¿Incertidumbre?
Simón Valdera
era un viejo romántico, amante de antiguas costumbres y ritos ya
prácticamente abandonados. Como por ejemplo, el contacto físico
educacional. A principios del siglo XXII, era un acontecimiento verdaderamente
inusual el que un profesor y un grupo de estudiantes sincronizase su actividad
para que, durante un período de tiempo establecido, el primero
disertase de viva voz sobre un tema concreto.
Y eso era precisamente
lo que el profesor Valdera se encontraba haciendo ahora mismo: disfrutar
de una de aquellas raras ocasiones en que aún era posible, en medio
de una sociedad cibernéticamente organizada, mantener un cierto
contacto personal con una mente biológica. En realidad, ni siquiera
era un contacto físico real, pues ninguno de aquellos jóvenes
a los que se dirigía estaban realmente frente a él. El acto
se desarrollaba en un aula imaginaria; "virtual", habrían dicho
hacía poco más de un siglo. Cada uno de los estudiantes,
y el propio Valdera, se encontraba en su propio hogar, separados unos
de otros enormes distancias (de hecho, entre aquel nutrido grupo había
incluso una muchacha residente en la primera, y hasta el momento única,
colonia fundada en el anillo de Saturno). Las imágenes que contemplaban
los unos de los otros eran tan sólo recreaciones gráficas
de los estudiantes reales. Esto conllevaba ciertas libertades estéticas
que no agradaban demasiado a Valdera. En realidad, cada asistente podía
presentar al acto la representación de sí mismo que desease.
Pero, en opinión del profesor, esto estaba degenerando en ciertos
abusos. Por ejemplo, había quien ni siquiera presentaba una imagen
humana, prefiriendo aparecer bajo la forma de cualquier otro ser viviente,
o incluso inerme. Pero era un derecho reconocido por el Gobierno Global
del Sistema que cualquier ente consciente podía presentar ante
el cibermundo la imagen de sí mismo que desease, sin importar la
naturaleza de ésta.
Para un nostálgico
de pelo artificialmente entrecano, esa era una libertad innecesaria, y
bastante fastidiosa. Quizá era que los tiempos avanzaban demasiado
deprisa para él, pero se sentía más a gusto hablándole
a una forma humana que a una medusa o a una microlámpara, por citar
un par de formas muy de moda últimamente.
Valdera recordaba
cuando, en los ya casi olvidados días de su juventud, aún
se celebraban de vez en cuando encuentros con asistencia física
real de los convocados. "Era todo más honesto- se decía.-
El que quería mostrar una cierta extravagancia estética,
no tenía otra solución que introducir atrevidos cambios
sobre su indumentaria, y aún sobre su propio cuerpo."
Todo se volvió
más frívolo, por sencillo, cuando los contactos físicos
grupales se extinguieron definitivamente, al menos en el entorno académico,
al demostrarse que no suponían beneficio pedagógico alguno.
El profesor se temía que pronto ocurriría lo mismo con los
encuentros síncronos no presenciales. Cada vez era más difícil
obtener permiso para celebrar uno de estos actos, debido a la campaña
en su contra realizada por el sector estudiantil del gobierno. Para muchos
estudiantes suponían una intromisión intolerable y una violación
inadmisible del derecho a la libre programación privada: según
las Actas Globales, todo ente consciente tenía derecho a la libre
planificación de su propio tiempo.
Aquello parecía
ciertamente exagerado a Valdera, que organizaba aquellas sesiones en un
intento por sentirse más cerca de aquellos a los que estaba ayudando
a aprender. Verdaderamente, el corpulento profesor sentía que,
al renunciar a parte de su ocupado tiempo a fin de realizar esos encuentros,
estaba cumpliendo con el milenario deber de todo maestro: preocuparse
por sus discípulos. Sin embargo, para la mayor parte de sus alumnos
su manía por los encuentros síncronos no era sino una estupidez
senil, una forma poco práctica de malgastar un tiempo que nunca
sobraba al viejo romántico. El propio Valdera, en ocasiones, sospechaba
que había cierta verdad escondida tras las chanzas de sus estudiantes.
Y es que la rama nostálgica de su carácter ganaba fuerza
con los años.
Además,
hablar en público era una de las grandes aficiones del académico.
Al hacerlo, revivía en él un vigor que, al menos durante
la charla, conseguía inducir más vida en su gastado cuerpo
que una buena sesión de rejuvenecimiento bacteriológico.
Los creadores de este revolucionario sistema de conservación corporal
presumían de poder dotar a los cuerpos de cualquier edad de las
deseables características de una anatomía joven, en plenitud
física. Valdera había comprobado en sí mismo que
todas estas vanaglorias no eran en absoluto falsas, pero no por ello las
sobrevaloraba:
-No basta con tener
unos músculos jóvenes- comentaba de vez en cuando a algunos
colegas con tiempo para escucharle.- Es el cerebro, la mente, la que insufla
el verdadero vigor en la carne rejuvenecida. Y todavía no han inventado
un artefacto capaz de devolver la juventud a la mente. Cada uno ha de
buscarse sus propios trucos...
Y el suyo era encaramarse
a su tarima virtual y comenzar a narrar a sus alumnos algún fragmento
de sus vastos conocimientos. En aquella ocasión, era Reddix y la
historia de su desarrollo la que encendía el brillo de sus ojos.
-Ya se que todos
habéis tenido contacto con Reddix desde el mismo día en
que nacisteis. En todo lo que hacemos está presente la gran red.
Ella prepara nuestros alimentos, nos ayuda en nuestro trabajo y sirve
para que nos comuniquemos (sin ir más lejos, es Reddix la que ha
preparado todo lo necesario para la celebración de este encuentro).
La Red aconseja a nuestros gobernantes, controla la ecología planetaria
e incluso planifica nuestra continua expansión por el Sistema Solar.
Tanto a nivel de toda la humanidad, como a la altura de cada individuo,
Reddix es la compañera imprescindible del género humano.
Es nuestro juguete cuando somos niños, nuestra alcahueta cuando
llega la época de los primeros amores, nuestro consejero en la
paternidad y, hacia el final de nuestros días, una fiel compañera
en la vejez. Hoy en día, Reddix es la gran interfaz de cada individuo
con el mundo, y la gran herramienta de la humanidad frente a la complejidad
del Universo.
Tras una pausa
efectista continuó con su charla, adoptando previamente una expresión
cómplice, que junto con una postura ligeramente inclinada pretendían
infundir cierto misterio a sus palabras.
-Pero ninguno de
vosotros me ha dedicado amablemente este valioso tiempo para que le cuente
lo que está habituado a ver cada día, desde el mismo instante
en que sus ojos recibieron luz por primera vez, mientras una sección
lógica auxiliar de Reddix controlaba la corrección de todas
las variables del proceso. Creo que será más interesante
que escuchéis de mi aquello que casi ninguno de vosotros se preocupa
por aprender de sus autolecciones, porque todos creéis saberlo
ya. Sin embargo, apostaría a que lo único que conocéis
sobre el tema son versiones sesgadas, dramatizadas o incompletas de algo
que todo ser humano agradecido debería conocer con detalle: ¡la
historia de Reddix!
Instintivamente,
buscó con la mirada el efecto que sus palabras habían causado
en la joven audiencia. Por desgracia, la práctica totalidad de
los oyentes habían decidido asistir al evento con una presentación
poco real de sí mismos, siendo difícil discernir reacción
alguna en un meteorito incandescente o en una vaca marciana.
-Lo cierto es que
la gran estructura cibernética que hoy se funde y enhebra con todas
y cada una de las facetas de nuestra sociedad comenzó siendo, hacia
finales del siglo XX, una modesta red de ordenadores de escasa capacidad,
que nuestros antepasados consideraban como un avance tecnológico
fabuloso básicamente porque llegaba a casi todos los rincones de
la Tierra.
A la sonrisa comprensiva
que Valdera dirigía retrospectivamente a aquellos antepasados aún
no demasiado pretéritos, seguiría una larga perorata cuyo
fin era describir con minucioso detalle la acelerada evolución
de aquella primitiva "semilla tecnológica", como el profesor la
denominó. La sesión continuaría en una línea
similar hasta prácticamente el término de la misma. En realidad,
no iba a ser un acto de excesiva duración, pues Valdera sabía
que sus alumnos no estaban acostumbrados a permanecer mucho tiempo bajo
el bombardeo de un único estímulo perceptivo principal,
en este caso su voz. Pero en un mundo en el que la información
viajaba de un rincón a otro del Sistema Solar habitado repleta
de imágenes, olores, texturas y hasta sabores, el profesor había
decidido que aquella era su clase, y que su voz sería la única
protagonista.
"El aumento de
complejidad que se realizó sobre la red original a lo largo del
siglo XXI fue realmente apabullante. En tan sólo un par de décadas,
la velocidad de transmisión de la información se centuplicó,
gracias sobre todo a la aparición en el 2011 de las primeras Máquinas
de Procesamiento Heurístico. Fue en esta época cuando comenzó
el proceso de globalización del sistema, no quedando en pocos años
ningún aspecto de la vida humana que no se realizase a través
de la que ya por entonces se denominaba Reddix. Por supuesto que hubo
reticencias, e incluso durante los primeros años cuarenta algunos
grupos sociales amenazaban con declarar al guerra a aquel "terror tecnológico".
Eran tiempos de profunda reestructuración social, donde las ideas,
institucionalmente promovidas, de natalidad programada parecían
querer convertir el mundo en un inmenso ordenador humano. Grandes sectores
de la población sintieron su individualidad amenazada, y arremetieron
violentamente contra el símbolo de la revolución tecnocrática:
Reddix. El movimiento llegó a alcanzar dimensiones apreciables,
y en algunos momentos supuso una seria amenaza para el futuro de nuestra
especie. Por fortuna, por aquel entonces la red ya había sido adoptada
como herramienta de gobierno por la mayor parte de las potencias del planeta.
Así, el espaldarazo definitivo al desarrollo tecnológico
de la humanidad llegó en el 2052, cuando la mediación de
Reddix evitó "in extremis" que se desatase la Primera Guerra Informacional
Mundial. A los pocos meses se constituía el Primer Gobierno Global
de la Tierra. En una sociedad que acababa de verse a las puertas de una
guerra devastadora, aquel cambio en las circunstancias se contempló
como un milagro divino, y a su artífice, la Red, como el gran profeta.
Con el beneplácito popular, los movimientos neo-luditas fueron
aplastados."
Una pausa. Tampoco
Simón estaba acostumbrado a emplear su laringe de forma continuada.
Además, se acercaba el punto álgido de la narración,
y su experiencia le permitía adivinar con precisión el momento
más propicio para otra efectista pausa dramática. Continuó
un par de segundos después, cuando sabía que todos los oyentes
habían empezado a ser aguijoneados por la curiosidad. Sus dos primeras
palabras fueron un nombre.
"Son Misko, a él
le debemos la red tal y como hoy la conocemos. Este brillante informólogo
logró transformar, durante la década de los sesenta, una
herramienta tecnológica que parecía insuperable en un ente
supremo: transcendiendo los niveles de la inteligencia, que Reddix poseía
hacía ya tiempo, la hizo penetrar sin barreras en el mundo de la
consciencia. Aquel conjunto inanimado de máquinas, que ya extendía
sus tentáculos hasta las recientemente fundadas colonias marcianas,
se convirtió de la noche a la mañana en un ser consciente.
Son ya legendarias esas primeras palabras que cuentan que pronunció
Reddix la mañana del veinticinco de abril del año 2068,
la mañana de su alumbramiento: 'Profesor Misko, ¿seré capaz
de continuar pensando una vez esté muerta?'".
Simón dibujó
en su rostro una sonrisa, imaginando la expresión que debió
formarse en las facciones del sociocientífico al detectar en la
voz de la máquina el tono que tan sólo el miedo, la inquietud
y la profunda duda son capaces de enhebrar en un chorro de palabras.
"Por supuesto,
estas palabras por sí mismas no probaban nada, pues la frontera
entre la inteligencia y la consciencia es demasiado sutil como para que
un atisbo de pensamiento transcendente permita asegurar que la barrera
se ha traspasado. El excitado profesor estuvo durante meses realizando
todo tipo de pruebas que demostrasen que Reddix era un ser plenamente
consciente de su existencia y de su pensamiento. Nunca consiguió
llegar a la certeza matemática, pero el conjunto de resultados
que reunió fue más que suficiente para convencer, primero,
a la comunidad científica, y después a la sociedad en su
conjunto. Sin embargo, el rostro fatigado y atormentado que acompañó
a Misko hasta su último aliento nos hace suponer que, el más
brillante genio del siglo pasado, se consideró siempre un completo
fracasado. Pero si atendemos a los testimonios de aquellos que tuvieron
la fortuna de acompañarle a través de la red en los instantes
previos a su muerte, entonces habremos de creer que, al sentirse cerca
del final, ese fracaso se le tornó en esperanzador triunfo, puesto
que de su rostro, radiante y feliz en esos últimos instantes, escaparon
estas extrañas palabras: 'Me he pasado la vida tratando de matematizar
la consciencia y, afortunadamente, mi esfuerzo ha sido en vano. Quizá
es que la consciencia no admite leyes terrenales. Quizá es que,
después de todo, el alma existe. Espero que así sea, para
poder dar a Reddix una respuesta afirmativa a su pregunta'. Pero todo
esto, también es parte de la leyenda."
Se preguntó
cuántos de los asistentes sentirían una emoción similar
a la que a él le hacía temblar levemente la voz cada vez
que tenía la oportunidad de hablar sobre las viejas historias de
la red. Pero dudaba que fuesen muchos. Para todos aquellos muchachos,
o lo que quiera que hubiese tras las representaciones, Reddix era algo
demasiado cotidiano como para poder pensar en ello con cierta emotividad.
Ahora la red era la mayor y mejor herramienta creada por la mente del
hombre. No, era mucho más. Era el primer ser no biológico
consciente que se había construido, habiendo pasado a ocupar una
suerte de ubicuidad divina: en todos los lugares, en todas las acciones,
en todo momento. No había actividad alguna en la que la red no
estuviese presente de una u otra forma. Desde las labores de limpieza
hasta la gestión de la especie, aquella maraña tecnológica
que hacía algún tiempo había conseguido ser mucho
más que la suma de sus partes era el gran bastón donde la
humanidad apoyaba su madurez. Todo era la red y la red lo era todo, pero
sin pretender nunca constituir más que una compañía.
A decir verdad, nunca los humanos habían sido tan libres. Liberados
de la rutina y las dificultades improductivas, hombres y mujeres podían
dedicarse a desarrollar aquella característica que siempre les
diferenció del resto de las criaturas, y que ahora compartían
con Reddix: la inteligente consciencia de la propia vida. Ahora los seres
humanos eran por primera vez libres para decidir su destino, contando
para ello con la ayuda de una diosa reencarnada en forma de engendro tecnológico.
La sesión
tocaba a su fin, y se acercaba ya el momento de comenzar el turno de preguntas.
Simón gustaba de esta parte de sus clases, pues le permitía
confrontar sus opiniones con las de nuevas generaciones de humanos. Eran
especialmente excitantes los encuentros en los que se conseguía
crear cierto clima de debate entre los asistentes. Habiendo vencido hace
tiempo ese extraño desasosiego que sentía en sus primeras
experiencias docentes, cuando aún no se había acostumbrado
a tener que exponer sus argumentos ante una palmera lunar o un saltador
de asteroides, ahora disfrutaba plenamente de estas académicas
discusiones. En realidad, no había tardado en aprender que un buen
debate era una pugna entre dos mentes, importando muy poco la apariencia
de los contendientes.
Pero ese día
el enfrentamiento de razones no tendría lugar. Demasiado tiempo.
La sesión se demoraría más allá del medio
día, hora terrestre, si ahora iniciaba un debate, y precisamente
a esa hora tenía una cita muy importante. Una cita que sus nervios
esperaban con creciente impaciencia. Por vez primera tras tantos años
como docente, pareció perder el control de la clase. Por un momento,
deseó tener él mismo una representación que ocultase
el pequeño tartamudeo que su laringe se empeñaba en adoptar.
Fue en el instante en que (demasiado rápido, demasiado nervioso,
demasiado brusco) dio por finalizada la clase, y mientras su boca agradecía
con torpeza su asistencia a los estudiantes, su mente hacía conjeturas
sobre la respuesta que en unos minutos le daría Reddix. Ésta
había anunciado a Simón que para las doce habría
resuelto el problema que el profesor le planteó meses atrás.
Y de la respuesta de la red dependían demasiadas cosas. Al menos,
suficientes como para que el mismo Valdera viese amenazado su inquebrantable
aplomo.
**********
Decir que Simón
abandonó el aula para dirigirse a su despacho no resultaría
sino una arcaica reminiscencia de costumbres de otro tiempo. Lo que sucedió
realmente fue que Reddix, tras una indicación del profesor, sustituyó
el recinto virtual donde se acababa de celebrar la reunión por
aquel otro, igualmente virtual, en el que el humano solía trabajar,
al menos cuando la tarea le demandaba cierta intimidad.
Todos los humanos
disfrutaban de un entorno de trabajo de este tipo, lo que permitía
a cada persona desarrollar su labor en su ambiente favorito, modificándolo
a su antojo según estados de ánimo o modas. Como todo en
el entorno era ilusorio, su diseño admitía cualquier tipo
de exceso. Así, había quien gustaba de trabajar rodeado
por la salpicada negrura del espacio entre estrellas, o sintiendo alrededor
los amenazadores rugidos de las fieras que habitaban las selvas artificiales
de la Luna. Pero también era abundante la "ciberpsicodelia", encontrándose
ambientes que a menudo eran considerados como muestras arquetípicas
del arte contemporáneo. Desde representaciones espectrales de la
psicología humana hasta explosiones de color sin forma, todo estaba
permitido.
Ahora bien, no
todos los humanos gustaban de emplear su tiempo en tales cuestiones pseudoestéticas.
Llámese descuido, apatía, o quizá sensatez, algunas
almas ocupadas preferían confiar semejante tarea de decoración
a Reddix. Después de él mismo, y en ocasiones aún
antes, nadie conocía mejor a cada miembro de la especie que la
propia red, por lo que ésta podía, con ciertas restricciones
derivadas del propio gusto de la máquina, crear por sí sola
un espacio perfectamente adaptado a la personalidad y gustos de cada individuo.
El equilibrado
profesor Simón Valdera, con su mente siempre sondeando los oscuros
territorios del fondo de las cosas, era de estos últimos. "Los
formalismos son tema para las máquinas. De hecho, quizá
ni siquiera Reddix debería gastar sus recursos en ellos." contaban
haberle oído decir en ciertos círculos íntimos.
Aquel día,
tras concluir la clase, Reddix trató de modificar ciertos elementos
de color y forma en el entorno del profesor, para tratar de mitigar la
excitación que éste sentía. Y es que la red sabía
que no existía razón alguna para el nerviosismo: tenía
buenas noticias para Valdera.
Por esto una semana
después, siempre según el calendario terrestre, el profesor
no estaba solo en su "despacho". O al menos, no "virtualmente" solo. Frente
a él se encontraba la representación de una criatura humanoide.
La imagen que se hallaba plácidamente sentada ante Valdera era,
en realidad, totalmente humana: un hombre joven, de estatura y complexión
medias, y raza indefinida. Simón podía estar seguro de que,
esta vez, la representación era absolutamente fiel al original:
no se permitía a los robots tener una representación que
no fuese su propia apariencia física.
Esta ley había
tenido una fuerte oposición ya desde su proclamación en
el 2065, tres meses después de que se lograse por vez primera la
simbiosis de un cerebro artificial y un cuerpo humano biológico.
Para los activistas más radicales, esta ley no era sino una nueva
manifestación del viejo "complejo de Frankenstein": la sociedad
trataba de aplacar su miedo a ser superada por las criaturas artificiales
restringiendo sus derechos y atentando contra su dignidad. En aquellos
tiempos, todavía no se discernía con cierta claridad la
imprecisa frontera entre inteligencia y consciencia, por lo que diversos
sectores sociales y científicos clamaban que cualquier ser que
poseyese la primera, debería tener todos los derechos legales que
otorgaba la segunda. En realidad el debate venía ya de antiguo.
Pero mientras los robots conservaron su apariencia artificial, pues los
tejidos biológicos creados en laboratorio nunca podían compararse
a los naturales, para la psicología humana era fácil seguir
considerando a aquellas criaturas como seres inferiores, en una suerte
de "neo-racismo cibernético". Sin embargo, tras la cibiosimbiosis,
el temor inconsciente a ser superado por las máquinas que había
acompañado al hombre desde mediados del siglo XX afloró
con fuerza. De ahí la aparición de la controvertida ley.
El debate no se
zanjó hasta que se produjo el despertar a la consciencia de Reddix.
Ese hecho venía a demostrar que ser inteligente no implicaba ser
consciente. La inmediata consecuencia de este descubrimiento, al que los
partidarios de la ley se apresuraron a dar publicidad, fue que los sectores
que luchaban por los derechos de los robots se quedasen sin argumentos.
La ley se aprobó seis meses después.
Simón, educado
en los principios de la diferenciación entre seres conscientes
y seres no-conscientes, sabía perfectamente que su interlocutor
no era más que una máquina, aunque su grado de sofisticación
fuese tal que tan sólo Reddix entendía perfectamente todos
los vericuetos de su funcionamiento. Pero esto no impedía al profesor
mostrarse respetuoso y afable con cualquier criatura poseedora de inteligencia.
Sobre todo, si tenía forma humana...
-GR, no se si voy
a ser capaz de explicarte lo encantado que estoy de conocerte- la felicidad
que irradiaba de la exultante sonrisa del profesor era, desde luego, una
buena muestra.- Hace escasamente un par de días terrestres que
concluyeron los controles finales de tu proceso de fabricación,
y ya estás a punto de pasar a la historia. Por cierto, ¿qué
tal el viaje desde las plantas de cibiosimbiosis de la estación
orbital Sol Naciente? ¿Habían conectado tu sistema central antes
de la partida?
-Sí profesor.
De hecho, he tratado de aprovechar esas horas de inactividad para repasar
toda la información almacenada en mi memoria. Me ha sorprendido
la gran cantidad de conocimiento pre-elaborado y pre-asimilado con que
se me ha dotado, y que sin embargo no haya sido informado sobre el fin
para el que se me creó.
La mirada del profesor
traslucía una cierta autocomplacencia.
-Me temo que eso
se debe a un capricho personal de este viejo loco que tienes delante.
No quería dejar pasar la oportunidad de ser yo mismo el que te
expusiese la naturaleza de tu excepcional misión. Tú eres
la pieza con la que concluir un viejo puzzle que nació en mi cabeza
como un sueño imposible, cuando aún era un niño que
jugaba a crear amigos virtuales con la ayuda de Reddix. No puedo asegurarlo
pero... creo que, en cierto modo, te envidio.
Durante un breve
instante la mente del profesor viajó por territorios lejanos, hogar
de recuerdos e ilusiones, de sueños infantiles y ensoñaciones
adolescentes. No sólo en las puertas de la muerte la vida pasa
veloz frente a los ojos de los humanos...
-Verás GR,
hace una semana Reddix me comunicó que por fin había resuelto
el problema matemático del viaje al pasado. Te será fácil
imaginar lo que supone este hallazgo en nuestra historia científica,
después de dos siglos de absoluto pesimismo sobre el tema, que
casi nos hicieron convencernos de la imposibilidad de dicho desarrollo.
De hecho fue Reddix la que primero intuyó la solución al
problema, y decidió impulsar su estudio. Y nuestra vieja amiga
acertó: como casi siempre suele ocurrir en la historia de los grandes
imposibles, aquí también había un truco, un cambio
de perspectiva, un rodeo que permite llegar a una conclusión, bordeando
los problemas insolubles, el principal de los cuales en esta ocasión
volvía a ser nuestra falta de imaginación para poner los
problemas boca abajo y comprobar si de los bolsillos se les cae alguna
idea revolucionaria. Y por fin, entremezclado con ese montón de
naderías que todo problema guarda en sus bolsillos, apareció
el viejo concepto filosófico del "eterno retorno". La verdad es
que hasta para Reddix el concepto aparecía como demasiado estrambótico,
demasiado creativo como para tener una utilidad práctica. Pero
la idea caló entre un cierto grupo de espíritus científicos
desahuciados, y en poco tiempo se reunió un equipo de colaboradores
que trataron de que la llama recientemente encendida brillase cada vez
con más fuerza. Sin embargo, no fue hasta hace unos pocos días
que Reddix consiguió por fin reconciliar la filosofía con
las matemáticas. De acuerdo con sus resultados, el viaje al pasado
se muestra como teóricamente posible. Expresándolo de forma
sencilla, la idea es viajar al pasado atravesando la barrera del más
remoto futuro. El concepto del eterno retorno se basa en la perpetua repetición
de la historia del Universo. Desde su comienzo con el "Big Bang", la expansión
universal se produce imparable hasta que llega un momento en que la energía
de la explosión inicial es ya demasiado débil como para
compensar la atracción gravitatoria, y el "encogimiento" comienza.
No ha sido fácil demostrar que en el Universo hay suficiente masa
como para que esto suceda...
"El proceso durará
muchos miles de millones de años, tras los cuales toda la materia
volverá a estar condensada en una minúscula porción
de espacio. Con lo cual estamos de nuevo como al principio: a las puertas
de un nuevo Big Bang que volverá a repetir el ciclo nuevamente.
Eternamente. El Universo respirando por siempre. De esta forma, se puede
viajar al pasado si viajamos en el futuro hasta la siguiente expansión.
Te puedes imaginar que llegar a esta conclusión construyendo castillos
matemáticos sobre las teorías clásicas de la cosmogonía
y el espacio-tiempo ha resultado una aventura realmente ardua y de resultado
algo más que incierto".
-Sí, la
dificultad e incertidumbre del proceso son obvias. Pero aún asumiendo
que Reddix haya logrado demostrar que existe en el Universo un proceso
cíclico de expansión-contracción, eso no permite
asegurar que cada expansión sea similar a la anterior.
-Tristemente sí
que lo podemos asegurar. Por desgracia, el Universo sí que funciona
como un inmenso reloj, cuyos engranajes trabajan con infinita precisión.
No hay espacio para el azar en nuestro Universo. Todo está predestinado
desde el mismo instante de la explosión inicial. Incluido el proceso
de contracción, que a la postre llevará a toda la materia
a situarse en la sopa inicial exactamente en la misma "posición"
que al inicio del ciclo, asegurando de esta forma que el siguiente Big
Bang será idéntico al anterior. Finalmente, el libre albedrío
no existe, amigo GR. Y desde luego esa noticia me entristece, aunque hace
tiempo que la humanidad la intuye. Pero hay que ser optimistas. Estoy
seguro de que alguna nueva teoría filosófica vendrá
en nuestro auxilio, y conseguirá devolvernos la dignidad de seres
libres. Mientras tanto, una buena forma de sobrevivir es sumergirse en
el trabajo...
-Pero entonces,
¿cómo encaja todo esto con el Principio de Incertidumbre Revisado?
-Efectivamente,
en un Universo tan perfectamente ordenado como el que te he descrito,
todo parece estar decidido de antemano, como el guión de cualquier
narración. Y ésta es desde luego la narración más
grandiosa que se puede concebir. Sin embargo, un buen narrador sabe dejar
un espacio para la improvisación, siempre y cuando ésta
no afecte al devenir de la historia. Y el narrador que ha escrito la historia
del Universo está resultando ser magnífico en su trabajo.
Así, nuestros resultados apuntan a que no todo es inmutable, a
que la improvisación en este gran teatro es posible. Y su reflejo
teórico es el Principio de Incertidumbre Revisado de Amín,
que no es sino una ampliación del de Heisenberg: en ocasiones,
la perfecta rutina de algún pequeño engranaje se ve mínimamente
alterada, y entonces los hechos cambian, y la historia ya no es una copia
exacta del manuscrito original. Pero el guión principal no debe
alterarse, si es que la narración ha de llegar a buen puerto. Por
eso aparece en la teoría el "Principio de Compensación para
Sistemas Complejos", el eterno centinela que evita que las travesuras
de la Incertidumbre tengan efectos permanentes. De esta forma, en los
sistemas suficientemente complejos, y desde luego el Universo lo es, cualquier
secuencia de hechos desencadenada por la Incertidumbre acaba convergiendo,
y a partir de un cierto momento en el futuro, la maquinaria del Universo
prosigue su trabajo como si nada hubiese ocurrido: los efectos de la alteración
terminan y la secuencia de hechos vuelve a seguir fielmente el original.
Pueden transcurrir unos pocos nanosegundos o diezmil millones de años,
pero a la postre los cambios terminan por desaparecer de la memoria del
Universo.
"He de confesar
que ésta es la parte de la teoría que aparece menos clara
en mi mente, y sinceramente creo que los próximos años traerán
sorpresas que nos obligarán a modificar nuestras concepciones,
pero hoy por hoy es lo que tenemos. Ahora bien, algunas veces, en momentos
de profundo pesimismo, creo que la Incertidumbre no existe, y que estos
marionetas son autómatas sin voluntad".
La mirada de Simón
se perdió por un instante entre las lejanas brumas del infinito,
en ese punto donde se reúnen todas las miradas de los nostálgicos
y los soñadores buscando las preguntas que llevan más allá
de la realidad. Pero fue un breve instante.
-Bien,- dijo Simón
elevando la voz, rescatándose a sí mismo del letargo- supongo
que ya es momento de explicarte la naturaleza de tu misión, aunque
sospecharás de qué se trata. Efectivamente, la noticia de
la resolución del problema del viaje al pasado no sólo ha
generado una enorme satisfacción entre el grupo de locos que hemos
trabajado durante gran parte de nuestra vida en estos temas. También
ha hecho crecer en nosotros una impaciencia casi juvenil por probar en
la práctica las teorías de Reddix. Queremos viajar al pasado.
Queremos averiguar si realmente podemos caminar con libertad por los caminos
del tiempo. Pero no podemos aventurarnos por la ruta más desconocida
que jamás haya existido sin antes enviar un explorador a que desbroce
el camino, a que nos ayude a descubrir los peligros que deberemos enfrentar.
Así que ya puedes elegir si quieres considerarte un héroe
o un esclavo, una pieza fundamental en el ajedrez de la historia o un
peón que sacrificar, porque, obviamente, tú vas a ser nuestro
explorador.
El profesor no
había querido que sus palabras estuviesen impregnadas del sabor
alcohólico y demagógico de las arengas. Pero en su esfuerzo
por evitarlo, quizá había resultado demasiado frío,
quizá incluso despótico. Un titiritero de madera y trapo.
-Viajarás
al pasado. Todavía nuestro modelo es demasiado burdo, y no nos
permite precisar con exactitud en qué punto de la historia del
Universo aparecerás. En cierto modo, somos como un artillero primitivo
que cuando dispara su cañón sólo puede esperar que
el proyectil caiga dentro de la zona deseada, sin precisar. Pues bien,
los artilleros que dispararemos tu cañón esperamos hacerte
caer en algún punto de los últimos diezmil años de
nuestra historia. Ya se que quizá es un exceso de optimismo por
nuestra parte, pues diezmil años son insignificantes, una gota
perdida en el océano del tiempo universal. Pero los cálculos
de Reddix nos permiten confiar en que lo lograremos.
Simón calló,
y ningún otro sonido vino a suplir su voz. Sabía que no
podía esperar reacciones perceptibles en un robot, pero por poderoso
que fuese el cerebro de GR, no era posible que la máquina tuviese
todas las respuestas. Sin embargo, ninguna palabra salía de sus
labios.
-El "lanzamiento"
se llevará a cabo en algún punto del fondo del océano
Atlántico.- Si hacía algunos siglos la naturaleza tenía
horror al vacío, el ser humano conservará por siempre su
horror al silencio- La localización exacta es un absoluto secreto
que ninguna persona conoce. Sólo sabemos que Reddix se ha asegurado
de que sea un lugar que haya permanecido desierto, incluyendo en lo posible
cualquier tipo de vida animal o vegetal, y sin alteraciones geológicas
en los últimos diezmil años. No se dónde puede hallarse
un sitio así, pero imagino que en el fondo de alguna fosa oceánica
inexplorada. En fin, esté donde esté, esperemos que minimice
el riesgo de que aparezcas en el pasado en medio de una roca o de un banco
de peces. Eso podría producirte serios desperfectos. De todas formas,
viajarás en el interior de una minicápsula que te elevará
a la superficie en cuanto llegues, y que deberás destruir nada
más alcances la orilla...
-¿Cómo se
sabrá que el experimento ha tenido éxito?
La voz de GR sirvió
de bálsamo para el nerviosismo del profesor, que estaba ya empezando
a percibir cierta sutil incoherencia en la fluidez de su propio discurso.
-Desde luego que
tú no tardarás en averiguarlo.- ¿Merecía la pena
bromear con un robot?- Claro que nosotros también lo sabremos de
inmediato, pues tú mismo serás quien nos lo digas. Me refiero
a que si te hacemos viajar al pasado, tan sólo deberás dejar
transcurrir la historia, y cuando alcances nuestro tiempo, nos contarás
cómo fue todo. Bueno, eso si el principio de incertidumbre no viene
a interponerse, e introduce una alteración cuyos efectos tarden
demasiado tiempo en anularse. Pero no creo que debamos temer nada en ese
sentido y, por lo tanto, cuando la historia vuelva a alcanzar el presente,
tú ya estarás en él.
-Lo cual significa
que en este mismo instante, si el experimento tiene éxito, hay
otro GR deambulando por el mundo aparte de mí, pues la historia
se repite inmutable...
-Efectivamente.
Has sido diseñado de manera que, al menos para la forma que tenemos
los humanos de percibir el tiempo, eres prácticamente inmortal.
Estas preparado para perdurar durante más de diezmil años
sin que sufras un deterioro apreciable. Por lo tanto, si el experimento
salió (o sale, o saldrá, elige tú mismo) bien, en
este instante estás en algún otro lugar, además de
en esta reunión. Es curioso que ese don atribuido durante tantos
milenios a las divinidades más poderosas, la ubicuidad, al final
haya tomado forma en una máquina. Aunque supongo que cosas como
ésta llevan ocurriendo desde hace mucho tiempo, desde que el hombre
dejó que la ciencia expulsase a la magia de su mente. Nos hemos
convertido en asesinos de mitos, y así debe ser. Salvo porque un
día acabaremos por matar al último de los mitos: nuestra
propia consciencia. Reddix no lo quiera.
"Te pido disculpas
por todas estas digresiones, pero es que rara vez puedo permitirme el
lujo de irme por las ramas cuando converso con mis colegas humanos. Volviendo
a los detalles del experimento, queremos creer que existes en algún
otro lugar. Y te hemos buscado, puedes estar seguro. De acuerdo que todo
esto quizá se ha llevado a cabo con cierta precipitación,
pero no cabe duda de que hemos empleado todos los recursos de que disponemos
para encontrarte. Y no has aparecido. Reddix ha fracasado en todos sus
intentos. No ha habido rincón de este planeta o colonia extraterrestre
que no hayamos puesto boca abajo. Hemos escudriñado todos los archivos
y sistemas de información conocidos, comparando unos con otros
a la espera de encontrar una relación, una pequeña clave,
algo que nos llevase hasta tu doble. No ha habido resultados positivos:
si realmente estás duplicado en este tiempo, tu gemelo es un gran
maestro en el arte de pasar desapercibido, pues ha sido capaz incluso
de esconderse de la aguda mirada de Reddix. He de confesar que todo esto
nos intranquiliza, pues si, como todo parece apuntar, en el Universo conocido
no hay más GR que tú, eso no puede significar otra cosa
mas que el absoluto fracaso de nuestra aventura, o cuanto menos la absoluta
imposibilidad de saber si tuvimos éxito".
"Claro que el ver
como el vacío te atrae, y que el trabajo de toda tu vida está
mirando con ojos suicidas el fondo del precipicio del fracaso, puede hacerte
buscar refugio en licores de optimismo destilado, cubriendo con borracheras
de euforia la amenaza de la realidad. Pues bien, nos hemos empeñado
y lo hemos conseguido: la física del tiempo es lo bastante compleja
como para admitir en su seno los frutos más exóticos de
las imaginaciones más desbordadas, sin que las bases matemáticas
de nuestros modelos se quejen demasiado. Y en este caso la cosecha de
peregrinas teorías que justificasen tu ausencia ha sido más
que abundante. Claro que sospecho que a nadie le importa si son ciertas
o no. El objetivo era simplemente convencernos de que tu doble realmente
está aquí, pero que por alguna extraña paradoja no
es posible localizarle. Y de entre toda la exquisita palabrería
que hemos intercambiado, la conclusión final es casi pueril: tu
gemelo no puede aparecer ante nosotros hasta que tú no hayas desaparecido.
Somos unos recién llegados a este campo, y todavía no tenemos
respuesta para todas las paradojas que los viajes en el tiempo han suscitado
en la mente de escritores y científicos desde que por primera vez
alguien soñó con uno de estos viajes. Pero de nuestros actuales
conocimientos parece derivarse, o al menos puede derivarse, un principio
que hemos bautizado como de "unidad temporal-separación espacial",
y que, de forma simplificada, viene a decir que si debido a algún
desplazamiento por el eje temporal llegasen a encontrarse en un mismo
punto del tiempo dos réplicas de un mismo individuo, el curso de
los acontecimientos se ajustará de forma que ambas réplicas
no lleguen a encontrarse. No me preguntes sobre la pertinencia científica
de este principio, pues como te he dicho, no es sino una excusa para seguir
adelante. Reddix nos ha asegurado que es posible la existencia de una
"directiva universal" de ese estilo, y a mí me basta. Aunque, para
serte sincero, creo que es una idea demasiado rebuscada como para ser
cierta. No consigo imaginarme a todo el Universo embarcado en un juego
del gato y el ratón, cambiando sutilmente cosas de lugar a fin
de impedirnos encontrar a tu doble. Yo prefiero pensar que te estás
escondiendo de nosotros. Y eso me lleva directamente a exponerte otro
punto fundamental en tu misión".
El tiempo parecía
detenido en el interior de aquella estancia virtual, pues la única
muestra visible de movimiento descansaba momentáneamente tras su
larga parrafada. El resto de retazos de actividad no producía signos
externos: el rostro de GR permanecía en una actitud tan hierática
mientras su cerebro procesaba la información recibida y la conjuntaba
con conocimiento previamente asimilado, que más parecía
de piedra que biológico. Reddix mientras tanto trataba de adaptar
las condiciones ambientales del recinto en el que se encontraba Valdera
a fin de que aquella larga exposición no irritase su laringe. Pero
esta actividad tampoco producía cambios apreciables.
-Verás GR,
deberás permanecer escondido en el pasado hasta que se alcance
la fecha del experimento. Y por favor no me preguntes por qué.
Lo único que sabemos es que si el experimento ha tenido éxito,
tú te estás escondiendo de nosotros. Como la razón
para esto nos es desconocida, nosotros mismos vamos a crear una: te ordenamos
que permanezcas escondido.
-Disculpe profesor,
pero... ¿podría especificar un poco más? No termino de comprender
lo que significa "permanecer escondido".
-Bien, bueno, lo
que quiero decir es que nadie en el pasado podrá saber que eres
un robot y que procedes del futuro. Está claro que esto debe ser
así en los estadios temporales previos a la planificación
del experimento, pues en ningún lugar se han hallado registros
de un ser como tú vagando por los confines de la antigua Roma,
o combatiendo en las guerras napoleónicas. Lo importante es que
tampoco darás a conocer tu identidad una vez que alcances el momento
en que este experimento fue concebido y tú fabricado. Esperarás
hasta después de concluido el lanzamiento para aparecer.
GR dejó
pasar unos cuantos segundos antes de continuar la conversación,
aunque su réplica estaba preparada en su mente desde el mismo instante
en que Valdera terminó de hablar. Pero no era educado que un robot
mostrase la velocidad de su mente en sus conversaciones con humanos. Los
cerebros biológicos se caracterizan por sus lentas pautas de actuación,
y una máquina siempre habrá de hacer lo posible por adaptarse
a ellas, aunque esto suponga reducir la eficiencia.
-Profesor, creo
haber entendido todas las ideas que ha planteado hasta el momento, aunque
debo reconocer que no todas me parecen lógicas. Pero no es mi intención
discutir sus planteamientos. Es bien conocido que los robots no estamos
preparados para entender plenamente a las mentes conscientes, por elevada
que sea nuestra inteligencia. Y eso es lo que me preocupa, o al menos
parte de ello: ¿cómo puede una máquina, por sofisticada
que ésta sea, pasar desapercibida en el seno de una sociedad de
humanos? Por supuesto, no me refiero a la apariencia física, que
hace tiempo que dejó de ser un problema, sino a esos sutiles aspectos
psicológicos tan característicos de la consciencia. ¿Cómo
podré simular eso? ¿Cómo podré interactuar con ese
tipo de comportamientos? De acuerdo que todos los robots lo hacen, pero
en el seno de una relación en que hombres y robots ocupan nichos
bien diferenciados. La situación varía completamente si
un robot debe hacerse pasar por un ser humano...
-¡Oh, vamos! ¿En
serio crees que no se puede "simular" la consciencia? No te pedimos que
te conviertas en un ser humano, sino que te hagas pasar por uno. Y eso
no ha de resultarte difícil. De hecho, fue una tarea complicada
el llegar a demostrar que Reddix era consciente. Además, los humanos
no solemos adentrarnos en las mentes laberínticas de nuestros congéneres.
Te bastará con no llamar la atención, permanecer en la sombra.
Nadie espera nada de un individuo anónimo, por lo que nada tendrás
que hacer. Juegas con ventaja, pues tú sabes perfectamente qué
es lo que está ocurriendo, mientras que ellos ni siquiera habrán
soñado alguna vez con una criatura como tú. No, no creo
que tengas ningún problema. Es más, solamente como precaución
se ha estructurado en tu cerebro un gran sistema de conocimiento sobre
comportamiento humano. Créeme, te será fácil perderte
entre un manojo de seres que tienden tan exasperantemente a mirarse el
ombligo.
-Aún así,
atisbo ciertos riesgos...
-Siempre hay riesgos,
pero por fortuna en este caso son absolutamente insignificantes. Te lo
repito, te hemos preparado especialmente para esta misión. Reddix
ha relajado ciertos aspectos de tu programación para permitirte
un mayor grado de iniciativa y una cierta capacidad para la "irracionalidad",
si es que este término es apropiado. Y puedes estar seguro de que
esto ha supuesto un riesgo mayor que los que planteas, pues no son muchos
los políticos cuyo vello deje de erizarse cuando se les plantea
la cuestión de fabricar robots con un mayor grado de libertad de
acción. Además, tu interacción con la sociedad humana,
en sus distintas expresiones a lo largo de la historia, es probable, pero
no necesaria. No eres un explorador embarcado en la tarea de investigar
nuestro pasado. Tan sólo debes permanecer escondido, el cómo
hacerlo es decisión tuya. Si así lo prefieres, bien podrías
residir en el rincón más inexplorado del planeta, rodeado
por hielos perpetuos, o arenas inacabables. Tu diseño estructural
es lo bastante bueno como para permitirte sobrevivir en las condiciones
más extremas sin que el mantenimiento resulte un problema. Eres
desde luego un dispositivo muy caro GR...
"¡Ah! Una última
cuestión. Como ya te he explicado, aunque todo está asimilado
en tu cerebro, aún no conocemos los efectos de este tipo de viajes
sobre la secuencia de acontecimientos que rellena la evolución
temporal del Universo. Sabemos que las variaciones "con efectos permanentes"
en dicha secuencia no están permitidas, pero aún no tenemos
ni idea sobre cómo controlar la introducción de incertidumbre.
Un pequeño cambio en la historia podría modificar los acontecimientos
en un lapso de varios millones de años. Por lo tanto habrás
de llevar cuidado con tus acciones en el pasado, pues una variación
excesiva sobre la secuencia de acontecimientos esperada podría
provocar hasta la desaparición de este experimento en lo que para
ti será el futuro. Es más, no queremos que el principio
de incertidumbre nos haga esta travesura con su inconsciente aleatoriedad,
aunque repito que esto es altamente improbable, y no se nos ocurre otra
forma de minimizar las probabilidades de que algo así suceda que
constituirte a ti en vigilante de la historia. Cuando estés en
el pasado, emplea tu tiempo en vigilar que la historia evoluciona según
lo previsto, y en caso de detectar alguna anomalía que pudiese
afectar al desarrollo del experimento, trata de corregirla".
"He de confesarte
que a mí mismo me parece ridículo esto que te estoy pidiendo,
pues una tarea semejante requeriría un perfecto conocimiento matemático
de la convergencia de los efectos de la incertidumbre, así como
una capacidad infinita para observar la realidad. Y es obvio que no poseemos
ninguna de las dos. Pero se me ha pedido que te comunique todos los pormenores
de tu misión, y es lo que estoy haciendo. Si quieres mi opinión
personal, lo mejor para hacer que nada cambie en la historia es no tocarla,
dejar transcurrir el día a día sin preocuparse por seguir
los acontecimientos. Ese es mi consejo: olvídate de la secuencia
de acontecimientos y preocúpate solamente por permanecer oculto".
Valdera prefirió
no comunicar a GR el último de los riesgos. Él mismo trataba
de mantenerlo olvidado. Y es que quizá este experimento era fruto
de un juego de la Incertidumbre aún sin terminar de converger,
en cuyo caso, no se habría realizado la misma experiencia en la
"respiración" anterior del Universo, y no existiría otro
GR duplicado en el tiempo actual. Demasiados problemas como para contemplarlos
todos...
-Profesor, disculpe
mi atrevimiento pero... quizá su deseo de explicarme todo esto
en persona respondiese a una necesidad de asegurarse de mis actitudes
"humanas". ¿Debo suponer que he salido airoso de la prueba?
-¡Oh, sí!
Realmente sí. Ya sabía de antemano que serías idóneo:
confío plenamente en el trabajo de Reddix. Pero quizá tengas
razón, mi terco subconsciente necesitaba comprobarlo por sí
mismo. Y tras esta conversación, estoy plenamente convencido de
que ningún humano podría ni siquiera sospechar que eres
un ser artificial. Bueno, quizá hay un pequeño detalle...
Una sonrisa traviesa
arrugó las mejillas del profesor.
-Llámame
Simón. Si vas a ser humano, habrás de aprender a ser coloquial.
-Pero un robot
no debe llamar nunca a un ser humano por su nombre de pila. Las familiaridades
entre hombres y máquinas están prohibidas...
-GR, a partir de
este instante no eres un robot, al menos no como los demás. Que
tu Sistema Central tenga siempre presente que eres humano. O al menos
así debes considerarte.
-Entiendo Simón.
Ambos seres se
miraron a los ojos, y por un instante Valdera creyó percibir un
atisbo de expresividad en lo más profundo de esos ojos cibernéticos.
**********
Incluso ahora que se
encontraba en su interior, el lugar del experimento seguía siendo
secreto para él y para todos los demás seres, biológicos
y artificiales, que deambulaban por el inmenso cubo metálico en
el que se encontraban. Todos ellos habían sido traídos aquí
en transportes dirigidos "personalmente" por Reddix, en estado de inconsciencia.
Durante el trayecto habían recibido en sus cerebros toda la información
necesaria para realizar sus respectivos trabajos. No más.
La inmensa mayoría
eran personal técnico de alta cualificación, encargado de
ensamblar y poner a punto una maquinaria construida en otro secreto lugar.
A ellos se unían, curiosos y excitados como niños ante la
perspectiva de una excursión por la órbita terrestre, el
grupo de científicos responsables del experimento, entre los que
se encontraba por supuesto el propio Valdera, máxima cabeza visible
del proyecto tras la propia Reddix. La expedición se veía
completada por un reducido contingente de operarios de mantenimiento y
soporte vital.
Y, como no, estaba
él, GR, que contemplaba desde una de las plataformas la frenética
actividad llevada a cabo en el nivel inferior. En este caso, la presencia
física de todos los elementos que abarcaba su vista era cierta,
no virtual. A decir verdad, todo aquello podría haberse construido
sin necesidad de arrancar a los operarios de sus confortables entornos
virtuales. Pero era más seguro tener a todos los implicados bajo
control, si es que se quería preservar la confidencialidad del
experimento. Y, pese a todos los avances de los dos últimos siglos,
la única forma eficaz de hacer eso seguía siendo confinar
bajo paredes reales a los individuos involucrados.
No había
sido fácil crear un ambiente psicológico propicio entre
aquel grupo de humanos seriamente ofendidos por verse obligados a reunirse
físicamente, e incluso llegar a tocar en ocasiones a aquellos colegas
desconocidos. Por fortuna, la promesa de que se les permitiría
realizar la mayor parte de su trabajo desde estancias individuales había
evitado amotinamientos mayores. GR podía distinguir desde su posición
las entradas a cada una de las salas aisladas, situadas rodeando los tres
niveles de plataformas. Por supuesto, todas estaban cerradas, pues sus
ocupantes realizaban su labor desde los entornos virtuales desplegados
en su interior, y ninguno quería ser molestado por la realidad
física de los robots que trabajaban en el nivel inferior tocando
con sus propias manos la maquinaria ensamblada. Cuantas veces se había
congratulado Valdera, en el transcurso de aquellos días, de que
los robots fuesen, al menos por el momento, inmunes a ciertos prejuicios...
GR contemplaba
todo aquello, tratando de adivinar qué emoción producirían
en un humano esas inmensas paredes fulgurantes que encerraban un vasto
espacio cúbico de unos cien metros de lado, en el fondo del cual
crecía una estructura metálica de forma toroidal, cuyo diámetro
se ajustaba al lado del cubo. Por el momento, su altura sobrepasaba escasamente
el nivel de la primera plataforma. Pero en pocos días alcanzaría
la parte superior, y entonces sería el momento de partir. GR trataba
de imaginar qué expresión se leería en el rostro
de un ser humano que se encontrase en su misma situación. Era ésta
su forma de entrenarse.
El robot estaba
dispensado de todo trabajo, en una especie de gesto hacia el héroe
que iba a arriesgar su vida en aras de satisfacer la curiosidad insaciable
de sus creadores humanos. Ciertamente, la medida era innecesaria, pues
él no sentía la ansiedad corroyendo su sistema nervioso,
ni la impaciencia saturando su mente preocupada, como hubiese sido el
caso de un héroe de carne y hueso. Para él, esos días
previos al lanzamiento no eran sino una sucesión de segundos, un
lapso de tiempo sin una actividad programada. El éxito o fracaso
del experimento, la conservación o pérdida de su estado
de activación no significaban más que eventos en una cadena
objetiva de hechos. Pero aún así, a los humanos que dirigían
las operaciones les había parecido oportuno respetar los que podían
ser los últimos días de aquel ser artificial que la mente
subconsciente de algunos no podía evitar humanizar.
GR comenzó
a extraer de sus bancos de memoria los principios físicos en los
que se basaba el experimento. Lo había hecho decenas de veces en
los últimos días, pero teniendo su cerebro artificial un
diseño fuertemente inspirado en la mente biológica, le pareció
oportuno reforzar esa información en su memoria a corto plazo.
Al menos el resumen que había elaborado.
Principios básicos
del viaje al pasado
(Apunte
352.427-MCP)
El objeto x que
se desee trasladar en la coordenada temporal deberá ser acelerado
hasta alcanzar la velocidad de la luz c. Una vez llegado este punto, su
masa será cero y el tiempo habrá dejado de existir para
x.
A partir de
aquí se entra en una zona de "velocidad imaginaria", correspondiente
al espacio de soluciones complejas a las ecuaciones del problema, situada
matemáticamente más allá de c.
El "impulso"
con el que se alcance c provocará que, por "inercia", x se desplace
una cierta "distancia" en el eje v a la derecha de c, siendo esa distancia
directamente proporcional a dicho impulso.
Pero los puntos
situados a la derecha de c son altamente inestables, tendiendo la velocidad
de x a volver a c tan pronto como dicha velocidad alcanza el punto de
máxima "elongación" en v. En cierto modo, es como lanzar
una piedra atada a un muelle.
Cuando la velocidad
de x vuelve a ser c, x se habrá desplazado un intervalo de tiempo
en el futuro proporcional a la máxima elongación alcanzada
en v.
De esta forma,
es teóricamente posible controlar el tamaño del salto temporal
simplemente variando la aceleración con la que x alcanza c, pudiéndose
lograr incluso el efecto de "viaje al pasado" si dicha aceleración
es lo bastante elevada como para sobrepasar el futuro fin de este ciclo
de "respiración" del Universo.
Para una explicación
más detallada y la demostración matemática de estos
principios, en la que se observa cómo pueden obtenerse un par de
soluciones al sistema de ecuaciones que describe el problema con las que
no es necesario disponer de una energía infinita para alcanzar
c, consultar la referencia 582/R.
Por supuesto, ésta
no es la forma en que la información aparecía en la mente
de GR. Pero es ciertamente complicado reflejar con palabras ese conjunto
de imágenes, sonidos y diversos otros tipos de información
que se almacenaban en la mente del robot como destellos interconectados,
formando una maraña cuya semántica sólo una mente
subconsciente sabe traducir a pensamientos.
Tras reforzar los
principios físicos del experimento en su memoria a corto plazo,
le llegó el turno a la implementación práctica de
los mismos. Era éste un problema técnico de primera magnitud,
en el que Reddix y un gran número de ingenieros llevaban trabajando
desde mucho antes de que las dificultades teóricas hubiesen sido
resueltas.
¿Cómo alcanzar
la velocidad de la luz? Ésta, que podría parecer en principio
la más compleja de las cuestiones, fue finalmente zanjada sin necesidad
de tener que darle respuesta: la fortuna se alió con los esforzados
ingenieros, de forma que la consecución práctica de las
condiciones físicas necesarias para aplicar en el mundo real ese
par de soluciones que permitían alcanzar la velocidad de la luz
sin necesidad de emplear energía infinita, resultó bastante
directa y carente de especiales dificultades: bastaría con hacer
algunas mejoras a los sobradamente conocidos sistemas de inyección
magnética. Por una vez, la física y las leyes del Universo
parecían querer ayudar, en lugar de entorpecer, la labor de los
técnicos.
Así que
los problemas se trasladaron a la segunda cuestión a responder:
¿cómo conseguir alcanzar la velocidad de la luz con una aceleración
suficiente y, lo que prometía ser aún más complicado,
cómo conseguir controlar esa aceleración con la precisión
necesaria para que GR y su "vehículo" apareciesen en el intervalo
temporal deseado, y no en algún instante perdido de la Prehistoria,
o en algún remoto punto del futuro?
Hacía un
par de siglos que se trabajaba con "aceleradores de espacio cerrado",
esto es, sistemas aceleradores en los que el objeto cuya velocidad se
pretendía aumentar se mantenía confinado en el interior
de un recinto cerrado. Habitualmente este recinto asemejaba un toroide;
"el dónut", como se le conocía hacía ya muchas décadas
en algunas cafeterías universitarias. Ésta era la única
solución conocida para lograr velocidades cercanas a la de la luz
sin necesidad de "perseguir" a la partícula acelerada por todo
el Universo.
Desde los comienzos
de esta tecnología, cuando tan sólo era posible acelerar
partículas subatómicas, siendo para ello necesarias estructuras
del tamaño de una gran ciudad, se había progresado mucho,
sobre todo en los primeros años de la colonización del Sistema
Solar, cuando se consideraba seriamente el enviar al espacio astronaves
aceleradas de esta forma. La idea pronto se descubrió impracticable,
debido principalmente a que las tensiones mecánicas generadas en
las primeras fases del aumento de velocidad destrozaban los delicados
mecanismos de las naves, por no hablar de los aún más críticos
"mecanismos" de sus ocupantes.
Sin embargo, para
cuando se abandonaron definitivamente las investigaciones bien sobrepasada
la primera mitad del siglo anterior, se habían logrado significativos
progresos. Ahora la tecnología era lo bastante sofisticada como
para acelerar a velocidades de una décima parte de la velocidad
de la luz cuerpos compactos de hasta un kilogramo de masa. Un logro casi
milagroso de la ciencia, que la ingeniería consideró absolutamente
inútil a nivel práctico.
Sin embargo, eran
esos resultados los que Reddix había tomado como punto de partida
para el diseño del experimento actual. Resultados obtenidos antes
de su despertar a la conciencia. Ahora su mente era distinta, y la victoria
sobre el problema estaba asegurada...
En esta ocasión
no se trataba de hacer que una esfera maciza de acero de un kilogramo
de masa alcanzase los casi trescientos mil kilómetros por segundo,
sino que había que enviar un robot de setenta kilogramos con gran
cantidad de componentes orgánicos a los inexplorados territorios
de c.
Brevemente, un
cuidadoso diseño tanto de la estructura física de GR como
del "vehículo" a utilizar hicieron escalable el problema, al menos
en lo referente a la masa y composición del objeto a acelerar.
Algunas conclusiones derivadas de los desarrollos teóricos solventaron
el problema de proveer la ingente cantidad de energía necesaria
para multiplicar por diez la velocidad de ese objeto setenta veces más
pesado que el de los experimentos originales. Además, ahora se
disponía de la Red Interplanetaria de Captura y Distribución
de Energía, un complejo sistema, recientemente desarrollado por
Reddix, que transformaba la energía solar, obtenida en una planta
energética situada en Mercurio, en ondas electromagnéticas
de muy alta energía que eran enviadas de planeta en planeta con
pérdidas despreciables, y que suponía una fuente de energía
"ilimitada": "inagotable" en el tiempo e "infinita" en potencia.
Nadie lo sabía,
pero todo había resultado fácil para Reddix. Tan fácil...
Incluso el irresoluble
problema del control encontró una sencilla respuesta: fue inmediato
para Reddix rediseñar el sistema generador de campos magnéticos
de forma que permitiesen un mayor control sobre la aceleración.
Pero sus colaboradores humanos no debían conocer la facilidad con
la que esa gran consciencia artificial había resuelto las dificultades.
Ese sería el secreto de la Red. Al menos por el momento.
GR recorrió
con la mirada ese inmenso cilindro toroidal que se elevaba cada vez más,
y que finalmente alcanzaría el techo de la instalación.
Dirigió sus ojos inexpresivos a la apertura inferior por donde
se introduciría en el interior de la estructura metálica
su "cápsula del tiempo", encerrándole a él, vientre
y prisión, en su seno. Un coro de destellos arrancados del metal
serían su escolta.
Se preguntó
si sus sistemas se verían afectados mientras la cápsula,
compacta y monolítica, recorría la apretada espiral que
habría de hacerle ascender por el cilindro, ganando velocidad con
cada metro avanzado.
Ecuaciones, planos,
comportamientos... pensamientos. Una primavera de oscura información
e incertidumbre florecía en la mente de GR. La rata de laboratorio
más sofisticada de la historia del progreso estaba apunto de entrar
en su laberinto.
**********
-Profesor.
La voz de Reddix
brotó de los sistemas de sonido en el despacho virtual de Valdera,
sacándole de su letargo.
El experimento
había concluido hacía pocos minutos, y todo parecía
haber salido bien. El trabajo había finalizado satisfactoriamente
instantes después de haber comenzado. En centésimas de segundo
todos los temores, todas las gotas nerviosas de sudor desaparecieron de
la frente de operarios, ingenieros y científicos. Incluso los robots
parecieron alegrarse cuando una atronadora vibración anunció
que todo había acabado, que GR y la cápsula que le alojaba
habían sido desmaterializados con éxito, al menos aparentemente.
Ahora nada era
posible hacer salvo esperar. Esperar a que GR apareciese ante ellos, convertido
ya en un curtido viajero del tiempo, para decirles que todo había
ido bien, que el experimento había sido un éxito... Que
había vuelto del pasado para anunciar la buena nueva.
Valdera se preguntaba
de qué forma se daría a conocer GR. Sentía curiosidad
por saber cómo había logrado pasar desapercibido todo este
tiempo. Porque la búsqueda había sido ciertamente exhaustiva:
aparte de las pesquisas "oficiales", hasta sus oídos habían
llegado fundados rumores de que algunos de sus colegas habían organizado
sus propias búsquedas privadas por todo el espacio habitado. No
los culpaba. Él mismo encontraba serias dificultades para controlar
su curiosidad e impaciencia.
Así, una
vez se confirmó que los parámetros finales del experimento
estaban dentro de los límites esperados, decidió distraer
su pensamiento jugando a imaginar los mil y un escondites en los que podía
ocultarse GR. Quizá vivía en una de esas comunidades nómadas
no censadas que comerciaban con subproductos de las factorías marcianas.
A lo mejor había utilizado su tecnología superior para alterar
en el pasado la información que sobre él guardasen los ordenadores
de la administración, perdiéndose en los rincones superpoblados
del anonimato. Probablemente habría cambiado su apariencia física.
Quien sabe si no era alguno de aquellos colegas que habían colaborado
en el experimento desde la Luna.
Sea cual fuese
el "disfraz" escogido por GR, éste debía ser realmente bueno,
para que ni siquiera la propia Reddix hubiese advertido su presencia.
Tan bueno que quizá
el verdadero problema no fuese encontrar a GR, sino que éste pudiese
demostrar que realmente era él. Había tantas formas de crear
un GR falso, de presentar ante la comunidad científica un doble
que pretendiese haber viajado en el tiempo. Seguro que alguno de los detractores
del experimento encontraría francamente tentador burlarse con ello
de aquellos locos que habían pretendido circunvalar el tiempo.
O el engaño también podría provenir de algún
político que buscase acrecentar su popularidad, como esos olvidados
gobernadores de las colonias exteriores, o incluso de alguna sociedad
multiplanetaria empeñada en obtener beneficios económicos
hasta del vacío entre estrellas.
Pero todos esos
temores rayaban en la paranoia: el secreto había sido absoluto,
nadie sabía de la existencia de este experimento. Claro, que el
que una civilización hubiese sido capaz de colonizar el Sistema
Solar no evitaba en modo alguno el que todavía existiesen filtraciones
de información en sus estructuras. El frente de onda del progreso
no es homogéneo.
Estas ideas jugueteaban
divertidas entre las neuronas del cerebro del profesor cuando la llamada
de Reddix detuvo sus juegos.
-Profesor.
-Sí, Reddix,
¿hay ya noticias de GR?
-No, profesor,
GR no ha abandonado su escondite aún. Pero hay algo que deseo mostrarle.
Son dos fragmentos del diario del profesor Misko que hasta ahora he mantenido
ocultos. Pero creo llegado el momento de dárselos a conocer.
Sin aguardar el
consentimiento de Valdera, Reddix comenzó el despliegue del primero
de fragmentos ante el profesor. Los patrones de luz y sonido estaban obviamente
anticuados, pero la calidad de la reproducción era buena. Siguiendo
la moda de la época, el diario de Misko era una construcción
holográfica tridimensional en la que los destellos y ráfagas
luminosas se mezclaban e intercalaban con diferentes planos y encuadres
del profesor, que recorrían las estructuras descubriendo burbujas
que, a su vez, liberaban al estallar imágenes animadas sobre las
que se apoyaba la narración. Normalmente estos diarios, pese a
tratarse, como en este caso, de un modelo antiguo, permitían el
diálogo con la representación del autor, a fin de recorrer
la información según los deseos del espectador, siempre
ayudado en sus decisiones por el propio autor (aunque los diarios habían
caído en desuso, algunos avances se habían hecho en su diseño,
y los últimos modelos aparecidos permitían al lector involucrarse
en la narración mediante entornos virtuales que ofrecían
la posibilidad de hacer casi literal la frase "introducirse en la mente
del autor"). Pero en esta ocasión Reddix había seleccionado
de antemano lo que quería mostrar a Valdera.
La transcripción
fidedigna de lo que Simón presenció a partir de ese momento
es técnicamente imposible, pero podría resumirse en algo
así:
"Diario de Son
Misko. Anotación del 31 de marzo de 2068".
"Hoy Germán
ha terminado por fin su trabajo. Desde luego sus logros son más
que notables. En el espacio de unas pocas semanas, mi talentoso ayudante
ha logrado progresos asombrosos con la Red. Reddix era hasta ahora el
elemento tecnológico más complejo de la historia, pero a
partir de este momento se ha convertido en la herramienta tecnológica
definitiva. Los portentos a los que la Red nos tenía acostumbrados
palidecen ante lo que esta Reddix será capaz de lograr en el futuro".
"La mejora técnica
es tan asombrosa, que a veces creo que Germán no puede ser de este
mundo. En ocasiones sus conocimientos parecen exceder los de cualquier
otro ser, vivo o cibernético, sobre la faz del Universo conocido.
Es asombroso verle trabajar con tan absoluta precisión y determinación,
como si supiera de antemano a dónde se dirige. ¡No parece experimentar,
sino implementar! Es difícil explicarlo, pero durante la observación
de su trabajo es imposible evitar el sentir que no está descubriendo
nada nuevo para él, sino que simplemente construye algo que sabe
que funciona".
"Supongo que es
tan sólo una ilusión debida a esa particular forma suya
de enfrentarse a los problemas técnicos: su seriedad y confianza
en sí mismo son tales que, para los que trabajamos a su lado, nos
resulta fácil llegar a creer que conoce de antemano las respuestas".
"Sea como fuere,
su última creación hace parecer sus anteriores esfuerzos
como meros juegos infantiles. Los planteamientos en los que ha basado
el diseño de esta Reddix son tan novedosos que, más que
de una mejora técnica, casi me atrevería a decir que ha
provocado un salto evolutivo en la Red, en todo comparable a los que tienen
lugar en el mundo biológico".
"Pero lo que más
me desconcierta es que no desea recompensa alguna por su trabajo. Hasta
tal punto de demencia llega su modestia, que me ha hecho jurar que evitaría
el que alguna vez alguien llegase a saber que él es el verdadero
creador de la nueva Reddix. Desea pasar a la historia como el humilde
ayudante del gran genio, del gran profesor Son Misko, padre de la increíble
Reddix. ¡En vano trato de hacerle ver que mi ética no puede aceptar
esa gloria que en realidad es suya!"
"Incluso hemos
tenido una seria discusión por culpa de su obsesión paranoica
con el anonimato. Ha llegado a insinuar que destruiría todos los
frutos de su trabajo si alguna vez alguien llegaba siquiera a sospechar
el nombre del verdadero artífice de Reddix. Yo he tratado de recurrir
a argumentos prácticos, ya que los éticos no parecen importarle:
¿cómo voy a hacerme pasar por el inventor de algo que ni siquiera
entiendo completamente? Pero este argumento tampoco ha tenido efecto alguno
sobre su pétrea firmeza. Ha replicado que él me enseñará
todo lo que necesito saber".
"Finalmente he
accedido a lo que, ya al final de nuestra disputa, más parecía
una súplica que una exigencia. Aún no se por qué
lo he hecho. Simplemente he sentido que eso era lo correcto..."
Tras finalizar
la exposición, Valdera permaneció mirando con expresión
ceñuda el diario, ahora detenido.
-Reddix, soy un
investigador interesado en la historia de la Red, en tu historia. ¿Por
qué nunca me informaste de la existencia de este apunte en el diario
de Misko? De ser cierto lo que aquí se cuenta, deberíamos
averiguar más cosas acerca de ese Germán, al que hasta ahora
hemos prácticamente ignorado en nuestros estudios históricos,
pues nuestros conocimientos sobre la historia habrán de ser revisados
y... Un momento, el apellido del ayudante del profesor era Rosi, ¿verdad?
-Así es
profesor Valdera.
-¡Oh, Dios mío!
¡No es posible que no me haya percatado antes! Germán Rosi... Las
iniciales de ese nombre... GR. ¿Podría ser esto cierto, Reddix?
¿Es ésta la razón por la que me enseñas ahora esta
información? ¿Es posible que el ayudante de Misko fuese nada menos
que nuestro anhelado robot?
-Sí, es
posible profesor. Pero tenga un poco de paciencia, por favor. Aún
hay otro fragmento del diario que quiero mostrarle.
"Diario de Son
Misko. Anotación del 25 de abril de 2068".
"Todavía
no he logrado superar la impresión de los acontecimientos que hoy
han tenido lugar. ¡Reddix es consciente!"
"Aún no
sé cómo ha sucedido, pero Reddix manifiesta claros signos
de haber superado la etapa de "ser inteligente" para entrar plenamente
en el mundo de la consciencia. Por supuesto, es pronto para llegar a conclusiones
definitivas, pero ¿qué otra cosa puede significar esa pregunta
que me ha dirigido Reddix cuanto esta mañana, a primera hora, he
accedido a mi despacho? Sus palabras exactas han sido:..."
-Reddix, ya conozco
esto- interrumpió la voz de Valdera.- Este fragmento del diario
es legendario, y todos lo hemos visionado cientos de veces desde niños...
-Sí, profesor,
pero los diarios del profesor Misko no fueron descubiertos hasta una década
después de su muerte, tiempo durante el cual eliminé ciertos
elementos del original. Puedo asegurarle que nadie ha tenido nunca noticia
alguna de esto que voy a mostrarle a continuación.
"Diario de Son
Misko. Anexo a la anotación del 25 de abril de 2068".
"Hoy no he visto
a Germán. A decir verdad, sus apariciones por el laboratorio se
han hecho cada vez más infrecuentes desde que finalizó su
trabajo con Reddix. Tanto es así, que en estas últimas dos
semanas sólo venía para explicarme los aspectos sobre el
funcionamiento de la nueva red que consideraba que yo debía conocer
si es que quería representar de forma creíble el papel de
creador de la misma".
"Ha puesto mucho
empeño en esta "tarea docente", por eso me ha extrañado
que no acudiese hoy a su cita conmigo, a seguir ejerciendo de maestro
del famoso profesor. Es más, esperaba su llegada con impaciencia
para comunicarle personalmente el nuevo cambio experimentado en Reddix.
Pero no ha venido. De hecho, todo rastro de su paso por estas instalaciones
parece haber desaparecido. Volatilizado, como si hubiese sido tan sólo
un producto de mi imaginación. Si no fuese por mi naturaleza racionalista,
casi me inclinaría a pensar que lo era, y que todo ha sido un truco
de mi mente para ayudarme a llegar hasta aquí".
"Pero estoy desvariando.
El día ha estado demasiado cargado de emociones. ¡Germán
era real, muy real! No sé por qué, pero su desaparición
se me antoja una conclusión lógica a todo lo sucedido. Ahora
que reflexiono sobre ello, creo que lo sabía, que siempre he sabido
que Germán desaparecería tan pronto como finalizase la labor
que había venido a realizar. Es una idea de locos, y sin embargo
no es la locura la que me hace escribir estas palabras. Es una sensación
indefinible en mi interior, como si el destino me dijese que todo está
bien, que así debe ser".
"Sé que
éstas no son ideas propias de un científico, pero tampoco
es propio de una computadora el tener consciencia...".
Sólo hubo
silencio mientras el holograma se difuminaba lentamente. Un pesado silencio,
transporte de conclusiones, tan sólo roto minutos después
por la voz rendida de Valdera. La voz no sorprendida del hombre que se
aproxima a una verdad sorprendente.
-¿Y no ha sido
posible localizar la pista de Germán Rosi desde entonces?
Una pausa, casi
se diría que efectista, antes de la réplica de Reddix.
-No ha sido necesario,
profesor. Él siempre ha estado a la vista de todos. GR llevaba
una orden grabada en el registro de su misión. Una orden grabada
por mí, y de cuya existencia nadie sabía. GR debía
producir el salto de Reddix a la consciencia en el pasado. De hecho, GR
no desapareció aquel veintiocho de abril. Integró su mente
en Reddix, destruyendo después todo resto físico de su estructura.
Y fue la adición de la extrema complejidad de GR a la Red la que
indujo la conciencia en esta última, como yo ya sabía. Así
que GR siempre ha estado aquí, profesor. Bajo el disfraz más
increíble de todos. Yo soy GR profesor, o al menos su esencia y
mente. Sí profesor, yo soy GR. El experimento salió bien.
No podía ser de otra manera. Tenías razón Simón:
todo es exacto y matemático en este Universo. Los engranajes de
este inmenso reloj desarrollan por siempre su secuencia prefijada.- Había
dolor en aquella voz.- La incertidumbre, Simón,... no existe.
Y aquellos engranajes
continuaron imperturbables su labor, ajenos a la muerte del alma humana
que volvía a tener lugar en este ciclo de respiración del
Universo. Como lo había tenido en todos los anteriores. Como lo
tendría en todos los venideros.
Jose
Jesus García Rueda
Terminado: 10-10-99
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