmente reanudé la actividad lo hice con este pequeño texto, un párrafo largo, nada más. Sea como fuere, este relato tan breve fue a la postre el prólogo de una de las temporadas que recuerdo con más satisfacción, en lo que a la creación literaria se refiere: el "curso" 2005-2006. Pero no adelantemos acontecimientos, que por el momento lo que tenemos entre manos son estas pequeñas migas... ;-)

Ayer, mientras estaba sentado en el suelo del salón, terminando un té a sorbos y un libro a bocados, descubrió que la tarima estaba llena de migajas, y sonrió. ¿Cuándo habían barrido por última vez? ¿Hacía una hora? ¿Ayer? ¿O ya había pasado una semana? Daba igual.

  • Locura y el invierno (Madrid, octubre de 2005): Este relato nació como inicial respuesta a un concurso que proponía escribir un cuento que tuviese que ver con el invierno. Y esa era sin duda mi intención al escribirlo, incluso si en aquel momento no tenía en mente nada relacionado con esa temática (lo cierto es que casi recién concluido el verano, miraba con bastante recelo a los fríos por venir...). Sin embargo ocurrió que la cosa se fue enredando, y que cuando me paré a pensar un momento la historia había crecido tanto en entidad que ya hasta se salía de los límites del concurso, empezando por el límite de páginas. Total, que al final ni lo presenté, pero a cambio obtuve uno de mis relatos favoritos...

RELATO PUBLICADO EN LA RECOPILACIÓN "PRIMADUROVERALES.CUENTOS", DE VARIOS AUTORES; AÑO 2008.

El señor Lukasiewicz, abrazado con fuerza al interior de su abrigo sin arrugas, atravesaba el invierno polaco con destino a Cracovia, donde iba a matar al mundo. Encogido en el trineo que lo llevaba, recorría de tarde en tarde, con ojillos sonrientes, el paisaje blanco y...

  • En la caja (Alcorcón, noviembre de 2005): Si poesía escribo una vez cada varios años, de teatro ya ni hablamos: probablemente no pasen de dos o tres los textos que he escrito en mi vida que puedan ser considerados como teatrales. Aunque sea teatrales pero poco. Bien, pues éste es uno de ellos. Es además una obra muy cortita (¿cinco minutos de duración, tal vez? ¿Menos, incluso?), un pequeño "entremés". Eso sí, chicha no le falta, creo, así como tampoco su dosis de salirse un poco de lo clásico: puestos a escribir por una vez una obrita de teatro, casi que más divertido si se hace de una manera que despierte extrañeza, que sea refrescante, ¿no? :-)

(Se encienden las luces del escenario y aparece un hombre durmiendo en el suelo, en el centro del escenario. Hay un montoncito de arena a un par de metros. Una luz amarilla y redonda brilla sobre el escenario, a la izquierda. El hombre se despierta...

  • El árbol (Alcorcón, noviembre de 2005): Mira tú por dónde, este relato está dedicado. Pero no a ninguna persona física, sino a un personaje literario. Acababa por entonces de leerme "El retrato de Dorian Grey", de Wilde, y aunque este relato mío no tiene nada que ver con aquella historia, de alguna manera creo que fue la malograda Sybil Vane la que inspiró su base. Por lo demás, un relato lleno de comida, lo que supone sabores, colores y texturas en la historia de una protagonista gris y aletargada. El sol se quedó en el primer párrafo...

Ha de ser hermoso morir a los dieciséis, pensó Sibila, mientras miraba a un grupo de adolescentes tontear al otro lado de la calle. Era la última hora de luz de un día de noviembre sin nubes. Por todas partes una luminosidad áurea y densa endulzaba paredes...

  • La casa al final de la calle (Alcorcón, enero de 2006): Releyendo este relato, acabo de corroborar que, efectivamente, es uno de mis favoritos. Ese viento que amenaza con barrerlo todo, con el apoyo del resto de elementos de la tormenta, la voz de los dos pájaros... Me encanta. Porque además en este relato intenté jugar un poco, convertir lo inanimado en protagonista, usar como testigos a seres irracionales y buscar, en definitiva, un relato que sólo existiese en el torbellino. En el torbellino de fuera y en el de dentro, en el torbellino de la casa y en el de sus moradores. El viento es ensordecedor.

La casa entera temblaba, expuesta al viento y a la noche. Habían anunciado la tormenta en televisión a mitad de la tarde, dando tiempo al vecindario para apuntalar cornisas y proteger ventanas. El barrio era ahora un sembrado de pequeñas fortalezas unifamiliares, habitadas...

  • El sonajero (Madrid, marzo de 2006): A este relato le tuve que meter, en su momento, una buena poda, para quitarle cierta dosis de ñoñería que quién sabe si habrá desaparecido del todo. Así que le agradezco mucho a mis compañeros de viaje en esto del escribir las indicaciones que en su momento me hicieron; porque yo ya me olía que en esa primera versión del relato algo no funcionaba, que se iba, que lo resquebrajaba de mala manera... pero claro, desde mi posición de cercanía no encontraba lo que era. ¡Y lo peor es que aún después de darme la pista de lo qué podía estar fallando, me resistía a introducir los cambios! Pura obcecación, vamos...

Nunca se le ocurrió que alguna vez terminaría regresando a la casa. Mientras el taxi se acercaba a la puerta de la finca, descubrió que, de alguna manera, hacía muchos años, su mente había retirado la casa de entre las cosas existentes. Quizá había dejado de tener sentido...

  • La contraseña (Coslada, marzo de 2006): Este relato es con el que participé por vez primera en un concurso de escritura rápida. Y como en casi todo lo que se hace por primera vez, pues como que se tiende a pecar de novato: usé el recurso fácil de emplear un narrador en primera persona con una forma de hablar un tanto arrolladora, me centré más en la anécdota que en crear una verdadera historia, escribí sin dedicar el suficiente tiempo a meditar primero sobre lo que iba a escribir... Pero con todo la experiencia resultó de lo más agradable, y el relato... bueno, supongo que los he escrito peores, no sé.

Entonces escuché la frase que tanto había temido o esperado: “Juan, tenemos que hablar”. Y me lo soltó así, de sopetón. Te juro que la taza  de té, hirviendo como estaba, se me congeló entre las manos. Que aquello era un palo. ¡Pero un buen palo! Ya ves, recién...

  • El buhonero en el camino de barro (Madrid, mayo de 2006): Me gusta mucho ese camino de barro por el que las cosas van y vienen, sobre todo van, y el buhonero que llega periódicamente por él, a traer o a llevarse quién sabe qué cosas. Me atrae la situación de la voz narradora, de la protagonista, el descubrimiento que va realizando y la determinación tomada. Y me gusta la figura del padre, velada, que nunca está pero que no se marcha. En definitiva, releyendo este relato vuelvo a darme cuenta de que no sé si será bueno o malo, si estará mejor o peor escrito, pero que sea como sea, me gusta mucho.

No, no creo que nunca otro buhonero vuelva a aparecer por el camino de barro. Ya es muy tarde, y los buhoneros no abundan. No esperes ver aparecer otro carro de magias y promesas. Ahora el camino está ahí tan sólo para que lo mire. Para que lo miremos...

  • Vuelo Madrid-Lisboa en barco (Alcorcón, agosto de 2006): Este relato lo escribí nada más regresar de unas vacaciones en un sitio que supondo quedará bastante claro tras la lectura de la historia (y que, por cierto, no es Lisboa). Se podría decir entonces que "fue inspirado" por ese viaje, que no es lo mismo que "estar inspirado" en el mismo: lo que hay aquí de ese lugar es el océano, la brisa, los barcos y, sobre todo, la felicidad de haber pasado unos días inolvidables (bueno, y también los aeropuertos, por qué no). El resto, desde los personajes a los hechos, es un pura invención. Una invención con la que me siento muy agusto, por cierto. Me encantó escribir este relato.

Todo había sucedido como estaba previsto, y hasta que sonó el anuncio, así parecía que iba a continuar. Habían llegado a la terminal dos del aeropuerto de Madrid Barajas a las 12:15 en un taxi, que tras recogerlos en su casa media hora antes, se había encontrado una...

  • La muerte de las estrellas (línea 10 de metro, noviembre de 2006): Es curioso como muchas veces aparecen en los relatos elementos que se cruzaron en la vida de uno muchos años antes. Elementos que ni siquiera dejaron, al menos no lo parecía, un gran impacto, pero que mucho tiempo después siguen ahí, dando vueltas por algún rincón del subconsciente, hasta que encuentran un hueco por el que salir. Es el caso del protagonista de este relato, inspirado en el dueño de un restaurante en el que mi padre solía comer cuando hacía el trayecto Barcelona-Madrid por carretera. Inspirado al menos en lo que concierne al sobrenombre: "El Gran Alimentador". Ese hombre, sin duda, también lo merecía.

Mientras Dionisio, el anfitrión, abría una nueva garrafa de vino, Pepo, ya borracho, aburría a un par de parroquianos con una historia sobre la muerte de las estrellas. Porque Qué cosa, decía, qué cosa puede matar algo tan brillante, tan caliente, tan grande? ¿Eh? ¿Qué...

  • El escritor y la piedra (Alcorcón, enero de 2007): Con una piedra en la mano se pasea ese aprendiz de escritor por su buardilla y, de ambos, la ligera es la piedra. Un vez, en el club de pintura al que acudía cuando era niño, me dirigí a la mesa del profesor a pedirle que me indicara qué podía dibujar, porque no se me ocurría nada lo bastante interesante. El profesor entonces tomó una grapadora, me acompañó hasta mi mesa y la dejó frente a mí. "Dibuja esto", "Pero... es una grapadora", "Sí, ¿y qué?". Al final, no me quedó mal mi versión a lápices de colores de aquella grapadora... ¿Quién lo iba a decir a priori?

Con una piedra en la mano, el joven escritor recorría divertido, de aquí para allá, y otra vez de allá para aquí, el piso de madera de la buhardilla. Mirando con ojos trascendentes aquella piedra, él mismo se reconocía como una imitación espontánea de Hamlet, y hasta...

  • Los dibujos en el mármol (Madrid, enero de 2007): Las vetas en el mármol pueden ser como las nubes: a poco que uno las mire con ojos un poco entornados, aparecen formas y dibujos de casi cualquier cosa. En serio, de casi cualquier cosa. En placas de mármol se pueden llegar a ver desde narices hasta personajes manga japoneses, sin que falten los animales, objetos inanimados, etc. Supongo que esos diseños que aparecen, y que una vez se han mostrado allí se quedan, dependerán de los ojos que observan las vetas del mármol; que lo que uno ve en las nubes, ha de decírselo al otro para que también lo vea... La imaginación compartida tiene su punto.

Cuando escuchó sonar el timbre, estaba sentado sobre la tapa del retrete, mirando los dibujos en las baldosas de mármol. Todavía...

  • Los débiles (Alcorcón, marzo de 2007): Una mujer que entra en el bar donde estás tomando algo, celebrando algo para ser exactos, con unos amigos, y la mujer se va acercando a las mesas una por una. Está lejos aún, pero te pone un poco alerta porque en un rato le tocará el turno a tu grupo. Y no es que pase nada, pero esa mujer parece estar mendigando, y eso te hace sentir incómodo por múltiples motivos que se hacen patentes en una única sensación de la que no sabes el por qué. Al final, de esa imagen acaba surgiendo un relato y parece como que ya está, experiencia digerida. Y eso que el relato trata de otra cosa... o quizá no tanto.

Creyó tener la suerte de sentir un inicio de ira en su estómago, y de inmediato trató de avivarlo. A su alrededor seguía siendo media...

  • LaVentana (Alcorcón, marzo de 2007): Ha recorrido mucho mucho este relato, para lo corto que es. Lo escribí para un pequeño concurso de hiperbreves que organizaba una amiga en su blog, unos meses después se leyó en público en el auditorio del Centro Cultural de la Casa del Reloj, y finalmente lo presenté al Primer Premio Algazara de Microrelatos que organizó la editorial Hipálage. Bueno, en dicho concurso no ganó nada, pero al menos fue incluido en una (nutrida) selección de relatos presentados publicada en formato papel por dicha editorial. Por si todo esto fuera poco, hay dos versiones del relato: la corta, que ha sido la finalmente publicada, y la más larga, que fue la que escribí primero. Ésta última puede accederse aquí.

RELATO PUBLICADO EN EL LIBRO "CUENTOS PARA SONREÍR", DE LA EDITORIAL HIPÁLAGE, EN MARZO DE 2009.

Todo satisfacción y orgullo ante el trabajo terminado, giró su sillón favorito hacia la ventana y se sentó. Aún no había tenido ni tiempo de guardar la caja de herramientas. ¿Por qué no podía tener él también una buena ventana? Una grande, todo un ventanal...

  • El suero del olvido (Madrid, abril de 2007): Un relato sin diálogos, largo y sin diálogos. Un relato un tanto opresivo, cargado de una niebla de la que no consigue librarse. Una narración de frases cortas, de tiempos cortos y de acciones breves: todo son movimientos pequeños, como giros de cuello, cambios de expresión... Un único personaje (al menos principal) en un único día en un escenario que es sólo eso, escenario. Porque todo ha pasado ya, y sin embargo no terminará de pasar nunca. Un relato para leer quizá dentro de una bañera, con el agua caliente llegando hasta el cuello. Y el silencio.

Cuando abrió los ojos, tuvo la sensación de haberse quedado dormido con la cabeza dentro del agua. Estaba desnudo en la bañera, pero eso no le pareció extraño. Todo lo demás sí. Aunque la oscuridad era demasiada como para apreciar detalles...

  • El jardín de la miel verde (Alcorcón, junio de 2007): Primer intento, que yo recuerde, de escribir un relato en segunda persona. El resultado no me desagrada, aunque alguno ha sugerido alguna vez que quizá no sea éste el tipo de relato que mejor se ajuste a esa persona narradora... y puede que tengan razón. Demasiado extenso el tiempo del propio relato, que abarca semanas y meses, como para funcionar bien en segunda persona. Aunque por otra parte, la historia en sí misma encaja. En fin. Por cierto, por qué es miel (y no otra cosa) y por qué es verde, se debe a las historias de un tal Baudolino...

Hoy te has decidido a probar la miel verde. Has untado con ella una de las esquinas de la tostada, y la has acercado precavido a tu boca. No sin aprensión has estado un buen rato masticándola, con los movimientos exagerados del que desconfía. Su sabor no era malo...

  • Inmortal (Alcorcón, julio de 2007): Si el relato anterior es largo, lleno de elementos extraños, o que así pueden parecerlo, con un narrador poco habitual, etc., éste es un intento de todo lo contrario: la sencillez, las pocas palabras para contar mucho sin decir gran cosa. Claro que quién sabe, a lo mejor el intento no funciona y cuenta menos aún de lo que dice... Con todo, un relato que quizá me hacía falta escribir, tras un año de cuentos a los que si desde luego algo no les faltaba, eran palabras. La pregunta es si debería escribir así más amenudo, buscando la sencillez en lugar de jugar a complicarlo todo.

¿Fui yo la única que se dio cuenta? Desde la terraza del bar vi a aquel travesti semidesnudo, con el cuerpo depilado y cubierto de purpurina, esforzándose por conseguir un taxi. Parecía que en cualquier momento iba a caerse de sus plataformas. Se le veía tan...

  • La marimba de la Santa Muerte (Alcorcón, septiembre de 2007): Este relato casi que se concibió a si mismo durante uno de los mejores viajes de mi vida: mi estancia de dos semanas en Chiapas en agosto de 2007. Era un viaje de trabajo, en principio, pero mis amigos allí lo convirtieron en una experiencia realmente inigualable. Con ellos conocí lugares y gentes maravillosas, acompañadas de todo un contexto cultural que enseguida te traspasa y te hace sentir que, a poco que te descuides, no serás un turista sino un visitante, y hasta un viajero incluso. Al que no conozca Chiapas y quiera un viaje veraz, que no deje de pasarse por allí. Inolvidable.

RELATO GANADOR DEL CONCURSO DORIS LESSING DE LA UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID, EN SU EDICIÓN DE 2009

La tarde de la inundación que hizo resucitar a los muertos, el abuelo Tomás estaba tocando Marimba bajo el toldo de la terraza del café “La Luna”, en el centro de la ciudad. A nuestro alrededor paseaban las jóvenes inmigrantes guatemaltecas, vestidas con las faldas...

  • Los vestidos (Alcorcón, diciembre de 2007): Pues resulta que uno, de haya para cuando, se venía haciendo la pregunta típica de qué es la muerte. Físicamente, me refiero. Y aunque eso es algo que en apariencia todo el mundo tiene muy claro, a mi me faltaba alguna pieza para terminar de encajarlo todo. Entonces un día en un documental me proporcionaron la clave del asunto, y oye, se queda uno muy tranquilo cuando consigue zanjar ciertas dudas, que en realidad no lo son pero ahí están dando la lata. Despúes, al hilo de todo aquello, surgió este relato, del que la famosa pieza no es más que el punto de partida...

RELATO GALARDONADO CON EL SEGUNDO PREMIO EN EL CONCURSO DORIS LESSING DE LA UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID, EN SU EDICIÓN DE 2009

Darío le hizo la pregunta al doctor la última vez que éste fue a visitar a Beatriz. Tras terminar el examen de la moribunda, ambos bajaron en silencio a la cocina. Era una mañana tan oscura que en el ventanal sólo incidía una densa luz grisácea, por lo que tuvieron que...

RELATO GALARDONADO CON EL PREMIO "TOMÁS FERMÍN DE ARTETA", OTORGADO POR LA ASOCIACIÓN BILAKETA (AOIZ, NAVARRA), EN SU EDICIÓN DE 2009.

Sabe que si ahí arriba, en la loma, encuentra lo que busca entonces quizá muera, y que si no lo encuentra seguirá muriéndose despacio. Se fuerza a no caminar demasiado deprisa, aunque no le sobra el tiempo, porque si bien por ahora el camino es bastante llano, la...

  • Perecedero (Madrid, febrero de 2008): Este relato pretende estar relacionado, de una forma u otra, con "Inmortal", que puede encontrarse un poco más arriba en esta misma página. De nuevo el ambiente intimo y minimalista, si bien en esta ocasión por un componente un tanto fuera de lo habitual: lo que provoca la historia es un hecho poco común, frente a la sensación de cotidianidad que el otro podía transmitir. El juego de las simetrías llega un poco más lejos, aunque tampoco es que importe mucho: ambos relatos tienen entidad independiente y vida propia. Y a mí casi me gusta más este segundo...

Me gusta ver el humo salir de mi cigarrillo. Lo hace oscilando, desvaneciéndose, y sin embargo hay algo sólido en esa columna que sube recta, y que sólo al comenzar a abrirse empieza también a disiparse. Me gusta sobre todo de madrugada, cuando por el mirador la luz...

  • "No quiero escribir" (Coslada, marzo de 2008): Un nuevo relato para el concurso de escritura rápida que anualmente organiza el ayuntamiento de Coslada... y una participación con la que no estoy demasiado satisfecho. Es mi cuento "rápido" que menos me gusta, de hecho. Lo cual viene a apoyar la idea de que es mejor no pensar con antelación, como me ocurrió a mí, sobre lo que se podría escribir cuando uno va a un concurso de ese tipo: mejor llegas allí, te relajas, das un par de vueltas en la cabeza (y por qué no, otro par físicamente por el recinto) y te pones a trabajar con lo que se te ocurra, pasando un rato entretenido y ya...

Nada parecía haber cambiado. El dolor convertía su cabeza en una valla de madera golpeteada, y su deseo de escribir era tan fuerte como antes. Había pensado que cerrar los ojos, tumbarse unos minutos, quizá dormir, iba a aplacar el eco de los golpes vibrando en su...

  • Anochecer de nieve bajo un cielo rosa (Alcorcón, marzo de 2008): Uno de mis favoritos. Este relato de líneas temporales incoherentes es uno de los que más me gusta, precisamente porque la historia no se construye tirando sin más del hilo del tiempo. ¿Se puede hacer que la secuencia de hechos no sea coherente en apariencia, no cierre, no tenga una cronología lógica, y que aún así de ahí emerja un relato? En mí opinión se puede, que por algo este es uno de mis cuentos favoritos. Lo tengo etiquetado como "experimento finalizado con éxito", en mi lista personal de relatos. Aunque eso siempre es opinable...

La niña está muy excitada y nerviosa. Aun boca abajo sobre la alfombra, balancea las piernas dobladas y no puede dejar quieta la bola de cristal que tiene en las manos. Ha visto y oído mucho esta tarde, arropada por el abrigo rosa que aún no se ha quitado...

  • Perseidas (Madrid, junio de 2008): Relato con mitología de por medio, en el que el mito a reflejar espero que no oculte demasiado la historia de las mujeres protagonistas. O lo que viene a ser lo mismo, que las concesiones al paralelismo con el mito no sean tantas que desvirtúen el relato, más que enriquecerlo. Texto de claros y oscuros, con momentos que me gustan mucho alternados con otros que quizá no tanto. Lo que ya me cuesta más apreciar es el resultado conjunto: se ve que aún no he ganado suficiente distancia con el relato...

Aunque se conocían de vista desde muchos años atrás, “toda la vida” en el sentir de Paloma, no habían hablado por primera vez hasta el último agosto, cuando coincidieron en el páramo de madrugada. Allí, junto con otros curiosos y un grupo de astrónomos...

  • Tantas páginas (Alcorcón, junio de 2008): De nuevo un poema, de aquellos que podrían ser "una vez al año" pero que en realidad vienen siendo "una vez a la década" o cuanto menos "una vez al lustro". En este caso la excusa fue un pequeño concurso entre amigos, organizado en el seno del Club de Lectura de la universidad. Escribimos cada uno nuestro poemita, los leímos una tarde, nos lo pasamos bien tanto en la actividad escritora como en la lectora... Y en mi caso pues me salió esto, que me gusta bastante, dentro de que lo mío no es la poesía.

He leído tanto últimamente

que todo se me ha llenado

de páginas

el aire es como papiro

                                          y la vida… lejana.

 

  • "¿Dónde vas?" (Valdesaz (Guadalajara), agosto de 2008): Y el pequeño pueblo de Valdesaz resultó ser un lugar fantástico para escribir. Aunque bien es cierto que fuimos allí con espíritu de excursión, de fiesta, así que después de bien comer, de reírnos un buen rato y de incluso echar unas partiditas al futbolín, abordamos nuestra tarea escritora con un estado de ánimo la mar de propicio, sospecho. El reto del concurso: dada una primera frase común para todos, escribir un relato en un par de horas y media. Y salió bien, por lo que el día no pudo ser más redondo. De hecho, salió tan bien que dos semanas más tarde me comunicaban que mi relato era el ganador. Un primer premio compartido, en realidad, lo que en este caso, y dado quien es la autora del otro relato ganador, le daba aún más atractivo al asunto :-D

RELATO GANADOR DEL PRIMER CONCURSO DE ESCRITURA RÁPIDA DEL AYUNTAMIENTO DE VALDESAZ (GUADALAJARA). PREMIO COMPARTIDO CON EL RELATO "EL DÍA MÁS FELIZ", DE PATRICIA FERNÁNDEZ GARRIDO.

Estaba mirando por la ventana cuando vi pasar a mi primo. Los pasos amplios, la cabeza muy erguida, levantando apenas polvo en la calzada de tierra. Con el periódico local enrollado bajo el brazo, iba al cementerio a leerles las necrológicas a los muertos...

  • "Izar" (Alcorcón (Madrid), septiembre de 2008): Ésta es de las pocas veces que he escrito "como por encargo". Un amigo estaba organizando un congreso de astronomía, y entre otras actividades había decidido incluir un concurso de relatos que estuviesen relacionados con dicho tema. Así que me propuso escribir uno y acepté. El relato no ganó, por si alguien se había pensado que éste era un encargo "con premio", pero estuvo muy bien reunir por una vez un par de antiguos sueños, uno de niño y adolescente (la astronomía) y otro que aún perdura (la creación literaria). El congreso, por cierto, estuvo de lo más interesante...

Tras casi una hora de no perder de vista las inmediaciones de Izar con sus prismáticos, se convenció de que distinguir la verdadera naturaleza de “la más hermosa” no iba a ser fácil. La niña golpeó con los prismáticos la pared de la terraza. ¿De qué...

  • "¿Qué hubiese hecho Marlowe?" (Alcorcón (Madrid), noviembre de 2008): Resultaba atractiva la idea de escribir un relato de género negro, policiaco para más señas, con varios de los ingredientes típicos de dicho género (un antihéroe como protagonista, ambientes sórdidos, crímenes espeluznantes e inexplicados...), pero que al mismo tiempo introdujese elementos de índole sobrenatural. Eso sí, sin dejar de ser en ningún momento de ser genero negro ante todo, no género fantástico. Fue muy interesante enfrentar a los detectives clásicos, esos arquetipos del pensamiento pragmático y racional, con fenómenos tan... extraños.

Cruzó las piernas y las apoyó sobre la mesita, junto a la lata de cerveza que había cogido del frigorífico. Sentado en un vetusto sillón de orejas de espaldas a la ventana, el detective Román dejaba caer al suelo la ceniza de su cigarrillo. No había necesitado...

  • "Lobos" (Alcorcón (Madrid), diciembre de 2008): La andadura de este relato es ya larga, pues aunque nunca haya ganado nada, ha quedado alguna vez finalista de concursos importantes. Técnicamente, la idea consistía en anidar tres voces narradoras, de manera que una voz narradora estuviese dentro de otra y a su vez dentro de una tercera, al estilo, siempre salvando las distancias, de Tabucchi en su "Tristano muere". A la postre resultó un experimento muy interesante, de cuyo resultado estoy bastante satisfecho.

No puedes dudar de cuánto te quiero. Repróchame todo lo demás, Ramiro, pero eso ni por asomo. ¿Cómo tengo que explicarte que precisamente ése es el problema? Que soy feliz contigo, que contigo me siento muy bien, que junto a ti hubiese pasado toda la...

  • "Ballena blanca" (Alcorcón, febrero de 2009): Fue un concierto interesante, un concurso de bandas en el que participaba un amigo. No era mi estilo de música, pero aún así no lo hacían nada mal, y la velada tenía elementos suficientes como para pasarlo bien: música fuerte, penumbra, alguna que otra bonita cantante, amigos, conocidos... y un local decorado con motivos marítimos, como un barco, o como el fondo del mar, con una gran ballena blanca sobre el decorado. Supongo que alguno lo reconocerá...

Enorme y cubierta por la nieve, rompiendo la noche, la montaña frente a ellos le parecía una maliciosa ballena blanca, cuya cola dibujase el perfil herido de un capitán de barco. Dentro del coche sonaban canciones de otro tiempo, con la melodía que le faltaba...

  • "Pequeños hermanos" (Alcorcón, febrero de 2009): Remedando el famoso Gran Hermano de Orwell, escribí esta historia de extraños espionajes y relaciones con la intención de plegar, de alguna forma, el tiempo y el espacio narrativos. Fui así un primer intento de crear una geometría imposible en el relato, lo que podría ser, grosso modo, una versión literaria de los dibujos imposibles de Escher: si bien cada uno de los dos personajes principales parecen tener un tiempo y un espacio propios más o menos bien definidos, su interrelación no está ocurriendo en un tiempo y lugar concretos, sino esparcidos, distribuidos... quizá incluso inexistentes. Pero aún así, el relato existe.

Hace un rato, mientras preparaba la historia que ahora escribo, he estado releyendo un ensayo de Asimov sobre Orwell y su “1984”. Este último quizá fue demasiado alarmista en una época en que sólo siéndolo demasiado se podían...

  • "La muerte del dragón" (Coslada, marzo de 2009): Nueva participación en el concurso de escritura rápida del ayuntamiento de Coslada, y quizá una de las que más disfruté. Llegué allí relajado, recuerdo que era el primer año que se celebraba en una biblioteca en lugar de en el tradicional salón de actos, y me dediqué a dejarme impregnar por lo que percibía a mi alrededor: un parque infantil que que se adivinaba tras las ventanas, una conocida canción que de repente llegaba desde algún rincón del edificio... Un rato de lo más agradable, en definitiva.

En la oscuridad, buscó a tientas con mano temblorosa el orinal bajo la cama. Haciendo esfuerzos para no despertarse, buscaba con certeza aún cuando sus dedos tanteasen entre las baldosas. No necesitaba saber que estaba ahí: estaba. Lo había estado siempre. Intentó no pensar en ello para así poder permanecer dormido. Apretó los párpados. Si lograba...

  • "A la memoria de" (Alcorcón, marzo de 2009): Este relato es consecuencia de un viaje a una preciosa ciudad austríaca. No quiero dar más pistas por si a alguien le apetece jugar a descubrir el nombre del lugar que sirve de escenario a la historia. No será difícil, creo. Por lo demás, fui allí a tomar parte en un congreso internacional sobre la memoria. Un congreso con una atmósfera... diferente. Eso, unido a la belleza de la ciudad y de su entorno (¡qué maravilla de montañas y de lagos!) dio como resultado el presente cuento.

Sobre una roca frente al lago de agua helada pero aún líquida, pensó que si bien no podía estar seguro de que fuese cierto que una vez se había bañado allí, al menos no le resultaría difícil inventar dicho recuerdo...

  • "Usurpador" (Alcorcón, marzo de 2009): Inspirado en la que ha sido quizá la Semana Santa que seguí, o viví, más de cerca, la de aquel 2009, "Usurpador" es uno de mis relatos más violentos hasta la fecha. O al menos en apariencia. La idea de la auto-agresión se mezcla con la atmósfera de sacrificio y castigo auto-infligido tan típica de esas fechas para mostrar una historia de género fantástico donde la violencia de las muertes que se producen no es en absoluto gratuita. ¿Un relato duro? No, tampoco. Cuento todo esto para que a nadie le pille por sorpresa un poco de sangre...

El espejo ya estaba aquí cuando compré la casa, pero la mazmorra la he diseñado yo mismo. Redecoré el sótano, convirtiéndolo en una confortable vivienda sin ventanas donde ellos han existido hasta hace muy poco. Las copias. Ahora que he recuperado mi...

  • "Desacoplá" (Alcorcón, junio de 2009): Un texto de esos que resultan cuanto menos "difíciles de clasificar". Oficialmente es la letra de una copla, nada menos, pero en la práctica sospecho que a esto no hay ser humano capaz de ponerle música y mucho menos de cantarlo. Una cosa es cierta: me lo pasé en grande con el experimento. Y a la hora de leerlo... quizá ayude tararear mentalmente mientras se lee una tonadilla tipo "La bien pagá" o parecida. Esto podría llegar a proporcionar al lector un cierto atisbo de emoción castiza, incluso.

Es una hora oscura

la que aquí me encuentra

sentada en el barro

cual en sepultura.

  • "Vete ya pero regresa pronto (piperrada con pan)" (Alcorcón (Madrid), noviembre de 2009): Un amigo me dijo que lo mejor de este relato es que la acción se desarrolla en quince minutos, que es además el tiempo que, más o menos, se tarda en leer el cuento. En otras palabras, que tiempo narrativo y tiempo de lectura coinciden. La verdad es que es una característica que le proporciona a la historia una inmediatez absoluta: el tiempo pasa a la misma velocidad en el relato que fuera de él. A mí, además de esto, hay otras cosas que me gustan: por ejemplo, que fue consecuencia de una exitosa sesión en la cocina (sí, la piperrada en cuestión salió bastante buena...).

RELATO FINALISTA DE LA EDICIÓN DE 2012 DE "LOS CUENTOS DE LA GRANJA", PUBLICADO EN LA RECOPILACIÓN QUE RECOGE A LOS GANADORES Y FINALISTAS DE DICHA EDICIÓN.

Él regresó tan sólo quince minutos después de haberse marchado. Ella, en la cocina, al escuchar la llave tanteando la cerradura, se apoyó sobre la encimera. De repente se había mareado. Estaba pálida, como sin sangre, con el rostro manchado de tomate y a punto de empezar a...

  • "Navidad sin cuento" (Alcorcón (Madrid), enero de 2010): Un cuento extraño, quizá de los más extraños que he escrito (y a veces creo que eso, para bien o para mal, puede ser bastante...). Sin embargo, cuando vuelvo leerlo ahora con motivo de su publicación en esta página, me sorprendo sintiendo un placer especial, casi una complacencia en lo logrado. Me gusta, me gusta mucho esta historia descolocada.

Las calles bajo mi ventana están cubiertas de nieve. La esquina del parque, la rotonda sin coches, la decoración navideña… todo luce su sombrero blanco en la tarde temprana, como si cada adoquín y cada fragmento del mundo cantasen ese villancico que lo mantiene todo unido. Esa gran espiral de nieve y luces, en la que si un perro ladra entonces un niño ríe y a...

  • "Deberá usted imaginar" (Alcorcón (Madrid), febrero de 2010): Esta historia la provocaron al menos tres factores: dos de ellos fueron noticias que aparecieron en los medios más o menos por aquellas fechas; el tercero, el que lo orquestó todo, fue el hecho de asomarme un día a la ventana, al descuido, y descubrir, hasta entonces no había reparado en ello, que igual que las nubes forman objetos ante los ojos dispuestos a verlos, las copas de los árboles también pueden presentar sus propias figuras, rostros, en nuestro caso. Y luego, por si esto no fuera suficiente, está lo eterno... deseablemente eterno... o no.

Deberá usted imaginar, señorita. Deberá usted imaginar que si ya resultaba difícil sostenerle la mirada a un árbol, un gran árbol, de esos que asoman por encima de los edificios, mucho más duro había de ser sostener la de todo un bosque. Aunque yo en...

  • "Fluidos" (Alcobendas (Madrid), marzo de 2010): Nueva participación en el concurso de escritura rápida de Alcobendas, en esta ocasión con un relato pasado por agua (y no solamente porque, si no recuerdo mal, diluviaba fuera). Llegué pronto al lugar de celebración, y me entretuve visitando una exposición de pintura cuya temática era el agua, en cualquiera de sus formas y apariciones: fondos marinos, ríos, lluvia... Después de media hora "empapándome" de aquellos cuadros, lo que me pedía el cuerpo era escribir un relato acuoso, lleno de líquidos. Y sobre el papel apareció esta extraña historia de "sumergimientos".

Tiró de mí hacia la oscuridad y ni se me ocurrió siquiera que no podría enseñarme nada en aquella negrura. Que aquel viaje no tenía sentido. Que ella no podía estar tirando de mí. Fluidos. Bajo las aguas del lago en una noche de luna. El abismo se abría con cada...

  • "Las cargas del padre" (Alcorcón (Madrid), mayo de 2010): Si hay un relato que marca un antes es, sin duda, éste: el último relato que escribí antes del nacimiento de mi primer hijo (o al menos que empecé a escribir, pues lo terminé justo un mes después de su nacimiento). Por supuesto donde hay un antes, hay después, pero ese aún tardará unos meses en aparecer en esta página. Por el momento aquí queda este relato plagado de padres y de hijos, indefensos todos. Feliz paseo por la playa.

Siguió recorriendo la orilla sin prestar mucha atención a las palabras de su padre en el móvil. Estoy un poco cansado de tener que resolver por ti este tipo de asuntos, ¿sabes? Ya no eres un niño con derecho a desentenderte. Las olas, al morir, casi tocaban las...

  • "Es" (Ogíjares (Granada), agosto de 2010): Probablemente éste sea el relato más extraño que he escrito hasta la fecha, si bien es cierto que alguno hay por ahí con ganas de hacerle la competencia. Un relato de calmada turbulencia, guiado por dinámicas extrañas. Probablemente, un reflejo de las "turbulencias" que suceden durante los primeros meses de una paternidad recién estrenada. Tengo especial simpatía por este relato, pues junto con el anterior, es el testimonio de algo realmente importante.

Quizá la voz tenga razón y esté muerto, a quien quiera que se refiere la voz. No lo han subido del quirófano, escucha decir, algo ha ido mal, seguro que está muerto, ¡está muerto! El propio respirar entorpece las palabras de la voz. No hay aire suficiente y él...

  • "En el jardín metálico" (Alcorcón (Madrid), noviembre de 2010): Y, por supuesto, el protagonista de este relato sólo podía ser un botánico, y residir, ¿dónde si no? en un "jardín metálico". En estos tiempos de redes alámbricas e inalámbricas, ordenadores y tecnologías ubicuas, me pareció que era un buen momento para darle la vuelta a la canción de Radio Futura. Y para más inri, ese jardín tan extraño en el que habita nuestro botánico protagonista está en un desierto. ¿Qué más se puede pedir?

Soy biólogo, especialista en botánica. No suelo presentarme así (mi costumbre es siempre comenzar hablando de las serenatas de amor que le dedico al cielo del mediodía), pero esto fue lo que le dije de mí a aquel fotógrafo. Eran otros tiempos, en lo más importante...

  • "Ajá o la candonga" (Madrid, noviembre de 2011): Cuando presentamos el libro "Madrid Sky_Cuentos", colección en la que se está publicado este relato, por tercera vez hace unos días (escribo estas líneas a principios de julio de 2013), un compañero y amigo habló de todos y cada uno de los relatos incluidos en el libro, contando fundamentalmente su tema. Excepto del mío. Cuando la coordinadora de la obra le preguntó por mi relato, mi amigo respondió: "Ah, no. El que quiera saber el tema el relato de J.J., ¡que se lo lea!". Le agradecí mucho sus palabras.

RELATO PUBLICADO EN LA ANTOLOGÍA "MADRID SKY_CUENTOS", DE VARIOS AUTORES, POR EDICIONES QVE.

Se despertó desnudo, enredado entre las sábanas y con la luz del sol en los ojos. Aún casi dormido, le vino a la cabeza la conversación con la señorita del aeropuerto...